lunes, 18 de julio de 2016

El auto-e`pequeñecimiento de la Gran Bretaña

EL AUTO-EMPEQUEÑECIMIENTO DE LA GRAN BRETAÑA Gran Bretaña empieza a reponerse del “shock” y del desconcierto que ha provocado la decisión del pueblo británico de abandonar la UE. Dando una muestra más de irresponsabilidad, David Cameron decidió tras su fiasco quedarse como los malos estudiantes para Septiembre, dimitiendo en diferido y concediéndose unas inmerecidas vacaciones aún asentado en la poltrona del poder y dedicado al “dolce fare niente”. El Partido Conservador se le ha subido a las barbas y le ha forzado a una retirada inmediata. Con el nombramiento de Theresa May como Primera Ministra se ha normalizado la situación política interna del país y del Partido –mientras continúa la crisis en el Laborista- y el Gobierno dirige sus primeros pasos no necesariamente en la correcta y deseable dirección. Pese a su escaso entusiasmo por la UE, por la entonces Ministra del Interior -a diferencia de muchos de sus colegas- se pronunció por la permanencia por lealtad a Cameron y a la política de su Gobierno –lo que le honra-, pero con la boca pequeña y con bajo perfil. Ahora ha dejado asomar la patita euroescéptica y afirmado categóricamente que “Brexit es Brexit”, que no cabe vuelta atrás y que va a poner todo su empeño para que sea un éxito. El pueblo británico votó salir de la UE -51.9% frente a 49.1%-. y “eso es una obligación para el Parlamento y el Gobierno” y “no se admitirá ningún intento de quedar en la Unión por la puerta de atrás”. Hay que respetar esa voluntad libremente expresada, por lo que no intentará continuar en la Unión, ni convocará un segundo referéndum o elecciones anticipadas. ¿Desea realmente el pueblo británico la retirada del Reino Unido de la UE? Cabe preguntarse si el pueblo británico desea realmente la salida de la UE. Tal no es el caso de Escocia -38%- ni de Irlanda del Norte -44.2%- , pero ni siquiera de Inglaterra ni de Gales, pese a haberse pronunciado en su favor por un 53.4% y 52.2% respectivamente. Se ha producido una concatenación de concausas equivalentes que han condicionado la decisión: escasa información, mentiras conscientes y promesas irrealizables de los pro-Brexit –reconocidas con desfachatez el día después-, sensacionalismo y parcialidad de la mayoría de los medios de comunicación, hartazgo y protesta contra el Gobierno de Cameron –que carecía de credibilidad al defender en poco espacio de tiempo la conveniencia de la salida y de la permanencia-, la crisis socio-económica, la impopularidad de la UE identificada con la burocracia de Bruselas, escasa participación de los jóvenes -37%, pese a que un 75% de los que votaron se inclinaron por la continuidad-, activismo del sector euroescéptico del Partido Conservador frente a la desmovilización de su sector pro-Europeo –incluido Cameron- y del Partido Laborista y de su líder Jeremy Corbyn, inconsciencia sobre las consecuencias del Brexit, creencia de que no prosperaría la tesis abandonista…Buena parte del pueblo se ha visto sorprendido y muchos de que los votaron a favor de la salida o se abstuvieron piden ahora que se les dé una segunda oportunidad para reconsiderar su voto, como ya se hizo en Irlanda y en Dinamarca. Es significativo que más de cuatro millones de ciudadanos hayan presentado una solicitud al respecto, que se hayan producidos espontáneas y masivas manifestaciones de protesta en la principales ciudades británicas y que haya aparecido de la nada un semanario titulado “El nuevo Europeo”. Sería un acto de sensatez y espíritu democrático permitir que el pueblo pudiera expresarse de nuevo con pleno conocimiento de causa, pues en el anterior referéndum no era, en su inmensa mayoría, consciente de las consecuencias de su decisión Confiando injustificadamente en que lo ganaría, Cameron no se preocupó de regular debidamente su celebración, ni de requerir una mayoría cualificada como en los casos de Québec o Montenegro. Si May se obstinara en no repetir la consulta, lo menos que podría hacer es celebrar unas elecciones anticipadas para aclarar la situación, ya que carece de la legitimación democrática de las urnas. Equivaldría a un segundo referéndum del que podría salir un Parlamento –y eventualmente un Gobierno- comprometido con mantener la integridad de la UE. No creo que May lo haga por temor a perderlas, pese a que las circunstancias de la actual crisis de liderazgo del laborismo la favorezcan. ¿Se puede aplazar “sine die” la salida de la UE? Son muchos los que -como el ex-Ministro laborista para Europa, Denis MacShane- creen que “la batalla del Brexit no ha concluido” y que la decisión de abandonar la UE podría ser reversible. Según Andrés Ortega, el “arrepentexit” podría provocar que no llegara a producirse, dado el carácter meramente consultivo del referéndum y las omnímodas competencias del Parlamento de Westminster. El hispano-británico Felipe Fernández-Armesto ha escrito en “El Mundo” un artículo titulado “Reino Unido no saldrá de la UE”, en el que afirma que existen razones políticas, constitucionales y económicas para pensar que, a pesar de todo lo dicho y hecho, el Brexit no se realizará. En la actualidad no existe una mayoría en el Reino Unido que quiera salir de la UE –sólo votó a favor poco más de une tercio del electorado- y “estamos presenciando un espectáculo de repugnancia pública y bastante generalizada contra la idea”. Será imposible implementar un Brexit satisfactorio para constituyentes enormemente potentes como los escoceses, los norirlandeses, los londinenses y los jóvenes, y un partido que quiera mantenerse en el poder tendrá que cortejar a estos sectores. Si enajena a los jóvenes, las expectativas de los Conservadores en elecciones futuras se verán comprometidas. Según la normativa británica, el referéndum es una consulta sin autoridad plebiscitaria y aquélla ofrece un laberinto de callejones sin salida y dispone de una maquinaria complejísima de tácticas dilatorias, y la forma más fatal de denegar es demorar. Los problemas económicos son insuperables. Las posibilidades de lograr un acuerdo que no garantice la permanencia del mercado de trabajo son escasas, pues el libre acceso al comercio entre Gran Bretaña y el resto de la UE está condicionado a la libertad de movimiento de nacionales de los Estados miembros. Existen otros problemas constitucionales como el de si bastaría la voluntad del Parlamento británico para autorizar la salida o habría que contar también con el voto favorable de los Parlamentos de Escocia, Gales e Irlanda del Norte. En caso de negativa de éstos, se produciría un conflicto constitucional de competencias que tendría que ser dilucidado por las instancias judiciales. La marcha triunfal hacia el Brexit se presenta, por tanto, problemática. Como ha observado Ignacio Molina, Escocia e Irlanda del Norte pueden plantearse hasta qué punto les conviene seguir unidos a una Gran Bretaña introvertida y separada de la UE. May es consciente del peligro y ha realizado su primer viaje oficial a Edimburgo, donde se ha entrevista con la Primera Ministra escocesa ,Nicola Sturgeon, a la que ha tratado de tranquilizar diciéndole que no invocará el artículo 50 del Tratado de Lisboa de 2007 -que inicia el proceso de separación- mientras no se haya acordado un amplio “approach” a nivel del Reino Unido y los objetivos para la negociación. Sturgeon le ha advertido que, caso de producirse la salida, Escocia plantearía la celebración de un segundo referéndum sobre su independencia. Nombramiento de Johnson como Ministro de Asuntos Exteriores: “Sorry, World!” La Primera Ministra ha tirado con decisión por la calle de en medio. Para pacificar su Partido y en detrimento de los intereses generales del país, ha formado un Gobierno compuesto mayoritariamente de partidarios del Brexit, en el que desatacan los nombramientos de Boris Johnson como Ministro de Asuntos Exteriores y de dos notorios escoltas eurófobos: David Davis como Secretario de Estado Encargado de la Salida de Europa y Liam Fox como Ministro de Comercio Exterior. Como ha editorializado “The Guardian”, semejante decisión puede que haya tranquilizado domésticamente al país, pero ha enervado al resto del mundo. Jonhson tiene un marcado perfil internacional, que no es precisamente bueno. Según Sonia Purnell, nunca habíamos necesitado tanto de la diplomacia y, en su lugar, tenemos como imagen pública del Reino Unido a una persona que ha insultado a los líderes mundiales e incluso a los continentes y a los pueblos. Con su habitual desparpajo, rayano con la grosería, el ex-Alcalde de Londres ha llamado a Barack Obama “medio kenyano”, hipócrita y “ancestral menospreciador del Imperio Británico”, y a su posible sucesora, Hillary Clinton, “sádica enfermera de un manicomio”. Publicó unos versos satíricos en “The Spectator” sobre la relación del Presidente de Turquía, Tayip Erdogan, con una cabra. Ha culpado a África del embrollo en que se encuentra tras la descolonización, porque el problema “no es que estuviera a nuestro cargo, sino que haya dejado de estarlo”. Ha calificado a los africanos de “piccaninnies con sonrisa de sandía” y a los naturales de Papua de “caníbales”. Éstos son sólo unos de tantos de sus exabruptos y ocurrencias. Es una persona inteligente y cultivada, pero le pierde su egolatría, su exhibicionismo y su vocación de “enfant terrible”, siempre dispuesto a “épater les gens” y a proferir “boutades” más o menos ingeniosas, pero siempre hirientes. Según Johnatan Freedland, con Johnson al cargo de la diplomacia, Gran Bretaña ha insultado al mundo y May no podía haber hecho peor elección, salvo el nombramiento de Nigel Farage. Con el proverbial sentido del humor británico, un espontáneo ha colgado en su casa un cartel que, en el mejor estilo de Mafalda, dice: “Sorry .World!”. Animadversión manifiesta de Johnson a la UE Pero donde Johnson ha dado el do de pecho ha sido en sus obsesivos desvaríos sobre la UE desde sus años mozos de corresponsal del “Daily Telegraph” en Bruselas. Como comentó el a la sazón Secretario de Estado para Europa, Douglas Hurd, sus reportajes inexactos e incendiarios dificultaron enormemente su labor. Con su ligereza en la manipulación de los hechos, su invención de historias descalificadoras y la creación de euro-mitos para desprestigiar a la UE fomentó el europescepticismo en Gran Bretaña. Llegó a comparar el proyecto de la Unión con los planes de “Napoleón, Hitler y otros”, que siempre habían terminado de un modo trágico. Perseguía el mismo objetivo del dictador nazi de unificación autoritaria de Europa, sólo que con diferentes métodos. Se opuso al derecho de los europeos a vivir y a trabajar en el Reino Unido y mantuvo que el país debería “asumir el control de aspectos vitales”, como la seguridad social y la política de inmigración. Criticó el nombramiento de Jean-Claude Juncker, del que dijo que no tenía cualificación alguna y procedía de un país tan insignificante como Luxemburgo. Ha sido el principal líder de la campaña en pro de la salida y durante la misma recurrió a toda clase de falacias, mentiras y manipulaciones, como las promesas de transferir mensualmente al Servicio de Sanidad Pública los 350 millones de libras que dejaría de pagar a la UE y de reducir la inmigración a un máximo de 100.000 personas al año, o el anuncio de la inminentes llegada las costas británica de millones de inmigrantes turcos. Este prototipo del anti-diplomático –que en un momento de lucidez reconoció que el portazo a la UE no resolvería los problemas del Reino Unido- ha sido la persona elegida por Theresa May para representar a su país en la escena internacional. Se ha dicho que se trata de una posición meramente simbólica, ya que el poder real va a estar en las manos de Davis y de Fox, pero los símbolos son muy importantes y la Primera Ministra lo ha situado como el fulcro de las relaciones con sus aún socios en la Unión. Su decisión ha constituido más una declaración de guerra que un mensaje de paz y de buena voluntad encaminado a alcanzar un divorcio amistoso y a lograr un acuerdo mutuamente conveniente. La UE y sus Estados miembros se han quedado pasmados ante semejante nombramiento y, pese a la discreción diplomática, el personaje ha sido calificado de no ser “claro, fiable o creíble” (Jean-Marc Ayreault) o de llevar a cabo una “conducta espantosa” (Frank Steinmeier), y su nombramiento de “escenario de horror” o de “ultrajante” ((Jean-Claude Juncker). May es muy libre de nombrar a quien estime conveniente, pero –como ha señalado “El Mundo”- su decisión es tan irresponsable como provocadora. Johnson es un embustero, un bufón y un traidor, amén de ser el epítome de la eurofobia, lo que le incapacita para ser un interlocutor válido. Se ha insinuado que May –que no da puntada sin hilo- lo ha nombrado para que le sirva de pararrayos ante las críticas de los aeuroescépticos y de chivo expiatorio ante posibles fiascos en la negociación. ¿Qué pasaría si se llegara a un acuerdo para Gran Bretaña se mantuviera en el mercado único que no fuera plenamente satisfactoriopara ella?. El tal caso, el esforzado paladín tendría que salir a la palestra y alegar que “it is the best deal for the United Kingdon” (“es el mejor acuerdo posible para el Reino Unido”). Theresa May, como San Pablo, parece haberse caído del caballo y cambiado de opinión sobre las cualidades negociadoras de su hombre-imagen, del que no ha mucho dijo con sorna que, siendo Alcalde de Londres, fue a negociar a Europa y regresó triunfante con tres cañones de agua. Albergo la duda de si May, haciendo honor a su apellido, es una “posibilista” o una Maquiavelo con faldas. Por lo pronto, ya ha enseñado las uñas y, ante el comentario de su correligionario europeísta Kenneth Clark de que era una “mujer tremendamente difícil”- ha comentado de forma clulesca que “el primero que va a saber que soy una mujer tremendamente difícil va a ser Juncker”. El eurófobo David Davis principal negociador con la UE El principal negociador designado por May –aunque bajo la férula teórica de Johnson- es otro euroescéptico convicto y confeso, que ya fue Secretario de Estado para Europa con John Major y alentó y pastoreó las precipitadas ampliaciones del la UE hacia el Este. Curiosamente –y siguiendo con estos peculiares “juegos de tronos” y dramones shakesperianos- David Davis denunció a su actual Presidenta ante la Corte Europea de Justicia por considerar ilegales las medidas de seguridad adoptadas durante su mandato como Ministra del Interior. Ya ha afirmado que no invocará el artículo 50 antes de principios de 2017, pues tiene que hacer antes una serie de consultas. Su intención es negociar directamente con los Estados miembros –especialmente con Alemania y Francia, que además estarán sumidas en procesos electorales-, en vez de con la Comisión Europea, ignorando que es ésta la que tiene la competencia exclusiva en materia de mercado interior y la capacidad para negociar tratados internacionales con terceros. Con el argumento avanzado en el “Daily Telegraph” de que ¿por qué los Estados miembros van a establecer barreras y tarifas que perjudiquen su comercio con Gran Bretaña en vez de buscar un acuerdo conveniente para las dos partes?. Hay que mantener el libre comercio y optar por los programas que interesen al Reino Unido y abandonar los que le perjudiquen –como la libertad de movimiento de personas- y prescindir de la burocracia de Bruselas; es decir, configurar una UE “a la carta británica” con las ventajas de que ahora goza, pero sin los inconvenientes que lleva aparejados su pertenencia a la Unión. La Comisión Europea y los Estados miembros no deben caer en esa trampa y han de negociar unida y cohesionadamente, sin hacer concesiones injustificadas. Me temo que esto no sea del todo posible pues Gran Bretaña cuenta con muchos submarinos pro-británicos que nevagen por las aguas comunitarias. El Presidente del Parlamento Europeo, Martin Schültz, ha declarado obsequiosamente que “las conversaciones deben comenzar sin rencor y el Reino Unido ser tratado, no como un desertor, sino como un miembro de la familia que ha decidido ir en otra dirección”. No parece que May emita en la misma longitud de onda, como ha puesto de manifiesto con sus nombramientos. La UE deberá pasar factura al Reino Unido por su arrogancia, su mala fe y su egoísmo, que tantos perjuicios ha causado y seguirá causando a la Unión. Además ha de actuar de forma rápida y no permitir la “procrastination” británica, pues la inacción y la incertidumbre son muy perjudiciales para la UE y para la propia Gran Bretaña. Como ha señalado el Ministro francés de Asuntos Exteriores, Jean-Marc Ayreault, no podemos permitir que la actual situación de ambigüedad se arrastre por más tiempo. Globalización y empequeñecimiento de Gran Bretaña Antaño, la globalización se confundía con el Imperio Británico, que de ella se aprovechaba, pero ahora , el Reino Unido es una víctima más de la misma y difícilmente podrá luchar contra ella sin la colaboración de los demás Estados miembros de la UE, pero, en su soberbia y autocimplacencia, se niega a aceptarlo. Los partidarios del Brexit han olvidado que –como ha observado Heny Kamen- Gran Bretaña ha dejado de ser una isla, ya que está unida a Europa por todos los medios posibles. Viene a mi mente la parábola de San Agustín relativa al niño que, en la arena de la playa, pretendía hacer un agujero para guardar en él las aguas del mar, pero no lograba su objetivo. Salvando las obvias distancias, la UE no se puede guardar en el hoyo del Reino Unido, antes al contrario, y la Bretaña que solía mandar sobre las olas del mar corre el peligro de dejar de ser Grande y convertirse en Pequeña. Concluía un artículo anterior sobre el Brexit citando la famosa frase del Cónsul Escipio “¡Roma no paga traidores”!. En el caso de Boris Jonhson, parece ser que la Britania de Theresa May sí lo hace. Madrid, 18 de Julio de 2016

