martes, 28 de junio de 2016

Ni contigo ni sin ti tienen mis penas remedio

El pueblo británico ha optado por el Brexit

EL PUEBLO BRITÁNICO HA OPTADO POR EL “BREXIT”: ¿Y AHORA QUÉ? José Antonio de Yturriaga Barberán, Embajador de España El 23-J ha sido un día aciago para Europa. En mi artículo de la pasada semana afirmaba que cabía esperar que ese día se impusiera en Gran Bretaña el sentido común y el pragmatismo, pero desgraciadamente no ha sido así y el pueblo británico ha optado por desconectarse del continente y regresar a su espléndido aislamiento por 1.269.231 votos -51.9% por el SÍ frente a 48.1% por el NO al “Brexit”-. El 26-J se inauguró la ampliación del Canal de Panamá; tres días antes, se había iniciado la ampliación del Canal de la Mancha. La decisión de salir de la UE ha dejado al Reino Unido más desunido que nunca. Para entender el caos y la confusión creados por la votación, resulta revelador el texto de una carta a la familia de una sobrina inglesa de 12 años: “Estamos totalmente devastados por el voto para dejar la UE. Hoy en las noticias se ha dicho que muchas personas que votaron por la salida desearían cambiar su voto, porque habían votado como protesta contra el Gobierno. Otras también desearían cambia sus votos en pro de la permanencia, porque han sabido que el NHS no recibirá los 350 millones de libras prometidos por los partidarios del “Brexit”. Hay al parecer una petición para la celebración de un nuevo referéndum. Me hace sentirme mejor que la mayoría de los jóvenes votantes apoyaron la permanencia en la UE. Fueros los mayores –los que tienen más de 60 años- los que se pronunciaron por la salida. En mi clase en el colegio, sólo uno entre 30 está contento con el voto por la salida… Sería maravilloso si viviéramos en un mundo de fantasía y la Reina anulara la votación, ya que tiene poderes para hacerlo, pero mis padres dicen que es poco probable que la Reina vaya contra los deseos de su pueblo…”. En efecto, es harto improbable que la soberana intervenga, entre otras razones porque parece estar de acuerdo con la decisión popular. Un ciudadano, Oliver Healy, ha presentado un escrito en la Cámara de los Comunes solicitando la repetición del referéndum, porque no se había logrado un 75% de participación y el SÍ no había superado el 60% de los votos expresados, y su petición ha sido respaldada por más de tres millones de personas. El Parlamento tendrá que debatir sobre la propuesta, aunque no parece probable que la acepte, pese a que la mayoría de la Cámara sea partidaria de la permanencia, aunque sería posible, porque -como ha observado el profesor Andrew Blick- el Reino Unido carece de Constitución y el Parlamento puede hacer básicamente lo que quiera. Según el diputado laborista David Lanny, casi 500 miembros de la Cámara de los Comunes se han mostrado partidarios de la permanencia, está en nuestras manos parar esta locura y “tenemos poderes para convocar un segundo referéndum”. También el veterano lord conservador Michael Helseltine ha propuesto la creación de un grupo multipartidista que estudie la posibilidad de convocar un segundo referéndum. El Gobierno podría, en efecto, repetirlo como se hizo en Dinamarca y, en dos ocasiones en Irlanda. Asimismo podría hacer caso omiso a la decisión popular y no proponer la retirada de la UE porque –como ha señalado Lanny- el referéndum es consultivo y no vinculante. El Primer Ministro David Cameron, sin embargo, no está por la labor y ha reiterado que la decisión es irreversible y no hay vuelta atrás. También cabría que el Parlamento escocés negara su consentimiento a la salida de Escocia de la Unión, pues el Acta de Escocia de 1998 le reconoce la facultad de votar sobre medidas que afecten a la aplicación de las normas de la UE en su territorio, con lo que se plantearía un conflicto de competencias con el Parlamento británico que habría que dilucidar. El Parlamento de Irlanda del Norte goza de competencias similares. La situación se presenta, pues, muy abierta tanto, jurídica como políticamente. Responsables del fiasco y falaces argumentos en pro del ”Brexit” El principal responsable del fiasco ha sido Cameron, que, -por conveniencia propia y sin necesidad alguna- se ha metido en un cenagal del que ha sido incapaz de salir, y ha permitido que la inventora de la democracia parlamentaria haya sido cuestionada por la celebración de un controvertido referéndum populista. El bombero pirómano desencadenó irresponsablemente unas fuerzas que se han llevado por delante a él, a su Partido, al Reino Unido y a la UE. Desautorizado por su pueblo, ha anunciado que dimitirá en Octubre, aunque debería haberlo hecho ya si hubiera tenido un mínimo de dignidad política. El Partido Conservador está escindido en dos mitades –europeista y euroescéptica- que serán difíciles de conciliar. El país también ha quedado partido por la mitad: Territorialmente –Inglaterra y Gales v/ Escocia, Irlanda del Norte y Londres-, geográficamente -campo v/ciudad-, generacionalmente –viejos v/jóvenes- y culturalmente –menos educados v/más educados-. La UE ha quedado en estado de “shock” y visto gravemente afectados su estructura, sus objetivos y su futuro. El pueblo británico es muy libre de “tirarse un tiro en el pie”, pero no es justo que también dispare sobre los demás miembros de la Unión. Por otra parte –como ha observado José Piqué-, el aventurismo irresponsable de Cameron ha puesto en cuestión la cohesión nacional. Con su política suicida, ha provocado el enfrentamiento de las distintas naciones del Reino Unido, lo que podría acarrear gravísimas consecuencias, pues, mientras Inglaterra -53.4%- y Gales -52.5%- han votado a favor del “Brexit”, Escocia -38%- e Irlanda del Norte -44.2%- han votado en contra. Alex Salmond ha manifestado que Escocia quiere seguir en Europa y su sucesora, la Primer Ministro Nicola Surgeon, ha abierto la puerta a un segundo referéndum sobre la independencia del país. El Viceprimer Ministro de Irlanda del Norte, Martin McGuinness, ha esbozado la posibilidad de un escisión del territorio de la Gran Bretaña para impedir que se levante de nuevo una frontera entre las dos Irlandas. Sería más problemático que en el caso de Escocia, aunque no imposible hipotéticamente, mediante algún tipo de Confederación bajo el paraguas de la UE. En cualquier caso, podrían reactivarse los enfrentamientos sectarios entre los protestantes pro-británicos y los católicos favorables a la reunificación de la isla, difícilmente superados tras el Acuerdo del Viernes Santo de 1998. También han contribuido, por activa o por pasiva, el ex-Alcalde londinense Boris Johnson, el Presidente de UKIP Nigel Farage y el líder laborista Jeremy Corbyn. En su afán por postularse como candidato a la presidencia del PC y del Gobierno, Johnson ha traicionado a su jefe e impulsado una política contraria a la establecida por el Gobierno, con la complicidad de cinco miembros del mismo. Cameron permitió que siguieran en sus puestos y apoyaran desde dentro del Gabinete una política antigubernamental. Farage ha presionado durante años para que se celebrara un referéndum sobre la salida de Gran Bretaña de la UE y ha encabezado la principal campaña en favor del “Leave”. Corbyn, euroescéptico confeso, se ha tenido que alinear con la posición europeísta de su partido, pero lo ha hecho de forma tibia y no ha movilizado al laborismo en pro de la permanencia. Pero, por encima de todo, hay que responsabilizar a una mayoría del pueblo británico que ha votado libremente por la salida, aunque de forma poco consciente y sin suficiente conocimiento de causa. Como señaló Conan Doyle –a través de su genial personaje Sherlock Holmes- se empieza por deformar los hechos para acercarlos a las teorías y se acaba por encajar las teorías en los hechos. Esto es lo que –en opinión de Pedro G. Cuartango- ha ocurrido en el Reino Unido, donde la mayoría de sus ciudadanos ha votado sin conocer los hechos y en base a un estereotipo de la UE muy alejado de la realidad. Es sintomático que, un día después a la votación, las consultas más numerosas recibidas en Google versaran sobre “¿qué es la UE?” y sobre “¿cuáles serán las consecuencias del Brexit?”. Buenas preguntas a plantear el día antes y no el día después de la votación. Ello pone de manifiesto la irracionalidad del proceso, la mala fe de los promotores de la salida y la incompetencia de los opositores a la misma. Como afirmó William Yeats,”los mejores carecen de convicciones y los peores están cargados de apasionada intensidad”. Los principales argumentos esgrimidos en pro del “Brexit” –a cual más falaces y carentes de rigor-se han basado en la pérdida de soberanía por la intromisión de la UE, el descontrol de la emigración, el aumento de la inseguridad y el empeoramiento de las condiciones económicas. 1) Según Johnson, la soberanía británica se ha visto gravemente erosionada por la UE, que peca de exceso legislativo y activismo judicial. Se ha convertido en un proyecto político regido por la supranacionalidad que escapa al control democrático. Ha ignorado a sabiendas que los órganos co-legislativos son el Consejo -formado por los Estados miembros que pueden recurrir al veto a la adopción de normas, del que ha usado y abusado con frecuencia el Reino Unido- y el Parlamento Europeo democráticamente elegidos. 2) Afirmar que la inmigración disminuiría con la salida ha sido uno de los grandes señuelos mendaces de los defensores del “Brexit”. Gran Bretaña no es parte en el Acuerdo de Schengen y no ha aceptado la libertad de movimiento de personas en el marco de la UE. Tan sólo tiene que acoger a los nacionales de los demás Estados miembros, al igual que éstos deberán hacerlo con los británicos –sólo en España residen unos 350.000 jubilados de esta nacionalidad, que se benefician de los servicios públicos españoles-. La gran mayoría de los inmigrantes proceden de los Estados que fueron territorios británicos, por lo que la salida de las UE no provocaría el cese de ese flujo. Gran Bretaña no ha admitido ni a un solo refugiado como consecuencia de la política migratoria de la Unión. 3) El Reino Unido nunca ha cedido a la UE el control de sus fronteras, por lo que su abandono no afectará en absoluto al mismo, ni mejorará la seguridad del país. Antes al contrario, su salida lo hará más vulnerable e inseguro pues, en un mundo globalizado, su capacidad de lucha contra el terrorismo, la delincuencia internacional y la inmigración ilegal se verá adversamente afectada por el aislamiento, ya que necesita la cooperación de todos los países, especialmente de los de su entorno. 4) Gran Bretaña se quejó desde el principio de aportar a la UE más de lo que de ella recibía, pero –amén de no cuantificar importantes beneficios no reflejados en los presupuestos- se ha lucrado con el “cheque británico”, por el que todos sus socios la subvencionan financieramente. Jonson y Farage mantuvieron que el “Brexit” liberaría importantes recursos que permitirían al Gobierno británico aportar 350 millones de libras semanales a la sanidad pública (NHS), pero, tras la celebración del referéndum, han reconocido con desfachatez que sus cálculos eran erróneos y sus promesas irrealizables. La salida va a suponer cuantiosas pérdidas económicas para el Reino Unido, pero también para la UE y la comunidad internacional en general, como se ha puesto de manifiesto con el desplome de las bolsas el día siguiente a la votación: 13.46% en Grecia, 12.48% en Italia, 12.35% en España, 8.04% en Francia, 6.82% en Alemania y…sólo 3.15% en Gran Bretaña. Formalización del abandono de la UE El referéndum es por ahora un acto político interno sin relevancia internacional. Hasta que Gran Bretaña no solicite formalmente su salida de la UE no se iniciará el proceso de separación previsto en el Tratado de Lisboa de 2007. Según su artículo 50, el Estado que pretenda separarse deberá notificarlo al Consejo Europeo y la Unión concluirá con él un acuerdo que recoja los términos de su retirada, que deberá ser aprobado por el Consejo por mayoría cualificada -55% de los miembros y 65% de la población-, previo consentimiento del Parlamento Europeo. El artículo es vago e impreciso en cuanto al procedimiento de salida, limitándose a fijar un plazo máximo para su negociación de dos años, ampliable a otros dos. Mientras no entre en vigor el acuerdo no cesará de aplicarse al Reino Unido la normativa comunitaria. Cameron se ha tomado tiempo hasta Octubre para pasar el muerto a su sucesor y tratar de mejorar la posición negociadora de Gran Bretaña. En el ínterin, seguirá siendo miembro de pleno derecho de la UE. Ésta desearía que las negociaciones se iniciaran cuanto antes para limitar la incertidumbre y el efecto contagio –partidos euroescépticos de Francia, Italia, Países Bajos, Dinamarca y Alemania ya han reclamado la celebración de similares referendos de salida-, pero el proceso no se iniciará hasta que no se produzca la solicitud británica, para lo que no hay plazo, e incluso podría no producirse. La UE ha de enfrentarse con determinación a la situación creada por la deserción del Reino Unido para acabar cuanto antes con lo incertidumbre –fatal para los mercados financieros-, tomar las medidas necesarias para paliar las sobredimensionadas consecuencias económicas y financieras, y frenar el contagio del precedente británico, a cuyos efectos ha creado la correspondiente “task force”.Es fundamental enviar mensajes claros de que la UE controla la situación y no existe vacío legal. A par, debe reflexionar y examinar lo que se ha hecho mal para tratar de corregirlo y prestar mayor atención a las necesidades reales de los ciudadanos europeos. La auto-exclusión de Gran Bretaña mejorará el enrarecido ambiente y permitirá reconstruir la unidad y la cohesión interna de la