domingo, 10 de julio de 2016

El pueblo español demanda un Gobiwrno de coalición

EL PUEBLO ESPAÑOL DEMANDA UN GOBIERNO DE COALICIÓN Tras el mazazo del “Brexit”, la segunda ronda de las elecciones generales ha supuesto un relativo consuelo. Ante las negras nubes que se ciernen por doquier, el pueblo español ha optado –en palabras de Mariano Rajoy (MR)- por la sensatez, la moderación y la estabilidad. Ha reiterado su deseo de que se forme un Gobierno de coalición entre dos o más partidos, si bien ha dado algunas pistas al escorarse hacia el centro-derecha. Las encuestas electorales han errado más de lo habitual pues –pese a las predicciones- el PP ha logrado 800.000 votos y 14 diputados más y los demás partidos han perdido: El PSOE 5 escaños, Podemos (Ps) algo más de 1.100.000 votos –aunque se haya quedado con los mismos diputados conseguidos el 20-D por él e IU-, Ciudadanos (Cs) 378.582 votos y 9 escaños y PNV 1 diputado. ERC, CDC, Bildu y Coalición Canaria (CC) se han quedado como estaban. Reacción de los partidos ante los resultados El PP ha triunfado en las elecciones mejorando en votos y en escaños, aunque se haya quedado a 39 diputados de la mayoría absoluta, y Unidos-Podemos no ha logrado superar al PSOE, pese a los vaticinios favorables de los sondeos. Ps vendió la piel del oso antes de haberlo cazado y ahora tiene que devolver el dinero anticipado en medio de una confrontación interna entre los dos sectores del partido, el radical de Pablo Iglesias (PI) y el moderado de Íñigo Errejón, estratega fallido de la campaña electoral. PI ha fallado en su apuesta por la alianza con IU y por el apoyo al marxismo militante de Alberto Garzón, frente a la política de “piel de cordero” y transversalidad propugnada por Errejón. Al amparo de su travestismo político, PI está dispuesto a disfrazar su trasnochado populismo con cualquier etiqueta, como la socialdemocracia, que le permita ganar votos, y ahora mantiene que Ps debe avanzar hacia la moderación para convertirse en un partido “normal” más asentado en la vida parlamentaria, que “no dé miedo” y consolide un espacio de izquierda alejado de la radicalidad, pero su nuevo giro de saltimbanqui carece de credibilidad. Como ha observado Carlos Cuesta, Ps es una gran mentira y los votantes se han percatado de ello. El PSOE sigue desangrándose elección tras elección a ritmo lento pero continuado, batiendo en cada una de ellas su récord de malos resultados. Pedro Sánchez (PS) cada día se va pareciendo electoralmente a Artur Mas, político menguante que sella con pérdida de votos cada comparecencia ante las urnas. Aún así, ha sacado pecho y presumido de haber perdido sólo 5 escaños y de mantenerse como primera fuerza de la izquierda. ¡El que no se consuela es porque no quiere!. Si Joaquín Almunia presentó su dimisión tras las elecciones generales del año 2000 por haber obtenido 34.15% de los votos y 125 diputados, PS debería haberlo imitado con mucha más razón, pero sigue impertérrito, derrota tras derrota hasta la victoria final. Fernando Vallespín ha corroborado que las elecciones han constituido un éxito para PS porque había logrado parar el “sorpasso” y porque el fracaso de Susana Díaz en Andalucía le impediría disputarle la Secretaría General. Su cordial rival en la sombra ha salido efectivamente malparada al haber perdido tres diputados en su cortijo andaluz y ser superada por el PP. Como ella mismo ha reconocido, no han podido aguantar ni en Andalucía, pero aún hay clases. Pese a haber sido presentado lo ocurrido al sur de Despeñaperros como una debacle, el PSOE-A sigue aportando 22 de los 85 diputados socialistas, una cuarta parte de la cuota nacional del partido. Alberto Rivera (AR) no acaba de darse cuenta de que la importante pérdida de escaños ha limitado considerablemente su capacidad negociadora y, con una desmesurada presunción, ha invitado a PP y a PSOE a que se sienten a negociar con ellos la formación del Gobierno, pero ni uno ni otro le han hecho el menor caso. Venía además hipotecado por su desorbitada exigencia de la renuncia de MR para prestar apoyo a un Gobierno del PP. Miriam González le ha echado en cara la insolencia de que un partido con 32 escaños exigiera la retirada del líder de otro partido con 137 diputados y le recordó que había alabado a su marido, Nick Clegg, cuando -al encontrarse en una tesitura similar y plantearse si apoyaba o no la formación de un Gobierno del Partido Conservador, que no le placía del todo- optó por el apoyo por el interés general de Gran Bretaña, pese a ser consciente de que ello podría –como así fue- perjudicar al Partido Liberal y a él personalmente. MR le pasa ahora la factura y lo ningunea, pues sabe que suma poco y es más una bisagra que una alternativa de Gobierno, por lo que prefiere aliarse con un PSOE que le facilitaría la necesaria mayoría. Se siente reforzado por el mandato popular y considera que es el único en condiciones de formar Gobierno, aunque necesite el apoyo directo o encubierto de otros partidos. Parece, pues, harto improbable que ceda la dirección de su partido y renuncie a la posibilidad de volver a presidir el Gobierno. Actitud de los partidos ante la formación de Gobierno El denostado bipartidismo goza de una mala salud de hierro y -según Jorge Bustos- se ha cobrado en las últimas elecciones una dulce venganza sobre la insolencia de los partidos emergentes. Lucía Millán ha matizado que ha sido sustituido por el unipartidismo del PP y de otros tres partidos de corte mediano. En una democracia, el pueblo –aunque pueda equivocarse- siempre lleva razón y, con algunas ligeras pero importantes variantes, ha reiterado el mandato expresado el 20-D de que los partidos pacten un Gobierno de coalición. Éstos, sin embargo, se resisten a atender a este mandato y parecen acusarlo de colocarles en una situación similar a la de hace seis meses. Todos ellos afirman su deseo de que se forme pronto un Gobierno, pero se niegan, no ya a negociar y a pactar con el adversario político, sino incluso a conversar con él. Como ha observado Javier Redondo, consideran la política de bloques como estructural. Esto sería explicable en el caso de Ps, que es la antítesis populista a un Gobierno moderado, pero no en el caso del desnortado PSOE, que –a diferencia de sus correligionarios socialdemócratas en Europa- consideran imposible una coalición con la nefanda derecha, por ser incompatible con sus esencias y sus principios. Se ha puesto la venda antes de que saliera el grano y tanto PS como los barones y dirigentes socialistas han reiterado que no van a coaligarse con el PP y ni siquiera a abstenerse para permitir que MR forme un Gobierno en minoría. Tendría argumentos más que suficientes –reales o virtuales- para negarse a una alianza, pero no sin antes saber lo que el PP está dispuesto a ofrecer para lograr un acuerdo de Gobierno o, al menos, un pacto de investidura. Esta preconcebida actitud roza con la paranoia y va contra el principio elemental de que la política es el arte de lo posible. Procura escurrir el bulto al afirmar –en palabras de Alberto Hernando- que MR debe olvidarse del PSOE y tratar de formar Gobierno con sus afines del centro-derecha. Esta posición ha sido respaldada por medios de comunicación cercanos, como “El País”, donde Soledad Gallego-Díaz ha señalado que el PP puede obtener la mayoría que necesita sin necesidad de recurrir al PSOE y es su exclusiva responsabilidad llegar a un acuerdo con Cs, PNV, CDC y CC, siempre que MR comprenda que “tiene que pagar por ello”. ¿Es realmente MR quién tendría que pagar el precio de las concesiones que habría que hacer para lograr el magro e insuficiente apoyo de los nacionalistas o sería la Nación?. Esta posición es además falaz porque –como es bien sabido- el tradicional antagonismo izquierda-derecha está contaminado en España y desprovisto de virtualidad a causa de los nacionalismos. Ideológicamente, el PP está muy cercano al PNV o a CDC, pero la disposición de éstos a respaldar un Gobierno de aquél estaría condicionada al pago de un precio muy elevado por parte del Estado, como se ha mostrado de con las concesiones que les tuvieron que hacer el PSOE y el PP para conseguir su respaldo al no contar con una mayoría suficiente para gobernar. La obtención del “Sí de las niñas” del ”moderado” Íñigo Urkullu o del desmelenado Carles Puigdemont tendría un coste desorbitado. Si se prescindiera de CDC, habría que obtener el voto de CC y el de Nueva Canaria –coaligado con el PSOE- para lograr la requerida mayoría. El PNV ya ha advertido a través de Aitor Esteban que considera imposible apoyar a MR, salvo que se produjera un cambio radical en la política del PP. Los dirigentes socialistas son conscientes –y así lo han reconocido públicamente- de que el PSOE es clave para la formación de un Gobierno, sea orientado hacia la derecha o hacia la izquierda. No puede, por tanto, ponerse de perfil y pretender estar hecho de un cristal que no pudiera ser ensuciado por la luz solar del poder compartido. ¿Tiene algún fundamento afirmar que un Gobierno de coalición entre PP y PSOE es metafísicamente imposible?. Si se comparan los programas y la acción de Gobierno de los dos partidos cabe apreciar que coinciden en los puntos esenciales para el desempeño del Gobierno: unidad de España, defensa de la Constitución, apoyo a la estructura del Estado de las autonomías, economía de mercado, respaldo a la UE y cumplimiento de sus directrices, continuidad en la OTAN, lucha contra el terrorismo, promoción del empleo, estabilidad presupuestaria y control del déficit público, protección de los derechos y libertades fundamentales…Existen evidentes diferencias, especialmente en el ámbito ideológico, pero no afectan de forma esencial a la acción de Gobierno y –con buena voluntad y altura de miras- podrían ser dejadas en el congelador por algún tiempo. Según Susana Díaz, MR no puede pedir al PSOE que contribuya a la gobernabilidad. ¿Por qué no?. ¿A quién se lo va a pedir si es el único capaz de garantizar la formación de un Gobierno estable?.¿Cómo puede MR cumplir con su responsabilidad de formar un Gobierno sólido si el PSOE no colabora a ello por activa o por pasiva?. Posible formación de un Gobierno del PP en minoría MR parece estar dispuesto a cumplir con esa responsabilidad y a no dar la “espantá” ante el llamamiento real como hizo el 20-D. Ha ofrecido de nuevo al PSOE un Gobierno de coalición –con o sin Cs- y se ha mostrado abierto a negociar todo menos la unidad nacional y la igualdad de los españoles, incluida la reforma de la Constitución. Genio y figura, lo hará a su habitual ritmo maestoso –“sin prisas, pero sin pausas”- y, aunque su objetivo primordial sea la negociación con el PSOE, ha empezado los contactos con los partidos menores para dar tiempo a que los socialistas reflexionen y cambien o maticen su posición. MR sabe que un encuentro prematuro o una presión excesiva en estos momentos podrían provocar un rechazo radical y un bloqueo de la negociación que pudiera resultar irreversible. PS ha iniciado, a su vez, las consultas con los barones y dirigentes del PSOE con miras a tomar una decisión en el Comité Federal del Partido. La respuesta previsible es de inicio negativa, tanto al apoyo como a la abstención, pero no parece que vaya a ser tan drástica como tras el 20-D. Del “No es No” es posible que se pase al “No, pero…”. No creo que el PSOE esté dispuesto a asumir la responsabilidad de la celebración de unas terceras elecciones por la adopción de una actitud cerril e intransigente. Lo más lógico y deseable sería que se formara una coalición de Gobierno, pero –si ello no resultara viable- el PSOE debería permitir, mediante su abstención, la formación de un Gobierno en minoría del PP. El Presidente extremeño, Guillermo Fernández Vara, ha propuesto, a título personal, la fórmula de la “abstención mínima”: ausencia del hemiciclo del número de diputados socialistas necesarios para permitir que se logre en el Congreso una mayoría a favor de la investidura de MR. Se trata de una “chapuza” que permitiría salvar la situación sin que el PSOE, en cuanto tal, perdiera la cara. Para algunos diputados, sin embargo, esto no es serio y estiman que, si el PSOE opta por permitir la formación de un Gobierno del PP en minoría, debería abstenerse abiertamente. Susana Sumerzo ya ha advertido que ella no se abstendrá. El PSOE deberá hacer frente a sus responsabilidades y “coger el toro por los cuernos”, en vez de devolverlo al corral. Es harto evidente que no hay motivos suficientemente fundados para que no participe en una coalición con el PP y, aún menos, para no permitirle que forme un Gobierno en minoría. En el primer caso, las consecuencias serían negativas para el partido a corto plazo, pues sufriría el desgaste de gobernar desde una posición secundaria –como le ha ocurrido al PSD en su “grosse koalitione” con la CDU en Alemania- y dejaría a Ps la exclusiva de la oposición de izquierda, pero sería positivo para el país y, a la larga, para el propio partido, que ganaría en prestigio y credibilidad. En el segundo caso, seguiría siendo la principal fuerza de la oposición y, desde ella, podría iniciar el necesario proceso de regeneración, amén de vigilar la andadura del Gobierno y controlar su actuación. En caso de que el PSOE se negara a entrar en el Gobierno, MR se muestra dispuesto a pactar un acuerdo de mínimos –que comprenda fundamentalmente la elaboración de los Presupuestos Generales del Estado para 2017, la fijación del techo de gastos y el cumplimiento de los compromisos asumidos con la UE-, aparcar los temas en los que haya más discrepancias y establecer unas guía básicas que permitan la formación en breve plazo de un Gobierno en minoría. Se trataría de un Gobierno frágil, pues tendría que negociar cada proyecto de ley y las decisiones sobre los temas más importantes, pero –como ha observado Luis María Ansón- más vale un Gobierno precario que el vacío institucional. Desde hace un año no se ha enviado ni un solo proyecto de ley a las Cortes y España no puede permitirse el lujo de seguir con un Gobierno provisional cuando tiene graves e inminentes desafíos políticos y económicos a los que hacer frente. En cualquier caso, los dos principales partidos deberán negociar pactos de Estado en temas esenciales como la educación, la justicia, la administración territorial y su financiación, la reforma de la Seguridad Social y eventualmente la reforma de la Constitución. Para ello es preciso que supediten sus intereses partidistas cortoplacistas a los intereses generales de la Nación. De no hacerlo así, la celebración de nuevas elecciones sería ineludible. El pueblo español ha demandado a los partidos políticos que pacten y formen Gobiernos de coalición. ¿Harán éstos, como hasta ahora, caso omiso a semejante exhortación? Madrid, 5 de Julio de 2016