UE y relanzar el proceso de integración completando la unión monetaria, bancaria, fiscal, financiera y económica, incluida la mutualización de la deuda. Habrá que focalizarlo en torno a un núcleo duro en un régimen de dos o más velocidades y establecer en su derredor círculos concéntricos en los que encuentren acomodo los socios menos interesados en el proceso de integración. El inicio de la negociación del acuerdo de retirada está supeditado a la presentación formal de petición de la misma por parte del Gobierno británico y no se producirá con antelación a dicha presentación. Los Presidentes de las principales instituciones comunitarias y el Parlamento Europeo le han pedido que la presente lo antes posible para no prolongar innecesariamente la situación de incertidumbre. La negociación será larga y compleja porque –como ha señalado Jean-Claude Piris- hay que decidir sobre complicadas disposiciones jurídicas y precisar los derechos y obligaciones de Estados, empresas e individuos. Juncker ha dicho que difícilmente puede haber un divorcio amistoso cuando nunca ha habido historia de amor. Gran Bretaña entró de mala gana en la CEE y pretendió imponer su concepción de la institución de forma poco constructiva mediante la confrontación. No obstante, creo que se debería buscar una solución justa, rápida y la más amistosa posible. Mas, la Unión debe ser muy firme con Gran Bretaña ante el gran daño que frívolamente le está causando, no concederle privilegio alguno que no esté basado en la reciprocidad y tratarla de forma no privilegiada como a cualquier otro Estado extra-comunitario. Como dijo el Cónsul Escipio a los asesinos de Viriato, ¡“Roma no paga traidores!”. Madrid, 27 de Junio de 2016

Consecuencias nocivas del Brexit para la UE y Gran Bretaña

CONSECUENCIAS NOCIVAS DEL BREXIT PARA LA UE Y GRAN BRETAÑA José Antonio de Yturriaga Barberán, Embajador de España (21-VI-2016) Aunque Winston Churchill fue el primer ideólogo y visionario de una Europa Unida, Gran Bretaña no se sumó al inicio del proceso de integración europea. Churchill se debatió entre su deseo de dar continuidad al Imperio Británico y su percepción de la necesidad de una Europa unida, y de ahí su ambigüedad en el momento de su gestación. No veía al Reino Unido en Europa, pese a ser partidario de su integración en el nuevo ente “in fieri”, porque temía el excesivo federalismo y la aspiración supranacional de los padres fundadores y la incidencia adversa en la Commonwealth y en sus lazos especiales con Estados Unidos. Por ello, decidió no unirse en 1951 a la Comisión Europea del Carbón y del Acero. Puso de manifiesto sus dudas hamletianas al afirmar: ”Estamos en Europa, pero no somos Europa. Estamos vinculados, pero no atados”. Reflejaba así el excepcionalismo británico y su autonomía respecto a Europa, que le daban derecho a un tratamiento especial. Cuando vio que el modelo limitado de la CECA se ampliaba en 1957 a toda la economía con la creación de la Comunidad Económica Europea, el Reino Unido se preocupó y, para contrarrestar a la CEE, constituyó la Asociación Europea de Libre Comercio en 1960. Su intento tuvo escaso éxito y Gran Bretaña dejó tirada a la EFTA y solicitó su ingreso en la Comunidad con el fin de frenar desde dentro el proceso que no había podido controlar desde fuera. Charles De Gaulle le pasó factura y la tuvo una temporada en la “dog house”, hasta que finalmente dio la venia para su ingreso en 1973. Diferencias entre España y Gran Bretaña con respecto a la UE La incorporación de España a la CEE fue asimismo laboriosa a pesar de su vocación europeísta, aunque por razones diferentes. Era el “quiero pero no puedo”, frente al “puedo pero no quiero” del Reino Unido. En 1962 solicitó la admisión, pero fue ignorada por la Comunidad por razones políticas y tuvo que esperar cinco años para el inicio de las negociaciones, de las que se excluyó la posibilidad de adhesión e incluso de asociación –que sí sería concedida a Grecia y a Turquía- y sólo logró firmar un Acuerdo Comercial en 1970. Tras el restablecimiento de la democracia en 1977, España reiteró su solicitud y –pese a haber superado los obstáculos políticos- el Tratado de Adhesión no se firmó hasta 1985 y España ingresó en 1986. Aunque las condiciones para la entrada fueron leoninas, España ha sido ampliamente beneficiada de su ingreso, tanto en el plano económico como en el político. Como afirmó Pedro Solbes, la adhesión de España a la CEE “ha reforzado nuestro anclaje en las instituciones occidentales, ha reactivado toda nuestra estructura social, administrativa y económica, obligando a su modernización, y ha presentado un desafío y un estímulo para los políticos y la población”. Favoreció la consolidación de la democracia en el país. El Reino Unido y España se encuentran en distinta longitud de onda, pues mientras ésta ha sido hasta ahora un socio convencido y apoyado el proceso de integración, aquél se ha mostrado como un socio reticente que ha pretendido limitar la UE a una simple unión comercial y actuado en ocasiones como un auténtico caballo de Troya en el seno de la Unión para dificultar desde dentro los intentos en pro de una mayor integración. Gran Bretaña ha sido fiel cumplidora de las obligaciones impuestas por los tratados constitutivos en lo relativo al mercado único y a las políticas comunes, pero ha supuesto un obstáculo permanente para el avance del proceso integrador en otros ámbitos y, para diluirlo, propugnó la ampliación de la CEE hasta los 28 miembros actuales de la UE Cuando no lograba pararlo, recurría a la cláusula de “opting-out” que le permitía zafarse de sus obligaciones, como en el caso de la libertad de movimiento de personas establecida en el Acuerdo de Schengen o de la Unión Monetaria Europea y la adopción del euro como moneda común. Consiguió en 1992 que del Tratado de Maastricht se suprimieran los calificativos “federal” y “legislativo” con respecto al carácter de la UE y de sus actos. Luchó contra el Tratado de 2004 sobre una Constitución para Europa y consiguió que fuera sustituido por el más descafeinado de Lisboa de 2007, cuya aspiración de “lograr una unión cada vez más estrecha en Europa” no aceptó e introdujo en su texto algunas cláusulas que consagraban su excepcionalidad. El Gobierno británico se excluyó en 2012 del Pacto para la Austeridad, la Coordinación y la Gobernanza, y forzó una disminución de los presupuestos de la UE, pese al incremento de sus gastos por el aumento de sus miembros. David Cameron se jactó de haber ido más allá que Margaret Thatcher, pues había logrado recortar el presupuesto europeo y vetar tratados. Anunció por sorpresa la convocatoria de un referéndum para que el pueblo decidiera si Gran Bretaña debería salir o no de la UE (“Brexit”), que se celebrará el próximo 23 de Junio. Acuerdo entre Gran Bretaña y la UE Cameron celebró negociaciones con la Comisión Europea en las que exigió la desaceleración del proceso integrador, la renacionalización de competencias ya cedidas, la limitación de la libertad de movimiento de personas, la reducción de los derechos reconocidos a los trabajadores de otros Estados miembros, el fortalecimiento de las cláusulas de “opting-out”, la no discriminación de sus empresas y la preservación del privilegiado estatuto financiero de la City de Londres. Consciente de las graves consecuencia que tendría el “Brexit “, la UE ha cedido parcialmente ante el órdago británico y alcanzado un acuerdo, con el que -como ha observado Francisco Sosa- los Estados miembros han consentido que el egoísmo de un país y sus paranoias se impongan a conquistas capitales de los ciudadanos europeos. Sólo ha conseguido en parte la garantía de continuidad del protagonismo financiero de la City y de trato igual a las empresas de los Estados que no acepten el euro, al imponer una cláusula de salvaguardia a invocar cuando estimare que una decisión financiera o regulatoria de la UE fuera muy perjudicial para sus intereses, pero su redacción es imprecisa y se presta a diversidad de interpretaciones. Ha salido airoso al lograr que se reconozca que el compromiso de procurar “una unión cada vez más estrecha” no se aplicará a Gran Bretaña, mas -como ha observado Araceli Mangas- no cabe la exoneración de un compromiso que no supone “per se” una mayor integración en el seno de la UE, pues. se trata de una declaración de principio que, para ser llevada a cabo, necesitará la modificación de los tratados, lo que requerirá la aceptación de todos los Estados miembros. El Acuerdo no entrará en vigor hasta que Gran Bretaña haya confirmado su permanencia en la Unión. La confección de un traje a la medida británica supone la consagración de un régimen excepcional que rompe la unidad y la cohesión interna de la UE, y dificultará el proceso de integración. Sin embargo, no hace más que constatar una situación de hecho: el régimen especial que se ha auto-concedido el Reino Unido con su reiterado recurso a la cláusula “opting out”, y que ha sido tolerado por los demás miembros. Como en la fábula orwelliana, todos los “pigs” son iguales, pero algunos son más cerdos que otros. El principal inconveniente es el posible efecto mimético del precedente, que puede llevar a otros Estados miembros a pedir un trato similar. Con ello se legaliza la situación fáctica de una Unión a dos o más velocidades. Como las consecuencias del “Brexit” podrían ser más graves, lo socios han aceptado al Acuerdo como un mal menor. Habrá que ver si estas concesiones favorecerán el voto afirmativo del pueblo británico a la permanencia en la institución, lo que no es del todo seguro. Al final, el voto se definirá en una movilización emocional entre el ser y el no ser del Reino Unido y su acomodo en Europa. Según Herry Kamen, Gran Bretaña ha dejado de ser una isla al estar unida a Europa por todos los medios posibles y los votantes tendrán que decidir si van a ganar algo tratando de ajustar el reloj 40 años hacia atrás. Previsibles consecuencias negativas del Brexit Cameron ha cometido un grave error al convocar el referéndum y dado muestras de egoísmo e irresponsabilidad al poner a la UE contra las cuerdas. El recurso de las democracias parlamentarias a los referendos es poco ortodoxo, pues las decisiones sobre los temas importantes deben ser adoptadas por el Gobierno y por el Parlamento. Pasar al pueblo la “patata caliente” de decidir sobre cuestiones complejas y delicadas es un acto demagógico y populista más propio de los regímenes autocráticos. El principal objetivo de Cameron ha sido neutralizar la creciente presión del Partido de la Independencia del Reino Unido, del sector más antieuropeo de su partido y del euro-escepticismo de buena parte de la opinión pública británica, y chantajear a la UE para que aceptara sus reivindicaciones sobre un régimen especial, pero ha incurrido en un error de cálculo al actuar de aprendiz de brujo, pues –para salvar su pellejo político- ha desencadenado unas fuerzas que podrían llevarse por delante a él mismo, a su partido, al Reino Unido y a la UE. Como ha observado Enrique Barón,el euroescepticismo es como el colesterol, que puede ser malo o bueno y hay que buscar un adecuado equilibrio. Cameron ha promovido el euroescepticismo malo al haber lanzado una acerba campaña de desprestigio de las instituciones de la UE y ahora carece de credibilidad y no está en condiciones de hacer una defensa convincente de la necesidad de que Gran Bretaña permanezca en la Unión, lo que le ha provocado un “estado de pánico”. Tampoco le está ayudando el líder laborista Jeremy Corbin, que en 1975 votó contra la permanencia del Reino Unido en la CEE. En cambio, los antiguos dirigentes Tony Blair, Gordon Brown y Neil Kinnock han llamado a rebato para que el laborismo apoye el SÍ, y a ellos se ha unido el nuevo Alcalde de Londres, el anglo-paquistaní Sadik Khan, que en vísperas del referéndum celebrará un debate con su predecesor Boris Johnson, principal adalid del Brexit. La cuestión de la pertenencia a la UE se está abordando de forma más visceral que racional, explotando los euro-escépticos el sentimiento atávico de independencia, superioridad y especificidad de los británicos. Se vaticina una considerable abstención, especialmente entre los jóvenes -que son los más proclives a continuar en la Unión-, a lo que pueden contribuir las dificultades técnicas para registrarse y el inicio un día antes del referéndum del Festival de Glastonbury, al que asistirán unos 200.000 jóvenes. Las fuerzas están igualadas y existe un empate técnico, aunque las últimas encuestas de You Gov e ICM dan una leve ventaja al NO, pero la situación es muy fluida, hay numerosos electores indecisos y cabe esperar que al final se impongan el sentido común y el pragmatismo. Las consecuencias del Brexit serían nocivas para la UE, pero lo serían aún más para Gran Bretaña, que –amén de las desastrosas consecuencias económicas a corto plazo- podría provocar la independencia de Escocia y poner en peligro la paz en Irlanda del Norte. No hay que dramatizar en exceso la situación, pues no supondría el fin de la UE y acaso venga a cuento el adagio de “a enemigo que huye, puente de plata”. Para superar la crisis necesita ésta más Europa en vez de menos, como pretende el Reino Unido, pues –como ha recordado Barack Obama- es un proyecto, “un camino que cobra sentido según se construye” y el Reino Unido “estará en su mejor posición ayudando a liderar una fuerte UE”. No obstante, cualquiera que sea el resultado del referéndum, no quedará resuelta la cuestión de las relaciones de la Unión con Gran Bretaña, que seguirá siendo una china en el zapato comunitario. Viene a mi mente la popular coplilla andaluza:´”Ni contigo ni sin ti, tienen mis penas remedio. Contigo por que me matas y sin ti porque me muero”.