miércoles, 6 de julio de 2016

No hay dos sin tres:¿Hacia uas terceras elecciones?

NO HAY DOS SIN TRES:¿HACIA UNAS TERCERAS ELECCIONES? La campaña para unas segundas elecciones generales se estádesarrollando de forma anodina en medio del desinterés y de la indiferencia de la población, más interesada en lo que ocurre en elexágono galo por mor del fútbol que de lo que pasa en la piel de toro. Los partidos políticos tienen poco que aportar de nuevo a lo ya dicho en la campaña anterior y repiten en un “déjà vu” sus manidos argumentos, aunque con menos convicción. La única, pero importante,novedad vaticinada por los sondeos es que la coalición Unidos-Podemos (Ps + IU) va a adelantar al PSOE por la izquierda y se convertirá en la segunda fuerza política de España, con lo que trastocará las perspectivas políticas del país, augurando consecuencias preocupantes para el futuro. La última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas ha confirmado el presagio, pues da a los rojo-violetas un 25.6% de los votos –entre 88 y 92 escaños- frente al 21.1% para el PSOE –78/80 diputados- y 14.6% para Ciudadanos (Cs) -38/39 diputados-.El PP seguirá siendo la fuerza más votada -29.2%-, pero con pérdida de escaños -118/121-, pese a aumentar ligeramente en número de votos -29.2%-, por el juego de la distribución de los restos previsto en la Ley d’Hondt, que favorece a Unidos-Podemos. Otras encuestas, sin embargo, prevén iguales o mejores resultados para los populares: GAD-3(“ABC”) 121/124 diputados -30.3%-; JMBA(“El Público”) 123-127 -9%-;Celeste (“eldiario.es”) 123/125 -29%-; NC Report (“La Razón”) 127/129–;o Sigma-2 (“El Mundo”) 124/129 -30.5%-. En cambio, Metroscopia (“El País”) le pronostica incluso menos escaños que el CIS -113/116 y 29%-, mientras da 92/95 y 24% a Unidos-Podemos, 78/85 y 20.5% al PSOE y 35/40 y 14.4% a Cs. De todos estos sondeos cabe extraer las siguientes conclusiones: polarización de los resultados, que benefician a los extremos –PP y Ps-; victoria insuficiente del PP que,para poder gobernar, necesitaría de la colaboración activa o pasiva de PSOE y de Cs; adelantamiento al PSOE de Unidos-Podemos y sus confluencias “En Comú Podem”, Compromís y las Mareas gallegas; empate técnico entre la derecha y la izquierda e insuficiencia de la suma de sus componentes para lograr la mayoría requerida para formar Gobierno; función arbitral del PSOE y, en menor medida, de Cs; escasa posibilidad de que el PSOE apoye a Ps para que forme Gobierno, especialmente si éste y sus circunstancias lo relegan a ser la tercera fuerza política; y pérdida de relevancia de los nacionalismos que, no obstante, podrían ser necesarios para formar una coalición de izquierdas. Salvo los cambios que provocará el “sorpasso”, la situación política y las dificultades para la formación de un Gobierno estables van a ser, tras el 26-J similares a las del 20-D y, si los partidos no modifican sus reiteradas afirmaciones acerca de las posibles alianzas, no habrá más remedio que recurrir a unas terceras elecciones. Debate entre los líderes de los principales partidos El único factor de interés en la campaña ha sido el debate televisivo mantenido por Mariano Rajoy (MR), Pedro Sánchez (PS), Pablo Iglesias (PI) y Albert Rivera (AR), del que todos ellos salieron indemnes excepto PS , pues –como ha observado Enric González- los líderes reafirmaron sus convicciones, salvo PS que reafirmó convicciones ajenas y debilitó las de su electorado potencial. Según la encuesta de Sigma-2 publicada ayer, 30.1% de los encuestados estimaron que ninguno de los cuatro salió vencedor, 23.3% que ganó MR, 17.7% AR, 13.3% PI y sólo 9.5% PS, que no dio la talla y estuvo especialmente desdibujado y sin mordiente. Poniendo de manifiesto su “pacto de no agresión” con Cs, centró sus ataques en MR y no en su principal adversario PI, al que cedió el protagonismo en los pagos izquierdistas. Perdió la oportunidad de plantar cara a Ps. y levantar la decaída moral de sus votantes reales y potenciales. PI le advirtió que se equivocaba de enemigo –“el adversario es Rajoy, Pedro, no soy yo”- y, desde su asumida posición de principal representante de la izquierda, le lanzó los tejos proponiéndole la formación de un Gobierno reformista de coalición que fuera presidido por el líder del partido que consiguiera más votos y, en el caso de que fuera él, le ofreció magnánimamente la vicepresidencia. PS se mostró obsesionado por destacar que el objetivo fundamental del PSOE era la expulsión del Gobierno de MR y del PP como fuera, y por repetir hasta la saciedad que España no había podido tener un Presidente socialista por la connivencia entre PP y Ps. Sólo al final criticó a éste por dar prioridad al derecho a decidir en Cataluña, pero sus ataques carecieron de credibilidad dado que el PSC había entrado unos días antes a formar parte del Gobierno del Ayuntamiento de Barcelona presidido por Ada Colau. MR defendió con contundencia la acción de su Gobierno en el ámbito socioeconómico y se mostró como el maestro experimentado que daba clase a tres aprendices. “Al Gobierno hay que venir aprendido, no se viene a hacer prácticas”, les espetó con su retranca galaica. Ignoró a PS y centró sus críticas en AR y Cs, auténtica piedra en el zapato presidencial. Toda su solidez en la primera parte del debate se desmoronó en la segunda, cuando se abordaron los temas de corrupción y de regeneración democrática, donde AR lo puso contra las cuerdas. Capeó mal que bien el temporal, pero dio síntomas de flaqueza en el asunto “do más pecado había” y resultó escasamente convincente. Como buen corredor de fondo y ciclista a piñón fijo, MR, dio muestras de consistencia, tenacidad, imperturbabilidad y resiliencia, pero también de falta de imaginación y de voluntad para la regeneración política de su partido. AR estuvo brillante y contundente, más en sus crítica a PI que a MR, con el que fue excesivamente agresivo y cruel, pues –aunque no lo llamó indecente, como su socio en el debate en la anterior campaña- lo insinuó, al acusarle de haberse lucrado de las cuentas en negro de Luis Bárcenas. Marcó con contundencia el territorio de Cs frente al PP, del que procedían buena parte de sus votantes. Pese a su pretendida equidistancia, AR aplicó un doble estándar en la lucha contra la corrupción, al no formular crítica alguna al PSOE por los escándalos en Andalucía, a cuya Presidenta Cs ha apoyado ante las fundadas críticas de PP e IU en el Parlamento andaluz. Condicionó el respaldo de Cs a un Gobierno del PP a la marcha de MR, al que invitó a echarse a un lado para impedir que creciera el populismo. Instó a PI a que explicara de dónde iba a sacar las ingentes sumas de dinero requeridas para su plan de incremento del gasto público en 60.000 millones de euros y advirtió sobre “una subida masiva de impuestos escondida en el catálogo de Ikea”. En respuesta a su afirmación de que Ps no necesitaba recurrir a los bancos para financiarse, le replicó con sorna que lo comprendía puesto que contaba para ello con el Banco de Venezuela. Ante su camaleónico “new look”, AR lo recriminó por disfrazarse de socialdemócrata para practicar políticas griegas. Los puntos flacos de Cs radican en de su indefinición ideológica y política y en su falta de contacto con la realidad del poder. Ya está bien de dar consejos desde fuera y no corroborarlos desde dentro de un Gobierno, sea municipal, autonómico o nacional. “Il faut s’emmerder”, como dicen los franceses. AR tiene que lanzarse al ruedo y fajarse con el morlaco de la política, y no limitarse a dar lecciones teóricas sobre cómo hacer la faena desde la seguridad de la barrera. Según Iván Redondo, PI fue el vencedor por puntos del debate, pues confirmó su carisma iconográfico y se consolidó visualmente como líder de la oposición. Demostró dominio de la imagen y del lenguaje y convirtió el “plateau” televisivo en la plaza pública en la que se consagró el “sorpasso” que PS ha sido incapaz de frenar. Salió a ganar por la mínima y lo consiguió. No estoy del todo de acuerdo con esta apreciación. Como ha observado Carlos Cuesta, PI mostró el doble rostro de Dr.Jekyll y Mr. Hyde, y usó la TV para ocultar una realidad violenta incompatible con la democracia, que comparten y agitan buena parte de sus mandos. Trató de minimizar riesgos y evitó el cuerpo a cuerpo con los otros dirigentes, limitándose a buscar la confrontación de modelo político con MR. Resulta evidente que es un profesional de la imagen y que domina la TV con habilidad y desparpajo. Arropado por las favorables encuestas, adoptó una actitud moderada escasamente creíble, pero se le vio el plumero cuándo tuvo que revelar aspectos de su programa que trataba de esconder tras la socialdemocracia, como le afeó AR. Presumió de los éxitos alcanzados en los Ayuntamientos dirigidos por Ps, cuando son manifiestos los fracasos de los mismos, de Madrid a Barcelona o de Cádiz a La Coruña. ¡Aunque la mona se vista de seda, Ps se queda! Posibilidades de pactos para la formación de Gobierno tras el 26-J Según Teodoro León, PP y Ps han regado peligrosamente el campo de la polarización con un ventajismo impúdico y reducido las elecciones del 26-J a una opción entre MR sí o no. Consciente o inconscientemente,PSOE y Cs han contribuido a ello al fijar como motivación dominante de su política echar a MR de la presidencia del Gobierno. Sigue éste el juego y ha afirmado en tono “gaullista”: Yo o el caos. Gobierno del PP o radicalismo”. PI, por su parte, ha declarado que sólo existen dos opciones: cambio progresista o continuidad de MR. Sin embargo, si se evaluaran objetivamente los programas de los principales partidos,casi todas las ecuaciones coherentes propiciarían variantes de una gran coalición para desbloquear la investidura, pero para ello sería necesario hacer Política con mayúscula, cosa a la que nuestros politicastros no están habituados. Prevalecen los dogmatismos polarizados que imposibilitan la investidura y que, en último término,pueden conducir a unas terceras elecciones. Todos los partidos han manifestado tajantemente que no desean una repetición de las mismas por segunda vez, pero no hacen nada para impedirlo. En la Asamblea del Círculo de Economía celebrada en Sitges el pasado Mayo, PS declaró que habría acuerdo para formar Gobierno cualquiera que fuera el resultado de las elecciones del 26-J y que su partido no vetaría a ninguna fuerza política. ”Les