lunes, 6 de junio de 2016

El mito de la victoria inglesa sobre la Gran Armada y sus repercusiones en Irlanda

EL MITO DE LA VICTORIA INGLESA SOBRE LA GRAN ARMADA Y SUS REPERCUSIONES EN IRLANDA (6-VI-2015) El Instituto Cervantes de Dublín ha celebrado unas jornadas bajo el título “Rememorando la Armada a su paso por Irlanda”, en la que han intervenido Leoncio González de Gregorio y Álvarez de Toledo, Duque de Medina Sidonia –descendiente del Comandante en Jefe de la expedición- y el profesor de UCD Declan Downey. Al mismo tiempo, Radio Nacional de España ha realizado un programa especial titulado “No es un día cualquiera”, presentado por Pepa Fernández. El evento trae a mi memoria la serie de actividades que la Embajada de España en Irlanda y su Instituto de Cultura realizaron en 1988 con motivo de la celebración del IV Centenario de la Gran Armada. Conmemoración en Irlanda del IV Centenario de la Gran Armada A finales de 1987 me encontré en mi puesto de Embajador en Dublín con este aniversario, cuya celebración estaba siendo cuidadosamente organizada por Gran Bretaña y por Irlanda, que había establecido una Comisión Conmemorativa al efecto. Con este motivo, historiadores británicos investigaron a fondo el acontecimiento y –quizás por primera vez- se llevó a cabo un estudio objetivo que acabó con muchos de los mitos y estereotipos creados por la “agit-prop” inglesa y la leyenda negra alentada por Antonio Pérez y los exilados españoles detractores de Felipe II. Fueron éstos los que calificaron mordazmente la Armada de “Invencible”, cuando su título oficial era el de “Grande y Felicísima Armada”, aunque al final no resultara tan feliz. España también creó un Grupo de Investigación en torno al Instituto de Historia y Cultura Naval, que recopiló y publicó documentos reveladores, algunos de ellos inéditos. El Gobierno español decidió –a mi juicio erróneamente- no conmemorar el Centenario, ni colaborar al respecto con el Gobierno británico y dio instrucciones a su Embajador en Londres para que mantuviera la Embajada al margen. Por mi parte, traté de convencer al Ministerio de Asuntos Exteriores para que permitiera a la Embajada en Dublín cooperar con la Comisión Conmemorativa Irlandesa, argumentando lo siguiente: Irlanda era bien distinta de Inglaterra y -al contrario que ésta- se había comportado relativamente bien con los supervivientes de la Armada; “les absents ont tojours tort” y, si España no ofrecía su versión de lo ocurrido, la opinión pública irlandesa sólo conocería la versión inglesa; convenía explotar el sentimiento antibritánico de la mayor parte del pueblo irlandés; se debía de informar a la opinión pública de la importante ayuda que España prestó a Irlanda frente al país ocupante; no se trataría tanto de una “celebración” –dado que había poco que celebrar-, como de la “conmemoración” de un hecho relevante para la Historia de Europa…Eran argumentos de peso que dieron su fruto y el Ministerio me dio el “placet” para actuar, aunque me exhortó a ser cauto. El Instituto Cultural se incorporó a la Comisión Conmemorativa y la Embajada colaboró en las actividades organizadas por las entidades públicas y privadas, al par que realizó sus propios actos conmemorativos de la efeméride. En Julio organizó una Semana Marítima Española, cuyos platos de resistencia fueron la celebración en el Museo Cívico de Dublín de una exposición sobre “La Marina Española a finales del siglo XVI y relaciones hispano-irlandesas” y la presencia en la capital del buque-escuela “Juan Sebastián Elcano”. La exposición –que se puso llevar a cabo gracias a la colaboración del Museo Naval de Madrid, del Archivo de Simancas y del Museo Nacional de Irlanda- se exhibió posteriormente en Limerick, Galway y Sligo, así como –en una versión reducida- en los pueblos de Ballyferriter, Banagher y Dun Chaoin. El buque-escuela fue el centro de la actividad cultural y social de las Jornadas. A bordo se celebraron una mesa redonda sobre “La Gran Armada”, un concierto de música española del siglo XVI por parte del grupo “Taller Ziryab” y una gran recepción a la que asistió el “todo Dublín”. El curso universitario de verano de la “Cuman Merriman School” estuvo monográficamente dedicado a “Irlanda y España” y en el participaron personalidades como Hugo O’Donnell, Peter Sutherland, Dermoth Keogh, el Embajador irlandés en España, Geraoid O’Cleirigh y yo mismo, que pronuncié el discurso de clausura. En Septiembre, coincidiendo con el aniversario de los naufragios, se realizaron numerosas actividades, entre las que cabe destacar la inauguración en Stredagh por el Presidente de la República, Patrick Hillery, de un monumento en memoria de las víctimas de las naos “Lavia”, “Juliana” y “Santa María de Visión”. Asimismo se inauguraron monumentos similares en recuerdo de los náufragos de la “Trinidad Valencera” en Kinagoe Bay y de la “Santa María de la Rosa” en Dun Chaoin, así como en el Cementerio de Galway, donde estaban enterrados los 300 tripulantes de los buques “Falcón Blanco Mediano” y “Concepción Cano“. Se estrenaron sendas cantatas inspiradas en la crónica del Capitán Francisco de Cuellar, con música de Seoirse Bodley –“Carta Irlandesa”- y de Michael O’Suilleabhain –“Noches en los jardines de Clare”-. Se celebró una exposición en Sligo del pintor Bernard MacDeogh sobre la Armada y se colocó en Kinlough un mural sobre “La ruta de Cuéllar”. El Instituto Cultural convocó un concurso literario entre estudiantes irlandeses sobre la expedición española –cuyos premios fueron entregados por la Ministra de Educación Mary O’Rourke- y el Servicio Postal lanzó un sello conmemorativo con la efigie de la nave “Duquesa Santa Ana”. Pero el acto de mayor relevancia cultural e histórica fue el Simposio sobre “La Gran Armada, Irlanda y Europa”, celebrado en Sligo bajo los auspicios de UCD y de la Embajada, en el participaron destacados historiadores de España, Gran Bretaña, Irlanda, Holanda y Estados Unidos, como Felipe Fernández Armesto, Hugo O’Donnell, Colin Martin o John Dougherty, en el que presenté una ponencia sobre Cuéllar. La participación de la Embajada en la conmemoración constituyó un considerable éxito. Versión auténtica de lo que ocurrió a la Gran Armada Tanto por parte británica como española, la Historia ha presentado el fracaso de la invasión de Inglaterra por parte de España como una gran derrota para ésta y una tremenda victoria para aquélla, pero no fue del todo así. De parte española, se atribuyó el desastre al empecinamiento de Felipe II y a su obsesión por hacer retornar Inglaterra a la fe católica, y a la incompetencia del Duque de Medina Sidonia. En un reciente episodio de la serie televisiva “El Ministerio del Tiempo” dedicado a la Armada, se afirmaba taxativamente que los ingleses había derrotado a la Armada Invencible. El fracasoo de la flota más poderosa a finales del siglo XVI fue festejada en Inglaterra como uno de sus mayores éxitos y un momento culminante en la Historia de la nación, que consagró la supremacía de la reina Isabel I en Europa. Se exaltó hasta el paroxismo a los almirantes ingleses Lord Charles Howard, John Hawkin, Martin Frobisher y, sobre todo, el corsario Francis Drake, del que se contaba que, cuando la flota española comenzaba el sitio de Plymouth –cosa que nunca se produjo- estaba jugando una partida de bolos que se negó interrumpir y exclamó:”Tenemos tiempo de acabar la partida y luego derrotaremos a los españoles”. Una investigación seria de los hechos propiciada por el centenario puso de manifiesto la falacia de una Historia manipulada. España perdió una buena parte de los buques que componían la Armada, pero no por los ataques de la flota inglesa –que solamente hundió un navío español en combate- sino como consecuencia de una desfavorabilísimas condiciones meteorológicas y del fallo de uno de los puntos clave del plan de Felipe II, al no conseguir Alejandro Farnesio, Duque de Parma, apoderarse en Flandes de un puerto de aguas profundas en el que pudiera recalar a salvo la Armada para recoger a las tropas españolas que deberían invadir Inglaterra. Como destacó la propaganda inglesa, Dios estuvo de parte de Inglaterra y los “vientos protestantes” derrotaron a la flota papista. Ello quedó reflejado en las palabras atribuidas al Rey prudente:”No he mandado mis buques a luchar contra las tempestades” o “¿Dónde estaba Dios cuándo se hundió mi flota?”. Lo que realmente ocurrió ha sido reconocido en un reciente documental de la BBC sobre “La Historia desconocida de la Gran Armada Española”, producida por Dan Snow con el asesoramiento del profesor Geoffrey Parker, y cuyos episodios fueron transmitidos en la TV española a partir de las 12.30 de la madrugada. Felipe II -que había sido rey consorte de Inglaterra con Maria Tudor- mantuvo durante algún tiempo buenas relaciones con Isabel, hermanastra de su viuda. Las relaciones se deterioraron debido al mal trato dado por los anglicanos a los católicos –que culminó con el encarcelamiento y ulterior ejecución en 1587 de la Reina de Escocia, María Estuardo-, los reiterados ataques de los piratas y corsarios ingleses a las naves españolas en América y los apoyo de todo tipo prestados a los rebeldes protestantes de los Países Bajos. Felipe II basó jurídica y políticamente su plan de acción en la bula del Papa Paulo V, que excomulgaba a Isabel y exhortaba a los monarcas católicos a destronarla. Planeó una gran operación naval y terrestre para invadir Inglaterra desde Flandes con el fin de derrocar a la Reina Virgen, aunque no para conquistar u ocupar el país. Decidió formar una Gran Armada para trasladar tropas y suministros desde Lisboa a Flandes y, desde allí, invadir Inglaterra junto con los tercios dirigidos por el Duque de Parma. Encomendó la misión a Álvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz, el gran Almirante vencedor en Lepanto, y en 1587 se iniciaron los preparativos para la expedición, que se vieron adversamente afectados por la muerte intempestiva de Santa Cruz y por el ataque a Cádiz de Drake, que destruyó buena parte de la impedimenta preparada y provocó el retraso de la expedición de casi un año. Especial incidencia tendría la destrucción de barricas y toneles para el transporte de provisiones, que tuvieron que ser sustituidos por otros de madera joven, que causaron el deterioro del agua y de los alimentos durante la travesía. Para sorpresa general, Felipe II encomendó el mando de la Armada a Alonso Pérez de Guzmán, Duque de Medina Sidonia, Capitán General de Andalucía. Aunque éste se resistió alegando no tener experiencia naval, el Rey le obligó a aceptar, porque era una persona de alta alcurnia, con acreditada experiencia militar, buen administrador y sumamente rico. Su escasa experiencia en los mares quedó subsanada con el asesoramiento de los marinos más prestigiosos de la época, como Juan Martínez de Recalde, Blas de Oquendo o Martín de Bertendona. La Historia ha tomado como chivo expiatorio al Duque de Medina Sidonia, al que ha culpado injustamente del fracaso de la Armada, pero gracias a las recientes investigaciones, su figura ha quedado reivindicada, como ha puesto de manifiesto su sucesor González de Gregorio en su ponencia dublinesa sobre “La Armada, el milagro que no fue”. Felipe II encomendó a Medina Sidonia la tarea de conducir una flota de 130 buques desde Lisboa a Flandes bordeando la costa inglesa a lo largo del Canal de La Mancha. De éstos 130, sólo 22 eran navíos de guerra -con una dotación de 7.000 marineros- y los otros 108 eran mercantes que transportaban 20.000 soldados, caballos e impedimenta de guerra. Avanzaron en formación de media luna con los buques de guerra protegiendo los flancos, y los navíos ingleses no lograron romper la formación de la flota, que navegó delante de sus narices a todo lo largo de su costa. Pese al continuo hostigamiento de la flota inglesa –que doblaba en número a la española pues contaba con 333 navíos-, la Armada llegó a su destino habiendo perdido tan sólo al “San Salvador” –que se hundió tras una explosión- y a “Nuestra Señora del Rosario” –que, tras sufrir la rotura del palo mayor en una colisión, tuvo que ser dejado a su suerte-. Aquí cabe recordar el hecho de Medina Sidonia no atacó -como le propuso el 2º Comandante, Martínez de Recalde- al núcleo principal de la flota inglesa refugiada en el puerto de Plymouth y atrapada en circunstancias sumamente desfavorables, porque siguió estrictamente las instrucciones del Rey de reunirse cuanto antes con las tropas de Farnesio. Fue el Duque de Parma el que no cumplió la misión encomendada de conquistar un puerto de aguas profundas en el que pudiera recalar la Armada con el fin de recoger las tropas que deberían invadir Inglaterra desde Flandes. Los galeones españoles eran demasiado voluminosos para acercarse a las costas holandesas, cuyas aguas eran poco profundas y estaban llenas de bajíos, y, de ahí, la importancia de la labor encomendada a Farnesio de conquistar un puerto seguro, que no consiguió por la hábil actuación e la flota de los Países Bajos que dejó a sus tropas bloqueadas en Dunkerke. Como ha señalado el arqueólogo marino Desmond Branigan, el viaje y la actuación de la Armada desde que zarpó de Lisboa hasta el punto en que navegó hacia el Atlántico al norte de Escocia, guardando su formación con más de cien navíos que la componían en buen funcionamiento, deberían ser calificados como el acto más grande de la épica marina de todos los tiempos. De no haber sido por las excepcionalmente severas tormentas provocadas por el equinoccio otoñal que encontraron sus barcos, en vez de dispersarse como lo hicieron, habrían logrado regresar a sus bases. Pese a todo, y conforme a cualquier tipo de estándares, la travesía fue una aventura que alcanzó un apogeo de valor, aguante y supremo arte marinero, y resultó realmente un auténtico logro. Supuso la primera operación de un convoy naval en la historia de la navegación. Peripecias de la Gran Armada en Irlanda Cuando la Armada llegó a su destino y no halló un puerto seguro donde guarecerse, tuvo que anclar sus naves en mar abierto frente al puerto de Calais, y éste fue el momento crítico que hizo vulnerable a una Armada hasta entonces habia actuado de forma impecable. En la madrugada del 29 de Julio de 1588, el Almirante Hawkin recurrió a la estratagema de enviar ocho “brûlots” contra la inerme flota española. Eran éstos unos artefactos ideados por el ingeniero Gianibelli, consistentes en viejos barcos cargados de pólvora, explosivos y material inflamable, que se lanzaban contra buques anclados y otras instalaciones para hacerlos explotar. Ya habían sido utilizados con éxito por los holandeses en 1585 en el asedio de Amberes por las tropas de Farnesio, pues destruyeron el puente de barcas tendido por los españoles sobre el río Escalda. Ante la amenaza de los brulotes cundió el pánico entre los componentes de la Armada y cada navío se hizo a la mar por su cuenta, perdiendo en la despavorida huida anclas y aparejos. Tuvo lugar entonces la batalla de las Gravelinas, en la que -pese a las circunstancias extremadamente adversas- sólo se perdió un navío en combate y otro que encalló en los bajíos holandeses. Por primera vez desde que salió de Lisboa, se rompió la disciplinada formación de la Armada y, en su alocada huida, los buques se vieron arrastrados por los vientos hacia las peligrosas costas holandesas. Cuando se temía un encallamiento masivo, cambió providencialmente la dirección del viento y las naves fueron empujadas hacia el Norte. Medina Sidonia trató de reagrupar a la flota, pero –al no permitirlo el vendaval- dio ordenes a sus buques de mantener rumbo Norte-Nordeste, bordear Escocia y regresar a España, teniendo cuidado de evitar Irlanda “por temor a los peligros que puedan acecharnos a lo largo de su litoral”. Los 87 barcos que siguieron las instrucciones de Medina Sidonia consiguieron regresar a puertos españoles, mientras que los 26 que no quisieron o pudieron