puedo asegurar que no habrá terceras elecciones”, afirmó. Sus palabras fueron interpretadas implícitamente en el sentido de que el PSOE dejaría gobernar al PP si era el único capaz de formar un ejecutivo. No tardó PS en desmentir semejante conclusión y en reiterar que, bajo ningún concepto, votaría a favor de MR ni se abstendría para facilitarle un Gobierno en minoría. Se trata no sólo de la opinión personal de PS, sino de la del PSOE, tal como acordó su Consejo Federal. Según Meritxell Batet, su prioridad era cambiar las políticas del PP y sería un contrasentido apoyar a su candidato, por lo que ha descartado de forma absoluta la formación de una gran coalición tras el 26-J. Mas sibilino, Jordi Sevilla ha afirmado que se debería dejar gobernar, no al candidato de la lista más votada, sino al que consiga más apoyos parlamentarios, en la esperanza de que la suma de los escaños de PSOE y Cs supere a los del PP, dando por sentada la abstención de Ps y de los nacionalistas de distinta ralea. PS se contradice cuando afirma que en ningún caso dejará gobernar al PP y que no habrá nuevas elecciones. Si de él solo dependiera, se aliaría con Ps para formar un “Gobierno progresista de cambio”, pero no se lo permitirán los barones socialistas, sobre todo si aquél lo adelanta en sufragios y diputados. En opinión de Jorge Bustos, España esta partida en dos bloques simétricos de mutuo rechazo. El 26-J certificará el “sorpasso” de la alianza radical-populista sobre una socialdemocracia desalentada. En estas circunstancias, el PSOE jamás apoyará la investidura de PI por repugnancia personal, incompatibilidad programática y orgullo partidista. PS tendría que dimitir y el partido entraría en una crisis profunda que podría provocar su “liliputización” como en el caso del PASOK griego o incluso su desaparición como partido nacional, pues -al escindirse sus dos almas- la más moderada se incorporaría a Cs y la radical a Ps, pudiendo quedar reducido a un partido regional en Andalucía, Extremadura y Castilla. No hay, a su juicio, mercado para cuatro grandes partidos y el espectro político estaría ocupado por tres fuerzas representativas de la derecha (PP), del centro (Cs) y de la izquierda (Ps). Es una predicción un tanto rocambolesca y melodramática, pero no exenta de cierta lógica. Los dirigentes del PSOE deberían reflexionar al respecto y actuar en consecuencia. AR también aseguró a la Asamblea del Círculo de Economía que haría cuanto estuviera en su mano para que España superara la crisis gubernamental al afirmar: ”Les doy mi palabra. Si Ciudadanos es decisivo, habrá Gobierno”. Del dicho al hecho, sin embargo, hay un largo trecho y el líder naranja ha ido modulando su tajante aserto. Tras su despiadado ataque a MR en el debate televisivo usándolo de haberse beneficiado de dinero negro, matizó ulteriormente sus palabras al mostrarse dispuesto a negociar con el PP “si la persona que puede haber cobrado de los papeles de Bárcenas no sigue siendo Presidente”. Para sentarse en la mesa de negociación, AR ha exigido que MR se marche, que el PP gane las elecciones y que el partido apueste por los cambios y las reformas. Amén de interferir en los asuntos domésticos de otro partido, AR ha cometido un grave error de cálculo, pues -como ha observador David Gistau en “ABC”- ningún partido consentirá que los procesos internos les sean impuestos por el adversario y, con su intromisión, ha blindado a MR contra sus detractores en el seno del PP. AR ha insistido en que no votará a quien pactó con Bárcenas y al que considera el “Señor X” de la corrupción, y reiterado que ni MR gobernará ni habrá nuevas elecciones. Ha concluido que votarle equivaldría a bloquear el país, pero el que realmente podría bloquearlo es quien condiciona su apoyo a la retirada del candidato que, según pronostican los sondeos, ganará las elecciones el 26-J. Esta OPA a hostil a MR no ha sido espontánea sino calculada, pues CS se posiciona de forma clara y se presenta como alternativa al PP. Desde su baluarte del Centro, AR repartió estopa a diestra y a siniestra. Tras confraternizar con PI durante la pasada campaña y alardear de ser ambos los representante de la nueva política frente a la antigua del PP y del PSOE, AR ha abandonado su “colegueo” con el líder de Ps. Al darse cuenta de que era su principal rival en la lucha por el voto joven, cambió de actitud y adoptó una posición sumamente crítica, que se ha agudizado durante la presente campaña. Ha sido el némesis de PI, cuyas contradicciones e insuficiencias ha puesto a menudo en evidencia. PI siente que tiene el viento de cola y ha puesto en marcha una operación de imagen para dulcificar su arrogante figura, esconder su marxismo-leninismo y presentar a Ps como la moderna socialdemocracia. Ha tenido el cinismo de declarar a Carlos Herrera que ciertas ideologías están muy bien para debates universitarios, pero que, cuando hay que gobernar un país de la UE, lo más que se puede elegir es una política socialdemócrata. Chirría, sin embargo, su alianza y práctica fusión con IU –que tantos beneficios electorales le va a procurar-, cuyo líder Alberto Garzón mantiene con orgullo y convicción los postulados de un rancio comunismo. Tras haber desbancado al PSOE, pretende obtener su apoyo para formar un Gobierno de izquierdas. Según algunas de las últimas encuestas, la suma de Ps y PSOE superaría ligeramente a la de PP y Cs, por lo que la posibilidad de acceso de PI al poder es algo más que una utopía. Ha señalado éste que el 26-J será un referéndum entre Ps y el PP, y pedido el voto útil para impedir que MR continúe en el Palacio de la Moncloa. Aún cuando el PP siga siendo el partido más votado, MR se encontrará en una patética soledad, pues -como el Coronel de Gabriel García Márquez- “no tiene quien le escriba” o esté dispuesto a colaborar con él. Ante esta situación, trata de fidelizar el voto de sus simpatizantes, recuperar a sus antiguos votantes refugiados en la abstención y atraerse a algunos de los que apoyaron a Cs, dando un grito de alarma: “¡Que viene el lobo!”. De ahí que haya reclamado a sus afines que no dilapiden el voto dándoselo a Cs, pues –como ha editorializado “La Razón”- votar a AR equivale a votar socialista. MR ha recordado que los votos conseguidos por Cs en 25 provincias fueron malgastados al no plasmarse en escaños, por lo que votarle no serviría para nada. No se debe dividir el voto moderado porque, si se hace, “saldrán beneficiados los extremistas”. Concentrar el voto útil en el PP es lo más inteligente y eficaz para impedir un Gobierno de Ps. Y después de las elecciones del 26-J ¿qué? Los sondeos recogen indicios y a menudo se equivocan, por lo que habrá que esperar a los resultados para poder sacar conclusiones definitivas, especialmente teniendo en cuenta que un 30% del electorado aún no ha decidido su voto y que la lucha por los restos va a estar muy ajustada, pudiéndose dar el caso de que algunos partidos –como el PP- aumenten sus votos y pierdan escaños, y viceversa. Todas las previsiones coinciden, no obstante, en que –pese a importantes variantes, como el adelantamiento de Unidos-Podemos al PSOE- la situación va a ser en líneas generales similar a la producida tras el 20-D. Según Federico Jiménez Losantos, se repetirá el escenario que hizo imposible en esa fecha la formación de un Gobierno. Ni el PSOE va a dejar que PS trate de salvarse entregándose a su verdugo, ni puede apoyar en manera alguna un Gobierno de MR. La polarización obliga a elegir entre una continuidad imposible y una dictadura indeseable. Y sin el apoyo del PSOE –que se debate entre estar con la Constitución o con la revolución-, ni uno ni otro podrá formar Gobierno. ¡Otros seis meses perdidos!. Por supuesto que los políticos pueden cambiar de opinión, como suelen hacer a menudo, pero, si no lo hacen, cualquier pacto resultará inviable. Las urnas pueden plasmar un similar escenario de ingobernabilidad de muy difícil superación si los partidos constitucionalistas no están dispuestos a pactar. Pese a la pérdida de votos, el PSOE seguirá siendo la clave de la gobernabilidad y se encontrará con el peliagudo dilema de aliarse con Ps con el riesgo de ser fagocitado por éste, o de llegar a algún tipo de acuerdo con el PP para permitir un nuevo Gobierno de Rajoy, mediante un pacto de legislatura o de Gobierno –gran coalición-, o mediante su abstención –Gobierno en minoría-. No parece que el PSOE esté por la labor, ni tampoco Cs, que condiciona su apoyo al PP a que MR haga mutis por el foro. Oriol Junqueras ha vaticinado que se producirá a última hora un acuerdo de investidura entre las dos grandes formaciones políticas españolas por las presiones de origen europeo y de los poderes fácticos, pero la gran coalición no aparece en el horizonte político de España. En sus ansias de aferrarse al poder, MR parece decidido a formar un Gobierno de minoría, por débil que fuere, pero el PSOE no se muestra dispuesto a facilitarlo y AR lo condiciona a su renuncia. Aún en el hipotético y poco probable caso de que MR se auto-inmolara en favor de la Nación y del PP, no estaría asegurada la formación de un Gobierno en minoría si siguiera vetándolo el PSOE, a cuyo voto negativo se sumarían a los de Unidos-Podemos y los partidos nacionalistas. Podría producirse un cambio si –como consecuencia de los desastrosos resultados que los sondeos predicen para el PSOE- PS se viera obligado a dimitir y la Gestora Socialista que se formara decidiera cambiar de criterio y dejar de hacer de perro del hortelano. Cuando España necesita con urgencia un Gobierno estable que devuelva la confianza a los ciudadanos y le permita hacer frente a los graves problemas con que se enfrenta, las perspectivas no pueden ser más desconsoladoras: un débil Gobierno en minoría que implique continuidad y ausencia de regeneración y reformas, o un Frente Popular maquillado por la mercadotecnia “podemita”. Y si ninguno de ellos prosperara por la crisis del PSOE, el chantaje de Cs, la inviabilidad de las políticas de Ps, y el conservadurismo del PP y el empecinamiento de MR, estaríamos abocados a unas terceras elecciones. Al fin y al cabo,el hombre es el único animal que tropieza más de una vez en la misma piedra. Sólo nos queda hacer de tripas corazón y votar, no al mejor –que no existe desgraciadamente-, sino al menos malo. ¡Que Dios y la UE se apiaden de nosotros!. Madrid, 20 de Junio de 2016