seguirlas naufragaron en las costas irlandesas a partir del 21de septiembre, día en que –según Stuart Daultry en su artículo “El tiempo en el noroeste de Europa en el verano y en el otoño de 1588”- se produjo una de las mayores galernas y peores tormentas jamás registradas en la historia de la meteorología. Dolores Iglesias y Pilar San Pío han mantenido que los naufragios en las costas irlandesas afectaron a 6.000 hombres, de los que 3.750 resultaron ahogados o muertos como consecuencia de sus heridas o enfermedades, 1.100 fueron ajusticiados por las autoridades inglesas, 400 fueron matados por los nativos y 750 sobrevivieron, la mayoría de los cuales consiguió regresar a España a través de Escocia. En el discurso que pronunció durante la inauguración del monumento de Stredagh, el Presidente Hillery afirmó lo siguiente: “La Historia ha dejado constancia de que cientos e incluso miles de supervivientes de los naufragios fueron desvalijados, asaltados y muertos, mientras trataban de llegar a tierra. Este cruel tratamiento reflejaba las circunstancias de las formas de vida en las costas. Las tropas inglesas estaban decididas a que los españoles no conservaran sus vidas por temor a que pudieran ayudar a los rebeldes irlandeses. Muchos irlandeses se unieron a los expolios y a las matanzas en colusión con las tropas inglesas o por beneficio personal”. El periodista Den Rush, a su vez, destacó que los irlandeses deberían recordar el 400 aniversario del desastre de la Armada Española con vergüenza porque,”en gran medida, saqueamos los buques naufragados y asesinamos a los supervivientes y –lo que los agentes de la Corona inglesa no consiguieron hacer- lo hicimos nosotros con sangriento y codicioso entusiasmo”. Pensé que éstas y otras sinceras manifestaciones auto-inculpatorias merecían ser matizadas y realicé una modesta investigación, que se plasmó en un artículo sobre “Actitudes en Irlanda hacia los supervivientes de la Armada Española”, que publiqué en la revista “The Irish Sword”. Sin embargo, este comportamiento no fue uniforme y varió de forma notable según se tratara de las autoridades inglesas y del personal a su servicio, de los jefes locales o del pueblo llano. Actitudes en Irlanda hacia los supervivientes de la Armada La reacción del “establishment” inglés fue obvia y comprensible, por temor a que los españoles pudieran unir sus fuerzas a la de los rebeldes irlandeses para luchar contra la ocupación, pues –como reconoció el Gobernador de Dublín, Sir William Fitwilliam- sólo disponían de 750 soldados de infantería y la caballería era poco operativa por falta de herraduras. De ahí sus drásticas instrucciones desde el primer momento: apoderarse de los buques y su carga, y prender y ejecutar a todos los españoles, cualquiera que fuera su categoría. El Gobernador de Connacht, Sir Richard Bingham, ordenó que no se les diera cuartel y amenazó con la pena de muerte a quienes los ayudaran. En una carta a Isabel I presumió de haber ejecutado a 1.100 españoles de los 12 buques naufragados en su jurisdicción. El propio Fitzwilliam comentó que, dado que Dios había consentido arrojar a las costas irlandesas a los españoles, algunos de ellos ya muertos, él sería su representante para deshacerse de los demás. El caso más sangrante fue el de la matanza en Ellagh de más de 200 españoles de la “Trinidad Valencera” comandados por Alonso de Luzón, que se habían rendido ante la promesa de Sir Hugo O’Donnell de que sus vidas serían respetadas. Los supervivientes fueron obligados a caminar hasta Drogheda en la costa este y 45 de ellos fueron ejecutados. Los jefes nativos y los religiosos católicos ampararon y auxiliaron a los españoles, salvo excepciones como la de O’Donnell , a quien Turlough O’Neill afeó su cobarde conducta por haberlos traicionado. Curiosamente, su hijo Hugo “el Rojo” encontraría años después refugio en España. Ante las amenazas del Gobernador de que incurriría en la pena de muerte y en la confiscación de sus bienes si no entregaba a los españoles que había acogido, Sorley MacDonnells contestó que antes entregaría su vida y hacienda que mercadear con sangre cristiana. Esta valiente actitud costó la vida a algunos de ellos, como Malachy MacClancy o Brian O’Roarke, que fueron acusados de alta traición. En su poema “O’Roarke’s Request”, T.D. Sullivan pone en boca del ejecutado las siguientes palabras:”Si ésta es la traición de la que me acusáis, bien traición sea./ No escucharéis de mí una palabra de arrepentimiento por semejante falta./Sólo diré que, aunque odiéis a mi raza, mi credo y mi nombre,/si vuestra gente se encontrara en una situación extrema, haría lo mismo con ella”. Fitzwilliam se quejó en un informe a la Reina de que los españoles eran acogidos y socorridos por los campesinos, por lo que se requería un gran esfuerzo para poder capturarlos. Martín López informó por carta a Felipe II acerca de la protección que los rebeldes irlandeses católicos prestaban a los supervivientes de la Armada, y el piloto de la “Trinidad Valencera”, Antonio Martínez, declaró que los paisanos irlandeses los asaltaban y los despojaban de armas, ropa y joyas, pero los trataban bien y les proporcionaban comida y alojamiento. Francisco de Cuéllar describió con gracejo esta situación:”A nosotros nos querían bien estos salvajes porque sabían que veníamos contra los herejes y que éramos tan grandes enemigos suyos y, si no fuer por ellos –que nos guardaban como a sí mismos- por lo más ninguno quedaría de nosotros. Teniámosles buena voluntad por esto, aunque ellos fueran los primeros que nos robaron y desnudaron en carnes a los que vinimos vivos a tierra, de los cuales de las trece naos de la nuestra Armada, hubieron estos salvajes mucha riqueza de joyas y dineros nuestros”. Para mí fue un descubrimiento la carta que el 4 de Octubre de 1589 escribió a un amigo desde Amberes “uno que estuvo en la Armada de Inglaterra y da cuenta de la expedición”, contándole sus increíbles aventuras. Había partido como capitán del galeón “San Pedro”, pero, por desobedecer inadvertidamente las órdenes de Medina Sidonia de que ningún buque navegara por delante de la nao capitana “San Martín”, fue condenado a muerte junto con otro comandante, Cristóbal de Ávila, que fue ejecutado, mientras que Cuéllar fue indultado y relegado al rango de marinero raso en la “Lavia”, con la que naufragó en la bahía de Stredagh. Cuenta con detalle en su crónica como, sin saber nadar, consiguió agarrado a un escotillón llegar a tierra. Fue herido en una pierna por un inglés, pero se libró de la muerte gracias a la intercesión de una moza nativa, que lo desvalijó en correspondencia por su buena acción. Se refugió en la choza de “uno que hablaba latín”, que le facilitó un caballo e inició un periplo a través del país. Encontró refugio en el castillo de Rossclogher –bajo el mando de Malachy MacClancy, lugarteniente de Brian O’Rourke- y, junto con otros españoles, consiguió defender la posición frente a los ataques de las tropas de Fitzwilliam. Huyó cuando MacClancy, en premio a su hazaña, le ofreció la mano de una de sus hermanas. Caminó hasta Ulster a pesar de sus heridas y fue acogido en el castillo de Ocán por el Obispo de Derry, Raymond Gallagher, quien consiguió pasarlo de contrabando a Escocia. Desde allí se embarcó hacia Flandes en un buque enviado por Farnesio, que fue hundido por buques holandeses, pero Cuéllar logró arribar sano y salvo a las playas de Dunkerke. De regreso a España, reclamó en la Corte lo que se le debía y, tras numerosas gestiones, consiguió que Felipe II escribiera en el anverso de un documento:”Q. se le dé cédula para Don Aº de Bazán, que le haga fenecer su qta y pagar lo q. justamente pareciere debérsele”. La crónica de Cuéllar, escrita en excelente castellano, con realismo y sentido del humor, es un auténtico guión cinematográfico, que, en cualquier otro país de nuestro entorno, habría sido objeto de numerosas películas y series televisivas, pero España es diferente.