martes, 28 de junio de 2016

Ni contigo ni sin ti tienen mis penas remedio

El pueblo británico ha optado por el Brexit

EL PUEBLO BRITÁNICO HA OPTADO POR EL “BREXIT”: ¿Y AHORA QUÉ? José Antonio de Yturriaga Barberán, Embajador de España El 23-J ha sido un día aciago para Europa. En mi artículo de la pasada semana afirmaba que cabía esperar que ese día se impusiera en Gran Bretaña el sentido común y el pragmatismo, pero desgraciadamente no ha sido así y el pueblo británico ha optado por desconectarse del continente y regresar a su espléndido aislamiento por 1.269.231 votos -51.9% por el SÍ frente a 48.1% por el NO al “Brexit”-. El 26-J se inauguró la ampliación del Canal de Panamá; tres días antes, se había iniciado la ampliación del Canal de la Mancha. La decisión de salir de la UE ha dejado al Reino Unido más desunido que nunca. Para entender el caos y la confusión creados por la votación, resulta revelador el texto de una carta a la familia de una sobrina inglesa de 12 años: “Estamos totalmente devastados por el voto para dejar la UE. Hoy en las noticias se ha dicho que muchas personas que votaron por la salida desearían cambiar su voto, porque habían votado como protesta contra el Gobierno. Otras también desearían cambia sus votos en pro de la permanencia, porque han sabido que el NHS no recibirá los 350 millones de libras prometidos por los partidarios del “Brexit”. Hay al parecer una petición para la celebración de un nuevo referéndum. Me hace sentirme mejor que la mayoría de los jóvenes votantes apoyaron la permanencia en la UE. Fueros los mayores –los que tienen más de 60 años- los que se pronunciaron por la salida. En mi clase en el colegio, sólo uno entre 30 está contento con el voto por la salida… Sería maravilloso si viviéramos en un mundo de fantasía y la Reina anulara la votación, ya que tiene poderes para hacerlo, pero mis padres dicen que es poco probable que la Reina vaya contra los deseos de su pueblo…”. En efecto, es harto improbable que la soberana intervenga, entre otras razones porque parece estar de acuerdo con la decisión popular. Un ciudadano, Oliver Healy, ha presentado un escrito en la Cámara de los Comunes solicitando la repetición del referéndum, porque no se había logrado un 75% de participación y el SÍ no había superado el 60% de los votos expresados, y su petición ha sido respaldada por más de tres millones de personas. El Parlamento tendrá que debatir sobre la propuesta, aunque no parece probable que la acepte, pese a que la mayoría de la Cámara sea partidaria de la permanencia, aunque sería posible, porque -como ha observado el profesor Andrew Blick- el Reino Unido carece de Constitución y el Parlamento puede hacer básicamente lo que quiera. Según el diputado laborista David Lanny, casi 500 miembros de la Cámara de los Comunes se han mostrado partidarios de la permanencia, está en nuestras manos parar esta locura y “tenemos poderes para convocar un segundo referéndum”. También el veterano lord conservador Michael Helseltine ha propuesto la creación de un grupo multipartidista que estudie la posibilidad de convocar un segundo referéndum. El Gobierno podría, en efecto, repetirlo como se hizo en Dinamarca y, en dos ocasiones en Irlanda. Asimismo podría hacer caso omiso a la decisión popular y no proponer la retirada de la UE porque –como ha señalado Lanny- el referéndum es consultivo y no vinculante. El Primer Ministro David Cameron, sin embargo, no está por la labor y ha reiterado que la decisión es irreversible y no hay vuelta atrás. También cabría que el Parlamento escocés negara su consentimiento a la salida de Escocia de la Unión, pues el Acta de Escocia de 1998 le reconoce la facultad de votar sobre medidas que afecten a la aplicación de las normas de la UE en su territorio, con lo que se plantearía un conflicto de competencias con el Parlamento británico que habría que dilucidar. El Parlamento de Irlanda del Norte goza de competencias similares. La situación se presenta, pues, muy abierta tanto, jurídica como políticamente. Responsables del fiasco y falaces argumentos en pro del ”Brexit” El principal responsable del fiasco ha sido Cameron, que, -por conveniencia propia y sin necesidad alguna- se ha metido en un cenagal del que ha sido incapaz de salir, y ha permitido que la inventora de la democracia parlamentaria haya sido cuestionada por la celebración de un controvertido referéndum populista. El bombero pirómano desencadenó irresponsablemente unas fuerzas que se han llevado por delante a él, a su Partido, al Reino Unido y a la UE. Desautorizado por su pueblo, ha anunciado que dimitirá en Octubre, aunque debería haberlo hecho ya si hubiera tenido un mínimo de dignidad política. El Partido Conservador está escindido en dos mitades –europeista y euroescéptica- que serán difíciles de conciliar. El país también ha quedado partido por la mitad: Territorialmente –Inglaterra y Gales v/ Escocia, Irlanda del Norte y Londres-, geográficamente -campo v/ciudad-, generacionalmente –viejos v/jóvenes- y culturalmente –menos educados v/más educados-. La UE ha quedado en estado de “shock” y visto gravemente afectados su estructura, sus objetivos y su futuro. El pueblo británico es muy libre de “tirarse un tiro en el pie”, pero no es justo que también dispare sobre los demás miembros de la Unión. Por otra parte –como ha observado José Piqué-, el aventurismo irresponsable de Cameron ha puesto en cuestión la cohesión nacional. Con su política suicida, ha provocado el enfrentamiento de las distintas naciones del Reino Unido, lo que podría acarrear gravísimas consecuencias, pues, mientras Inglaterra -53.4%- y Gales -52.5%- han votado a favor del “Brexit”, Escocia -38%- e Irlanda del Norte -44.2%- han votado en contra. Alex Salmond ha manifestado que Escocia quiere seguir en Europa y su sucesora, la Primer Ministro Nicola Surgeon, ha abierto la puerta a un segundo referéndum sobre la independencia del país. El Viceprimer Ministro de Irlanda del Norte, Martin McGuinness, ha esbozado la posibilidad de un escisión del territorio de la Gran Bretaña para impedir que se levante de nuevo una frontera entre las dos Irlandas. Sería más problemático que en el caso de Escocia, aunque no imposible hipotéticamente, mediante algún tipo de Confederación bajo el paraguas de la UE. En cualquier caso, podrían reactivarse los enfrentamientos sectarios entre los protestantes pro-británicos y los católicos favorables a la reunificación de la isla, difícilmente superados tras el Acuerdo del Viernes Santo de 1998. También han contribuido, por activa o por pasiva, el ex-Alcalde londinense Boris Johnson, el Presidente de UKIP Nigel Farage y el líder laborista Jeremy Corbyn. En su afán por postularse como candidato a la presidencia del PC y del Gobierno, Johnson ha traicionado a su jefe e impulsado una política contraria a la establecida por el Gobierno, con la complicidad de cinco miembros del mismo. Cameron permitió que siguieran en sus puestos y apoyaran desde dentro del Gabinete una política antigubernamental. Farage ha presionado durante años para que se celebrara un referéndum sobre la salida de Gran Bretaña de la UE y ha encabezado la principal campaña en favor del “Leave”. Corbyn, euroescéptico confeso, se ha tenido que alinear con la posición europeísta de su partido, pero lo ha hecho de forma tibia y no ha movilizado al laborismo en pro de la permanencia. Pero, por encima de todo, hay que responsabilizar a una mayoría del pueblo británico que ha votado libremente por la salida, aunque de forma poco consciente y sin suficiente conocimiento de causa. Como señaló Conan Doyle –a través de su genial personaje Sherlock Holmes- se empieza por deformar los hechos para acercarlos a las teorías y se acaba por encajar las teorías en los hechos. Esto es lo que –en opinión de Pedro G. Cuartango- ha ocurrido en el Reino Unido, donde la mayoría de sus ciudadanos ha votado sin conocer los hechos y en base a un estereotipo de la UE muy alejado de la realidad. Es sintomático que, un día después a la votación, las consultas más numerosas recibidas en Google versaran sobre “¿qué es la UE?” y sobre “¿cuáles serán las consecuencias del Brexit?”. Buenas preguntas a plantear el día antes y no el día después de la votación. Ello pone de manifiesto la irracionalidad del proceso, la mala fe de los promotores de la salida y la incompetencia de los opositores a la misma. Como afirmó William Yeats,”los mejores carecen de convicciones y los peores están cargados de apasionada intensidad”. Los principales argumentos esgrimidos en pro del “Brexit” –a cual más falaces y carentes de rigor-se han basado en la pérdida de soberanía por la intromisión de la UE, el descontrol de la emigración, el aumento de la inseguridad y el empeoramiento de las condiciones económicas. 1) Según Johnson, la soberanía británica se ha visto gravemente erosionada por la UE, que peca de exceso legislativo y activismo judicial. Se ha convertido en un proyecto político regido por la supranacionalidad que escapa al control democrático. Ha ignorado a sabiendas que los órganos co-legislativos son el Consejo -formado por los Estados miembros que pueden recurrir al veto a la adopción de normas, del que ha usado y abusado con frecuencia el Reino Unido- y el Parlamento Europeo democráticamente elegidos. 2) Afirmar que la inmigración disminuiría con la salida ha sido uno de los grandes señuelos mendaces de los defensores del “Brexit”. Gran Bretaña no es parte en el Acuerdo de Schengen y no ha aceptado la libertad de movimiento de personas en el marco de la UE. Tan sólo tiene que acoger a los nacionales de los demás Estados miembros, al igual que éstos deberán hacerlo con los británicos –sólo en España residen unos 350.000 jubilados de esta nacionalidad, que se benefician de los servicios públicos españoles-. La gran mayoría de los inmigrantes proceden de los Estados que fueron territorios británicos, por lo que la salida de las UE no provocaría el cese de ese flujo. Gran Bretaña no ha admitido ni a un solo refugiado como consecuencia de la política migratoria de la Unión. 3) El Reino Unido nunca ha cedido a la UE el control de sus fronteras, por lo que su abandono no afectará en absoluto al mismo, ni mejorará la seguridad del país. Antes al contrario, su salida lo hará más vulnerable e inseguro pues, en un mundo globalizado, su capacidad de lucha contra el terrorismo, la delincuencia internacional y la inmigración ilegal se verá adversamente afectada por el aislamiento, ya que necesita la cooperación de todos los países, especialmente de los de su entorno. 4) Gran Bretaña se quejó desde el principio de aportar a la UE más de lo que de ella recibía, pero –amén de no cuantificar importantes beneficios no reflejados en los presupuestos- se ha lucrado con el “cheque británico”, por el que todos sus socios la subvencionan financieramente. Jonson y Farage mantuvieron que el “Brexit” liberaría importantes recursos que permitirían al Gobierno británico aportar 350 millones de libras semanales a la sanidad pública (NHS), pero, tras la celebración del referéndum, han reconocido con desfachatez que sus cálculos eran erróneos y sus promesas irrealizables. La salida va a suponer cuantiosas pérdidas económicas para el Reino Unido, pero también para la UE y la comunidad internacional en general, como se ha puesto de manifiesto con el desplome de las bolsas el día siguiente a la votación: 13.46% en Grecia, 12.48% en Italia, 12.35% en España, 8.04% en Francia, 6.82% en Alemania y…sólo 3.15% en Gran Bretaña. Formalización del abandono de la UE El referéndum es por ahora un acto político interno sin relevancia internacional. Hasta que Gran Bretaña no solicite formalmente su salida de la UE no se iniciará el proceso de separación previsto en el Tratado de Lisboa de 2007. Según su artículo 50, el Estado que pretenda separarse deberá notificarlo al Consejo Europeo y la Unión concluirá con él un acuerdo que recoja los términos de su retirada, que deberá ser aprobado por el Consejo por mayoría cualificada -55% de los miembros y 65% de la población-, previo consentimiento del Parlamento Europeo. El artículo es vago e impreciso en cuanto al procedimiento de salida, limitándose a fijar un plazo máximo para su negociación de dos años, ampliable a otros dos. Mientras no entre en vigor el acuerdo no cesará de aplicarse al Reino Unido la normativa comunitaria. Cameron se ha tomado tiempo hasta Octubre para pasar el muerto a su sucesor y tratar de mejorar la posición negociadora de Gran Bretaña. En el ínterin, seguirá siendo miembro de pleno derecho de la UE. Ésta desearía que las negociaciones se iniciaran cuanto antes para limitar la incertidumbre y el efecto contagio –partidos euroescépticos de Francia, Italia, Países Bajos, Dinamarca y Alemania ya han reclamado la celebración de similares referendos de salida-, pero el proceso no se iniciará hasta que no se produzca la solicitud británica, para lo que no hay plazo, e incluso podría no producirse. La UE ha de enfrentarse con determinación a la situación creada por la deserción del Reino Unido para acabar cuanto antes con lo incertidumbre –fatal para los mercados financieros-, tomar las medidas necesarias para paliar las sobredimensionadas consecuencias económicas y financieras, y frenar el contagio del precedente británico, a cuyos efectos ha creado la correspondiente “task force”.Es fundamental enviar mensajes claros de que la UE controla la situación y no existe vacío legal. A par, debe reflexionar y examinar lo que se ha hecho mal para tratar de corregirlo y prestar mayor atención a las necesidades reales de los ciudadanos europeos. La auto-exclusión de Gran Bretaña mejorará el enrarecido ambiente y permitirá reconstruir la unidad y la cohesión interna de la UE y relanzar el proceso de integración completando la unión monetaria, bancaria, fiscal, financiera y económica, incluida la mutualización de la deuda. Habrá que focalizarlo en torno a un núcleo duro en un régimen de dos o más velocidades y establecer en su derredor círculos concéntricos en los que encuentren acomodo los socios menos interesados en el proceso de integración. El inicio de la negociación del acuerdo de retirada está supeditado a la presentación formal de petición de la misma por parte del Gobierno británico y no se producirá con antelación a dicha presentación. Los Presidentes de las principales instituciones comunitarias y el Parlamento Europeo le han pedido que la presente lo antes posible para no prolongar innecesariamente la situación de incertidumbre. La negociación será larga y compleja porque –como ha señalado Jean-Claude Piris- hay que decidir sobre complicadas disposiciones jurídicas y precisar los derechos y obligaciones de Estados, empresas e individuos. Juncker ha dicho que difícilmente puede haber un divorcio amistoso cuando nunca ha habido historia de amor. Gran Bretaña entró de mala gana en la CEE y pretendió imponer su concepción de la institución de forma poco constructiva mediante la confrontación. No obstante, creo que se debería buscar una solución justa, rápida y la más amistosa posible. Mas, la Unión debe ser muy firme con Gran Bretaña ante el gran daño que frívolamente le está causando, no concederle privilegio alguno que no esté basado en la reciprocidad y tratarla de forma no privilegiada como a cualquier otro Estado extra-comunitario. Como dijo el Cónsul Escipio a los asesinos de Viriato, ¡“Roma no paga traidores!”. Madrid, 27 de Junio de 2016

Consecuencias nocivas del Brexit para la UE y Gran Bretaña

CONSECUENCIAS NOCIVAS DEL BREXIT PARA LA UE Y GRAN BRETAÑA José Antonio de Yturriaga Barberán, Embajador de España (21-VI-2016) Aunque Winston Churchill fue el primer ideólogo y visionario de una Europa Unida, Gran Bretaña no se sumó al inicio del proceso de integración europea. Churchill se debatió entre su deseo de dar continuidad al Imperio Británico y su percepción de la necesidad de una Europa unida, y de ahí su ambigüedad en el momento de su gestación. No veía al Reino Unido en Europa, pese a ser partidario de su integración en el nuevo ente “in fieri”, porque temía el excesivo federalismo y la aspiración supranacional de los padres fundadores y la incidencia adversa en la Commonwealth y en sus lazos especiales con Estados Unidos. Por ello, decidió no unirse en 1951 a la Comisión Europea del Carbón y del Acero. Puso de manifiesto sus dudas hamletianas al afirmar: ”Estamos en Europa, pero no somos Europa. Estamos vinculados, pero no atados”. Reflejaba así el excepcionalismo británico y su autonomía respecto a Europa, que le daban derecho a un tratamiento especial. Cuando vio que el modelo limitado de la CECA se ampliaba en 1957 a toda la economía con la creación de la Comunidad Económica Europea, el Reino Unido se preocupó y, para contrarrestar a la CEE, constituyó la Asociación Europea de Libre Comercio en 1960. Su intento tuvo escaso éxito y Gran Bretaña dejó tirada a la EFTA y solicitó su ingreso en la Comunidad con el fin de frenar desde dentro el proceso que no había podido controlar desde fuera. Charles De Gaulle le pasó factura y la tuvo una temporada en la “dog house”, hasta que finalmente dio la venia para su ingreso en 1973. Diferencias entre España y Gran Bretaña con respecto a la UE La incorporación de España a la CEE fue asimismo laboriosa a pesar de su vocación europeísta, aunque por razones diferentes. Era el “quiero pero no puedo”, frente al “puedo pero no quiero” del Reino Unido. En 1962 solicitó la admisión, pero fue ignorada por la Comunidad por razones políticas y tuvo que esperar cinco años para el inicio de las negociaciones, de las que se excluyó la posibilidad de adhesión e incluso de asociación –que sí sería concedida a Grecia y a Turquía- y sólo logró firmar un Acuerdo Comercial en 1970. Tras el restablecimiento de la democracia en 1977, España reiteró su solicitud y –pese a haber superado los obstáculos políticos- el Tratado de Adhesión no se firmó hasta 1985 y España ingresó en 1986. Aunque las condiciones para la entrada fueron leoninas, España ha sido ampliamente beneficiada de su ingreso, tanto en el plano económico como en el político. Como afirmó Pedro Solbes, la adhesión de España a la CEE “ha reforzado nuestro anclaje en las instituciones occidentales, ha reactivado toda nuestra estructura social, administrativa y económica, obligando a su modernización, y ha presentado un desafío y un estímulo para los políticos y la población”. Favoreció la consolidación de la democracia en el país. El Reino Unido y España se encuentran en distinta longitud de onda, pues mientras ésta ha sido hasta ahora un socio convencido y apoyado el proceso de integración, aquél se ha mostrado como un socio reticente que ha pretendido limitar la UE a una simple unión comercial y actuado en ocasiones como un auténtico caballo de Troya en el seno de la Unión para dificultar desde dentro los intentos en pro de una mayor integración. Gran Bretaña ha sido fiel cumplidora de las obligaciones impuestas por los tratados constitutivos en lo relativo al mercado único y a las políticas comunes, pero ha supuesto un obstáculo permanente para el avance del proceso integrador en otros ámbitos y, para diluirlo, propugnó la ampliación de la CEE hasta los 28 miembros actuales de la UE Cuando no lograba pararlo, recurría a la cláusula de “opting-out” que le permitía zafarse de sus obligaciones, como en el caso de la libertad de movimiento de personas establecida en el Acuerdo de Schengen o de la Unión Monetaria Europea y la adopción del euro como moneda común. Consiguió en 1992 que del Tratado de Maastricht se suprimieran los calificativos “federal” y “legislativo” con respecto al carácter de la UE y de sus actos. Luchó contra el Tratado de 2004 sobre una Constitución para Europa y consiguió que fuera sustituido por el más descafeinado de Lisboa de 2007, cuya aspiración de “lograr una unión cada vez más estrecha en Europa” no aceptó e introdujo en su texto algunas cláusulas que consagraban su excepcionalidad. El Gobierno británico se excluyó en 2012 del Pacto para la Austeridad, la Coordinación y la Gobernanza, y forzó una disminución de los presupuestos de la UE, pese al incremento de sus gastos por el aumento de sus miembros. David Cameron se jactó de haber ido más allá que Margaret Thatcher, pues había logrado recortar el presupuesto europeo y vetar tratados. Anunció por sorpresa la convocatoria de un referéndum para que el pueblo decidiera si Gran Bretaña debería salir o no de la UE (“Brexit”), que se celebrará el próximo 23 de Junio. Acuerdo entre Gran Bretaña y la UE Cameron celebró negociaciones con la Comisión Europea en las que exigió la desaceleración del proceso integrador, la renacionalización de competencias ya cedidas, la limitación de la libertad de movimiento de personas, la reducción de los derechos reconocidos a los trabajadores de otros Estados miembros, el fortalecimiento de las cláusulas de “opting-out”, la no discriminación de sus empresas y la preservación del privilegiado estatuto financiero de la City de Londres. Consciente de las graves consecuencia que tendría el “Brexit “, la UE ha cedido parcialmente ante el órdago británico y alcanzado un acuerdo, con el que -como ha observado Francisco Sosa- los Estados miembros han consentido que el egoísmo de un país y sus paranoias se impongan a conquistas capitales de los ciudadanos europeos. Sólo ha conseguido en parte la garantía de continuidad del protagonismo financiero de la City y de trato igual a las empresas de los Estados que no acepten el euro, al imponer una cláusula de salvaguardia a invocar cuando estimare que una decisión financiera o regulatoria de la UE fuera muy perjudicial para sus intereses, pero su redacción es imprecisa y se presta a diversidad de interpretaciones. Ha salido airoso al lograr que se reconozca que el compromiso de procurar “una unión cada vez más estrecha” no se aplicará a Gran Bretaña, mas -como ha observado Araceli Mangas- no cabe la exoneración de un compromiso que no supone “per se” una mayor integración en el seno de la UE, pues. se trata de una declaración de principio que, para ser llevada a cabo, necesitará la modificación de los tratados, lo que requerirá la aceptación de todos los Estados miembros. El Acuerdo no entrará en vigor hasta que Gran Bretaña haya confirmado su permanencia en la Unión. La confección de un traje a la medida británica supone la consagración de un régimen excepcional que rompe la unidad y la cohesión interna de la UE, y dificultará el proceso de integración. Sin embargo, no hace más que constatar una situación de hecho: el régimen especial que se ha auto-concedido el Reino Unido con su reiterado recurso a la cláusula “opting out”, y que ha sido tolerado por los demás miembros. Como en la fábula orwelliana, todos los “pigs” son iguales, pero algunos son más cerdos que otros. El principal inconveniente es el posible efecto mimético del precedente, que puede llevar a otros Estados miembros a pedir un trato similar. Con ello se legaliza la situación fáctica de una Unión a dos o más velocidades. Como las consecuencias del “Brexit” podrían ser más graves, lo socios han aceptado al Acuerdo como un mal menor. Habrá que ver si estas concesiones favorecerán el voto afirmativo del pueblo británico a la permanencia en la institución, lo que no es del todo seguro. Al final, el voto se definirá en una movilización emocional entre el ser y el no ser del Reino Unido y su acomodo en Europa. Según Herry Kamen, Gran Bretaña ha dejado de ser una isla al estar unida a Europa por todos los medios posibles y los votantes tendrán que decidir si van a ganar algo tratando de ajustar el reloj 40 años hacia atrás. Previsibles consecuencias negativas del Brexit Cameron ha cometido un grave error al convocar el referéndum y dado muestras de egoísmo e irresponsabilidad al poner a la UE contra las cuerdas. El recurso de las democracias parlamentarias a los referendos es poco ortodoxo, pues las decisiones sobre los temas importantes deben ser adoptadas por el Gobierno y por el Parlamento. Pasar al pueblo la “patata caliente” de decidir sobre cuestiones complejas y delicadas es un acto demagógico y populista más propio de los regímenes autocráticos. El principal objetivo de Cameron ha sido neutralizar la creciente presión del Partido de la Independencia del Reino Unido, del sector más antieuropeo de su partido y del euro-escepticismo de buena parte de la opinión pública británica, y chantajear a la UE para que aceptara sus reivindicaciones sobre un régimen especial, pero ha incurrido en un error de cálculo al actuar de aprendiz de brujo, pues –para salvar su pellejo político- ha desencadenado unas fuerzas que podrían llevarse por delante a él mismo, a su partido, al Reino Unido y a la UE. Como ha observado Enrique Barón,el euroescepticismo es como el colesterol, que puede ser malo o bueno y hay que buscar un adecuado equilibrio. Cameron ha promovido el euroescepticismo malo al haber lanzado una acerba campaña de desprestigio de las instituciones de la UE y ahora carece de credibilidad y no está en condiciones de hacer una defensa convincente de la necesidad de que Gran Bretaña permanezca en la Unión, lo que le ha provocado un “estado de pánico”. Tampoco le está ayudando el líder laborista Jeremy Corbin, que en 1975 votó contra la permanencia del Reino Unido en la CEE. En cambio, los antiguos dirigentes Tony Blair, Gordon Brown y Neil Kinnock han llamado a rebato para que el laborismo apoye el SÍ, y a ellos se ha unido el nuevo Alcalde de Londres, el anglo-paquistaní Sadik Khan, que en vísperas del referéndum celebrará un debate con su predecesor Boris Johnson, principal adalid del Brexit. La cuestión de la pertenencia a la UE se está abordando de forma más visceral que racional, explotando los euro-escépticos el sentimiento atávico de independencia, superioridad y especificidad de los británicos. Se vaticina una considerable abstención, especialmente entre los jóvenes -que son los más proclives a continuar en la Unión-, a lo que pueden contribuir las dificultades técnicas para registrarse y el inicio un día antes del referéndum del Festival de Glastonbury, al que asistirán unos 200.000 jóvenes. Las fuerzas están igualadas y existe un empate técnico, aunque las últimas encuestas de You Gov e ICM dan una leve ventaja al NO, pero la situación es muy fluida, hay numerosos electores indecisos y cabe esperar que al final se impongan el sentido común y el pragmatismo. Las consecuencias del Brexit serían nocivas para la UE, pero lo serían aún más para Gran Bretaña, que –amén de las desastrosas consecuencias económicas a corto plazo- podría provocar la independencia de Escocia y poner en peligro la paz en Irlanda del Norte. No hay que dramatizar en exceso la situación, pues no supondría el fin de la UE y acaso venga a cuento el adagio de “a enemigo que huye, puente de plata”. Para superar la crisis necesita ésta más Europa en vez de menos, como pretende el Reino Unido, pues –como ha recordado Barack Obama- es un proyecto, “un camino que cobra sentido según se construye” y el Reino Unido “estará en su mejor posición ayudando a liderar una fuerte UE”. No obstante, cualquiera que sea el resultado del referéndum, no quedará resuelta la cuestión de las relaciones de la Unión con Gran Bretaña, que seguirá siendo una china en el zapato comunitario. Viene a mi mente la popular coplilla andaluza:´”Ni contigo ni sin ti, tienen mis penas remedio. Contigo por que me matas y sin ti porque me muero”.

lunes, 6 de junio de 2016

El mito de la victoria inglesa sobre la Gran Armada y sus repercusiones en Irlanda

EL MITO DE LA VICTORIA INGLESA SOBRE LA GRAN ARMADA Y SUS REPERCUSIONES EN IRLANDA (6-VI-2015) El Instituto Cervantes de Dublín ha celebrado unas jornadas bajo el título “Rememorando la Armada a su paso por Irlanda”, en la que han intervenido Leoncio González de Gregorio y Álvarez de Toledo, Duque de Medina Sidonia –descendiente del Comandante en Jefe de la expedición- y el profesor de UCD Declan Downey. Al mismo tiempo, Radio Nacional de España ha realizado un programa especial titulado “No es un día cualquiera”, presentado por Pepa Fernández. El evento trae a mi memoria la serie de actividades que la Embajada de España en Irlanda y su Instituto de Cultura realizaron en 1988 con motivo de la celebración del IV Centenario de la Gran Armada. Conmemoración en Irlanda del IV Centenario de la Gran Armada A finales de 1987 me encontré en mi puesto de Embajador en Dublín con este aniversario, cuya celebración estaba siendo cuidadosamente organizada por Gran Bretaña y por Irlanda, que había establecido una Comisión Conmemorativa al efecto. Con este motivo, historiadores británicos investigaron a fondo el acontecimiento y –quizás por primera vez- se llevó a cabo un estudio objetivo que acabó con muchos de los mitos y estereotipos creados por la “agit-prop” inglesa y la leyenda negra alentada por Antonio Pérez y los exilados españoles detractores de Felipe II. Fueron éstos los que calificaron mordazmente la Armada de “Invencible”, cuando su título oficial era el de “Grande y Felicísima Armada”, aunque al final no resultara tan feliz. España también creó un Grupo de Investigación en torno al Instituto de Historia y Cultura Naval, que recopiló y publicó documentos reveladores, algunos de ellos inéditos. El Gobierno español decidió –a mi juicio erróneamente- no conmemorar el Centenario, ni colaborar al respecto con el Gobierno británico y dio instrucciones a su Embajador en Londres para que mantuviera la Embajada al margen. Por mi parte, traté de convencer al Ministerio de Asuntos Exteriores para que permitiera a la Embajada en Dublín cooperar con la Comisión Conmemorativa Irlandesa, argumentando lo siguiente: Irlanda era bien distinta de Inglaterra y -al contrario que ésta- se había comportado relativamente bien con los supervivientes de la Armada; “les absents ont tojours tort” y, si España no ofrecía su versión de lo ocurrido, la opinión pública irlandesa sólo conocería la versión inglesa; convenía explotar el sentimiento antibritánico de la mayor parte del pueblo irlandés; se debía de informar a la opinión pública de la importante ayuda que España prestó a Irlanda frente al país ocupante; no se trataría tanto de una “celebración” –dado que había poco que celebrar-, como de la “conmemoración” de un hecho relevante para la Historia de Europa…Eran argumentos de peso que dieron su fruto y el Ministerio me dio el “placet” para actuar, aunque me exhortó a ser cauto. El Instituto Cultural se incorporó a la Comisión Conmemorativa y la Embajada colaboró en las actividades organizadas por las entidades públicas y privadas, al par que realizó sus propios actos conmemorativos de la efeméride. En Julio organizó una Semana Marítima Española, cuyos platos de resistencia fueron la celebración en el Museo Cívico de Dublín de una exposición sobre “La Marina Española a finales del siglo XVI y relaciones hispano-irlandesas” y la presencia en la capital del buque-escuela “Juan Sebastián Elcano”. La exposición –que se puso llevar a cabo gracias a la colaboración del Museo Naval de Madrid, del Archivo de Simancas y del Museo Nacional de Irlanda- se exhibió posteriormente en Limerick, Galway y Sligo, así como –en una versión reducida- en los pueblos de Ballyferriter, Banagher y Dun Chaoin. El buque-escuela fue el centro de la actividad cultural y social de las Jornadas. A bordo se celebraron una mesa redonda sobre “La Gran Armada”, un concierto de música española del siglo XVI por parte del grupo “Taller Ziryab” y una gran recepción a la que asistió el “todo Dublín”. El curso universitario de verano de la “Cuman Merriman School” estuvo monográficamente dedicado a “Irlanda y España” y en el participaron personalidades como Hugo O’Donnell, Peter Sutherland, Dermoth Keogh, el Embajador irlandés en España, Geraoid O’Cleirigh y yo mismo, que pronuncié el discurso de clausura. En Septiembre, coincidiendo con el aniversario de los naufragios, se realizaron numerosas actividades, entre las que cabe destacar la inauguración en Stredagh por el Presidente de la República, Patrick Hillery, de un monumento en memoria de las víctimas de las naos “Lavia”, “Juliana” y “Santa María de Visión”. Asimismo se inauguraron monumentos similares en recuerdo de los náufragos de la “Trinidad Valencera” en Kinagoe Bay y de la “Santa María de la Rosa” en Dun Chaoin, así como en el Cementerio de Galway, donde estaban enterrados los 300 tripulantes de los buques “Falcón Blanco Mediano” y “Concepción Cano“. Se estrenaron sendas cantatas inspiradas en la crónica del Capitán Francisco de Cuellar, con música de Seoirse Bodley –“Carta Irlandesa”- y de Michael O’Suilleabhain –“Noches en los jardines de Clare”-. Se celebró una exposición en Sligo del pintor Bernard MacDeogh sobre la Armada y se colocó en Kinlough un mural sobre “La ruta de Cuéllar”. El Instituto Cultural convocó un concurso literario entre estudiantes irlandeses sobre la expedición española –cuyos premios fueron entregados por la Ministra de Educación Mary O’Rourke- y el Servicio Postal lanzó un sello conmemorativo con la efigie de la nave “Duquesa Santa Ana”. Pero el acto de mayor relevancia cultural e histórica fue el Simposio sobre “La Gran Armada, Irlanda y Europa”, celebrado en Sligo bajo los auspicios de UCD y de la Embajada, en el participaron destacados historiadores de España, Gran Bretaña, Irlanda, Holanda y Estados Unidos, como Felipe Fernández Armesto, Hugo O’Donnell, Colin Martin o John Dougherty, en el que presenté una ponencia sobre Cuéllar. La participación de la Embajada en la conmemoración constituyó un considerable éxito. Versión auténtica de lo que ocurrió a la Gran Armada Tanto por parte británica como española, la Historia ha presentado el fracaso de la invasión de Inglaterra por parte de España como una gran derrota para ésta y una tremenda victoria para aquélla, pero no fue del todo así. De parte española, se atribuyó el desastre al empecinamiento de Felipe II y a su obsesión por hacer retornar Inglaterra a la fe católica, y a la incompetencia del Duque de Medina Sidonia. En un reciente episodio de la serie televisiva “El Ministerio del Tiempo” dedicado a la Armada, se afirmaba taxativamente que los ingleses había derrotado a la Armada Invencible. El fracasoo de la flota más poderosa a finales del siglo XVI fue festejada en Inglaterra como uno de sus mayores éxitos y un momento culminante en la Historia de la nación, que consagró la supremacía de la reina Isabel I en Europa. Se exaltó hasta el paroxismo a los almirantes ingleses Lord Charles Howard, John Hawkin, Martin Frobisher y, sobre todo, el corsario Francis Drake, del que se contaba que, cuando la flota española comenzaba el sitio de Plymouth –cosa que nunca se produjo- estaba jugando una partida de bolos que se negó interrumpir y exclamó:”Tenemos tiempo de acabar la partida y luego derrotaremos a los españoles”. Una investigación seria de los hechos propiciada por el centenario puso de manifiesto la falacia de una Historia manipulada. España perdió una buena parte de los buques que componían la Armada, pero no por los ataques de la flota inglesa –que solamente hundió un navío español en combate- sino como consecuencia de una desfavorabilísimas condiciones meteorológicas y del fallo de uno de los puntos clave del plan de Felipe II, al no conseguir Alejandro Farnesio, Duque de Parma, apoderarse en Flandes de un puerto de aguas profundas en el que pudiera recalar a salvo la Armada para recoger a las tropas españolas que deberían invadir Inglaterra. Como destacó la propaganda inglesa, Dios estuvo de parte de Inglaterra y los “vientos protestantes” derrotaron a la flota papista. Ello quedó reflejado en las palabras atribuidas al Rey prudente:”No he mandado mis buques a luchar contra las tempestades” o “¿Dónde estaba Dios cuándo se hundió mi flota?”. Lo que realmente ocurrió ha sido reconocido en un reciente documental de la BBC sobre “La Historia desconocida de la Gran Armada Española”, producida por Dan Snow con el asesoramiento del profesor Geoffrey Parker, y cuyos episodios fueron transmitidos en la TV española a partir de las 12.30 de la madrugada. Felipe II -que había sido rey consorte de Inglaterra con Maria Tudor- mantuvo durante algún tiempo buenas relaciones con Isabel, hermanastra de su viuda. Las relaciones se deterioraron debido al mal trato dado por los anglicanos a los católicos –que culminó con el encarcelamiento y ulterior ejecución en 1587 de la Reina de Escocia, María Estuardo-, los reiterados ataques de los piratas y corsarios ingleses a las naves españolas en América y los apoyo de todo tipo prestados a los rebeldes protestantes de los Países Bajos. Felipe II basó jurídica y políticamente su plan de acción en la bula del Papa Paulo V, que excomulgaba a Isabel y exhortaba a los monarcas católicos a destronarla. Planeó una gran operación naval y terrestre para invadir Inglaterra desde Flandes con el fin de derrocar a la Reina Virgen, aunque no para conquistar u ocupar el país. Decidió formar una Gran Armada para trasladar tropas y suministros desde Lisboa a Flandes y, desde allí, invadir Inglaterra junto con los tercios dirigidos por el Duque de Parma. Encomendó la misión a Álvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz, el gran Almirante vencedor en Lepanto, y en 1587 se iniciaron los preparativos para la expedición, que se vieron adversamente afectados por la muerte intempestiva de Santa Cruz y por el ataque a Cádiz de Drake, que destruyó buena parte de la impedimenta preparada y provocó el retraso de la expedición de casi un año. Especial incidencia tendría la destrucción de barricas y toneles para el transporte de provisiones, que tuvieron que ser sustituidos por otros de madera joven, que causaron el deterioro del agua y de los alimentos durante la travesía. Para sorpresa general, Felipe II encomendó el mando de la Armada a Alonso Pérez de Guzmán, Duque de Medina Sidonia, Capitán General de Andalucía. Aunque éste se resistió alegando no tener experiencia naval, el Rey le obligó a aceptar, porque era una persona de alta alcurnia, con acreditada experiencia militar, buen administrador y sumamente rico. Su escasa experiencia en los mares quedó subsanada con el asesoramiento de los marinos más prestigiosos de la época, como Juan Martínez de Recalde, Blas de Oquendo o Martín de Bertendona. La Historia ha tomado como chivo expiatorio al Duque de Medina Sidonia, al que ha culpado injustamente del fracaso de la Armada, pero gracias a las recientes investigaciones, su figura ha quedado reivindicada, como ha puesto de manifiesto su sucesor González de Gregorio en su ponencia dublinesa sobre “La Armada, el milagro que no fue”. Felipe II encomendó a Medina Sidonia la tarea de conducir una flota de 130 buques desde Lisboa a Flandes bordeando la costa inglesa a lo largo del Canal de La Mancha. De éstos 130, sólo 22 eran navíos de guerra -con una dotación de 7.000 marineros- y los otros 108 eran mercantes que transportaban 20.000 soldados, caballos e impedimenta de guerra. Avanzaron en formación de media luna con los buques de guerra protegiendo los flancos, y los navíos ingleses no lograron romper la formación de la flota, que navegó delante de sus narices a todo lo largo de su costa. Pese al continuo hostigamiento de la flota inglesa –que doblaba en número a la española pues contaba con 333 navíos-, la Armada llegó a su destino habiendo perdido tan sólo al “San Salvador” –que se hundió tras una explosión- y a “Nuestra Señora del Rosario” –que, tras sufrir la rotura del palo mayor en una colisión, tuvo que ser dejado a su suerte-. Aquí cabe recordar el hecho de Medina Sidonia no atacó -como le propuso el 2º Comandante, Martínez de Recalde- al núcleo principal de la flota inglesa refugiada en el puerto de Plymouth y atrapada en circunstancias sumamente desfavorables, porque siguió estrictamente las instrucciones del Rey de reunirse cuanto antes con las tropas de Farnesio. Fue el Duque de Parma el que no cumplió la misión encomendada de conquistar un puerto de aguas profundas en el que pudiera recalar la Armada con el fin de recoger las tropas que deberían invadir Inglaterra desde Flandes. Los galeones españoles eran demasiado voluminosos para acercarse a las costas holandesas, cuyas aguas eran poco profundas y estaban llenas de bajíos, y, de ahí, la importancia de la labor encomendada a Farnesio de conquistar un puerto seguro, que no consiguió por la hábil actuación e la flota de los Países Bajos que dejó a sus tropas bloqueadas en Dunkerke. Como ha señalado el arqueólogo marino Desmond Branigan, el viaje y la actuación de la Armada desde que zarpó de Lisboa hasta el punto en que navegó hacia el Atlántico al norte de Escocia, guardando su formación con más de cien navíos que la componían en buen funcionamiento, deberían ser calificados como el acto más grande de la épica marina de todos los tiempos. De no haber sido por las excepcionalmente severas tormentas provocadas por el equinoccio otoñal que encontraron sus barcos, en vez de dispersarse como lo hicieron, habrían logrado regresar a sus bases. Pese a todo, y conforme a cualquier tipo de estándares, la travesía fue una aventura que alcanzó un apogeo de valor, aguante y supremo arte marinero, y resultó realmente un auténtico logro. Supuso la primera operación de un convoy naval en la historia de la navegación. Peripecias de la Gran Armada en Irlanda Cuando la Armada llegó a su destino y no halló un puerto seguro donde guarecerse, tuvo que anclar sus naves en mar abierto frente al puerto de Calais, y éste fue el momento crítico que hizo vulnerable a una Armada hasta entonces habia actuado de forma impecable. En la madrugada del 29 de Julio de 1588, el Almirante Hawkin recurrió a la estratagema de enviar ocho “brûlots” contra la inerme flota española. Eran éstos unos artefactos ideados por el ingeniero Gianibelli, consistentes en viejos barcos cargados de pólvora, explosivos y material inflamable, que se lanzaban contra buques anclados y otras instalaciones para hacerlos explotar. Ya habían sido utilizados con éxito por los holandeses en 1585 en el asedio de Amberes por las tropas de Farnesio, pues destruyeron el puente de barcas tendido por los españoles sobre el río Escalda. Ante la amenaza de los brulotes cundió el pánico entre los componentes de la Armada y cada navío se hizo a la mar por su cuenta, perdiendo en la despavorida huida anclas y aparejos. Tuvo lugar entonces la batalla de las Gravelinas, en la que -pese a las circunstancias extremadamente adversas- sólo se perdió un navío en combate y otro que encalló en los bajíos holandeses. Por primera vez desde que salió de Lisboa, se rompió la disciplinada formación de la Armada y, en su alocada huida, los buques se vieron arrastrados por los vientos hacia las peligrosas costas holandesas. Cuando se temía un encallamiento masivo, cambió providencialmente la dirección del viento y las naves fueron empujadas hacia el Norte. Medina Sidonia trató de reagrupar a la flota, pero –al no permitirlo el vendaval- dio ordenes a sus buques de mantener rumbo Norte-Nordeste, bordear Escocia y regresar a España, teniendo cuidado de evitar Irlanda “por temor a los peligros que puedan acecharnos a lo largo de su litoral”. Los 87 barcos que siguieron las instrucciones de Medina Sidonia consiguieron regresar a puertos españoles, mientras que los 26 que no quisieron o pudieron seguirlas naufragaron en las costas irlandesas a partir del 21de septiembre, día en que –según Stuart Daultry en su artículo “El tiempo en el noroeste de Europa en el verano y en el otoño de 1588”- se produjo una de las mayores galernas y peores tormentas jamás registradas en la historia de la meteorología. Dolores Iglesias y Pilar San Pío han mantenido que los naufragios en las costas irlandesas afectaron a 6.000 hombres, de los que 3.750 resultaron ahogados o muertos como consecuencia de sus heridas o enfermedades, 1.100 fueron ajusticiados por las autoridades inglesas, 400 fueron matados por los nativos y 750 sobrevivieron, la mayoría de los cuales consiguió regresar a España a través de Escocia. En el discurso que pronunció durante la inauguración del monumento de Stredagh, el Presidente Hillery afirmó lo siguiente: “La Historia ha dejado constancia de que cientos e incluso miles de supervivientes de los naufragios fueron desvalijados, asaltados y muertos, mientras trataban de llegar a tierra. Este cruel tratamiento reflejaba las circunstancias de las formas de vida en las costas. Las tropas inglesas estaban decididas a que los españoles no conservaran sus vidas por temor a que pudieran ayudar a los rebeldes irlandeses. Muchos irlandeses se unieron a los expolios y a las matanzas en colusión con las tropas inglesas o por beneficio personal”. El periodista Den Rush, a su vez, destacó que los irlandeses deberían recordar el 400 aniversario del desastre de la Armada Española con vergüenza porque,”en gran medida, saqueamos los buques naufragados y asesinamos a los supervivientes y –lo que los agentes de la Corona inglesa no consiguieron hacer- lo hicimos nosotros con sangriento y codicioso entusiasmo”. Pensé que éstas y otras sinceras manifestaciones auto-inculpatorias merecían ser matizadas y realicé una modesta investigación, que se plasmó en un artículo sobre “Actitudes en Irlanda hacia los supervivientes de la Armada Española”, que publiqué en la revista “The Irish Sword”. Sin embargo, este comportamiento no fue uniforme y varió de forma notable según se tratara de las autoridades inglesas y del personal a su servicio, de los jefes locales o del pueblo llano. Actitudes en Irlanda hacia los supervivientes de la Armada La reacción del “establishment” inglés fue obvia y comprensible, por temor a que los españoles pudieran unir sus fuerzas a la de los rebeldes irlandeses para luchar contra la ocupación, pues –como reconoció el Gobernador de Dublín, Sir William Fitwilliam- sólo disponían de 750 soldados de infantería y la caballería era poco operativa por falta de herraduras. De ahí sus drásticas instrucciones desde el primer momento: apoderarse de los buques y su carga, y prender y ejecutar a todos los españoles, cualquiera que fuera su categoría. El Gobernador de Connacht, Sir Richard Bingham, ordenó que no se les diera cuartel y amenazó con la pena de muerte a quienes los ayudaran. En una carta a Isabel I presumió de haber ejecutado a 1.100 españoles de los 12 buques naufragados en su jurisdicción. El propio Fitzwilliam comentó que, dado que Dios había consentido arrojar a las costas irlandesas a los españoles, algunos de ellos ya muertos, él sería su representante para deshacerse de los demás. El caso más sangrante fue el de la matanza en Ellagh de más de 200 españoles de la “Trinidad Valencera” comandados por Alonso de Luzón, que se habían rendido ante la promesa de Sir Hugo O’Donnell de que sus vidas serían respetadas. Los supervivientes fueron obligados a caminar hasta Drogheda en la costa este y 45 de ellos fueron ejecutados. Los jefes nativos y los religiosos católicos ampararon y auxiliaron a los españoles, salvo excepciones como la de O’Donnell , a quien Turlough O’Neill afeó su cobarde conducta por haberlos traicionado. Curiosamente, su hijo Hugo “el Rojo” encontraría años después refugio en España. Ante las amenazas del Gobernador de que incurriría en la pena de muerte y en la confiscación de sus bienes si no entregaba a los españoles que había acogido, Sorley MacDonnells contestó que antes entregaría su vida y hacienda que mercadear con sangre cristiana. Esta valiente actitud costó la vida a algunos de ellos, como Malachy MacClancy o Brian O’Roarke, que fueron acusados de alta traición. En su poema “O’Roarke’s Request”, T.D. Sullivan pone en boca del ejecutado las siguientes palabras:”Si ésta es la traición de la que me acusáis, bien traición sea./ No escucharéis de mí una palabra de arrepentimiento por semejante falta./Sólo diré que, aunque odiéis a mi raza, mi credo y mi nombre,/si vuestra gente se encontrara en una situación extrema, haría lo mismo con ella”. Fitzwilliam se quejó en un informe a la Reina de que los españoles eran acogidos y socorridos por los campesinos, por lo que se requería un gran esfuerzo para poder capturarlos. Martín López informó por carta a Felipe II acerca de la protección que los rebeldes irlandeses católicos prestaban a los supervivientes de la Armada, y el piloto de la “Trinidad Valencera”, Antonio Martínez, declaró que los paisanos irlandeses los asaltaban y los despojaban de armas, ropa y joyas, pero los trataban bien y les proporcionaban comida y alojamiento. Francisco de Cuéllar describió con gracejo esta situación:”A nosotros nos querían bien estos salvajes porque sabían que veníamos contra los herejes y que éramos tan grandes enemigos suyos y, si no fuer por ellos –que nos guardaban como a sí mismos- por lo más ninguno quedaría de nosotros. Teniámosles buena voluntad por esto, aunque ellos fueran los primeros que nos robaron y desnudaron en carnes a los que vinimos vivos a tierra, de los cuales de las trece naos de la nuestra Armada, hubieron estos salvajes mucha riqueza de joyas y dineros nuestros”. Para mí fue un descubrimiento la carta que el 4 de Octubre de 1589 escribió a un amigo desde Amberes “uno que estuvo en la Armada de Inglaterra y da cuenta de la expedición”, contándole sus increíbles aventuras. Había partido como capitán del galeón “San Pedro”, pero, por desobedecer inadvertidamente las órdenes de Medina Sidonia de que ningún buque navegara por delante de la nao capitana “San Martín”, fue condenado a muerte junto con otro comandante, Cristóbal de Ávila, que fue ejecutado, mientras que Cuéllar fue indultado y relegado al rango de marinero raso en la “Lavia”, con la que naufragó en la bahía de Stredagh. Cuenta con detalle en su crónica como, sin saber nadar, consiguió agarrado a un escotillón llegar a tierra. Fue herido en una pierna por un inglés, pero se libró de la muerte gracias a la intercesión de una moza nativa, que lo desvalijó en correspondencia por su buena acción. Se refugió en la choza de “uno que hablaba latín”, que le facilitó un caballo e inició un periplo a través del país. Encontró refugio en el castillo de Rossclogher –bajo el mando de Malachy MacClancy, lugarteniente de Brian O’Rourke- y, junto con otros españoles, consiguió defender la posición frente a los ataques de las tropas de Fitzwilliam. Huyó cuando MacClancy, en premio a su hazaña, le ofreció la mano de una de sus hermanas. Caminó hasta Ulster a pesar de sus heridas y fue acogido en el castillo de Ocán por el Obispo de Derry, Raymond Gallagher, quien consiguió pasarlo de contrabando a Escocia. Desde allí se embarcó hacia Flandes en un buque enviado por Farnesio, que fue hundido por buques holandeses, pero Cuéllar logró arribar sano y salvo a las playas de Dunkerke. De regreso a España, reclamó en la Corte lo que se le debía y, tras numerosas gestiones, consiguió que Felipe II escribiera en el anverso de un documento:”Q. se le dé cédula para Don Aº de Bazán, que le haga fenecer su qta y pagar lo q. justamente pareciere debérsele”. La crónica de Cuéllar, escrita en excelente castellano, con realismo y sentido del humor, es un auténtico guión cinematográfico, que, en cualquier otro país de nuestro entorno, habría sido objeto de numerosas películas y series televisivas, pero España es diferente.