lunes, 23 de mayo de 2016

Los derechos fundamentales de los catalanes a injuriar al Rey, a España y a sus símbolos

LOS DERECHOS FUNDAMENTALES DE LOS CATALANES A INJURIAR AL REY, A ESPAÑA Y A SUS SÍMBOLOS La Delegada del Gobierno en Madrid, Concepción Dencausa, decidió prohibir el acceso al estadio Vicente Calderón a los portadores de banderas “esteladas” ayer en el partido de la final de la Copa del Rey. Esta decisión preventiva fue unánimemente condenada por los partidos políticos nacionalistas y de izquierda –del PSOE a Podemos- y por el Barcelona C.F. La Asociación “Drets” presentó un recurso conforme al procedimiento especial para la protección de los derechos fundamentales ante el Juzgado Contencioso-Administrativo nº 11 de Madrid y su titular, Jesús Torres Martínez, falló a su favor y ordenó a la Delegada del Gobierno que revocara la prohibición. Muchos aficionados del Barça las exhibieron ayer durante el encuentro, aunque afortunadamente no se produjeron incidentes. Desconsideración al Rey en las Finales de la Copa de Fútbol Llovía sobre mojado, porque los jueces de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz, en 2009, y Fernando Andreu, en 2015, habían considerado que chillar al Rey, pitar el Himno Nacional y exhibir banderas anticonstitucionales no podía ser considerado como injurias, ni como ultraje a la Nación o apología del odio nacional, y no eran actos merecedores de reproche penal. porque estaban amparados en la libertad de expresión reconocida en la Constitución. Andreu señaló que nada había que oponer a que se estuviera en desacuerdo con instituciones o símbolos del Estado y su forma y régimen jurídico fijados en la Constitución, por tratarse de un ejercicio de crítica política protegido por el derecho constitucional de libertad de expresión. En el acto de pitar el himno nacional no se producía una conducta injuriosa en los términos descritos por el Código Penal para con el Jefe del Estado, ni tampoco delito de ultraje a España. El derecho no es una ciencia exacta y se presta a multiplicidad de interpretaciones, tanto por los juzgadores y los fiscales como por los juzgados y sus defensores. Esta latitud del juez es mayor en los sistemas judiciales anglosajones que en los latinos, herederos del Derecho Romano y del Código de Napoleón, y más sujetos por el contenido de los textos jurídicos. Esta libertad de interpretación de los jueces es razonable y resulta aceptable, siempre que no se vea inducida por motivaciones extra- jurídicas, sean ideológicas o políticas. Recordemos los acontecimientos que se produjeron en la final de la Copa del Rey entre el Barcelona C.F. y el Atlético de Bilbao en Barcelona el pasado año. Felipe VI fue recibido con pitos e insultos por parte de los seguidores de ambos equipos que ondeaban infinidad de banderas esteladas –ante la mirada complaciente del Presidente de la Generalitat, Artur Mas- y el himno nacional resultó apenas audible por el estruendo de los silbidos y los abucheos. Recuerdo haber visto por televisión como una gran bandera independentista ocultaba en algún momento la figura del Rey durante la ceremonia de entrega de trofeos. No se trataba en modo alguno de una reacción espontánea de miles de encolerizados espectadores que manifestaban su libertad de expresión, sino de una auténtica trampa preparada con premeditación –la demostración colectiva de rechazo había sido cuidadosamente preparada por partidos y movimientos independentistas, que distribuyeron gratuitamente miles de silbatos y banderas- y con alevosía –convicción de que sus acciones quedarían impunes y situación de inferioridad del Jefe del Estado, que difícilmente podía salir airoso de semejante encerrona-. En una ocasión similar, el Presidente de la República Francesa, Jacques Chirac, abandonó el estadio, pero nuestro pundonoroso monarca resistió impávido el chaparrón de injurias prodigado por una multitud amparada en el anonimato. ¿Se produjo en esta ocasión una actuación injuriosa hacia el Rey y una afrenta a uno de los símbolos por antonomasia de un Estado, como es su himno nacional, que merecieran reproche penal?. Aquí surge un problema de interpretación de los textos jurídicos. El Código Penal establece que quienes injuriaren al Rey en el ejercicio de sus funciones o con motivo u ocasión de ellas serán condenados a la pena de prisión de seis meses a dos años si las injurias fueran graves, o de seis a doce meses si no lo fueran (artículo 490-3). Prevé asimismo que las ofensas o ultrajes de palabra, por escrito o de hecho a España o a sus símbolos y emblemas efectuados con publicidad se castigarán con la pena de multa de siete a doce meses (artículo 543). ¿Se produjeron en el Camp Nou injurias al Rey y ofensas a los símbolos de España?. Para los jueces Pedraz y Andreu la respuesta es negativa, por tratarse de meras críticas políticas cubiertas por la libertad de expresión. Para mí, modesto jurista, se produjeron ambos delitos: injurias no graves al Rey, máximo exponente del Estado y símbolo de su unidad y permanencia (artículo 56-1 de la Constitución Española) y ofensas y ultrajes de palabra y de hecho a los símbolos y emblemas de España. Los ciudadanos tienen derecho a expresar libremente sus pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra o por escrito, pero semejante derecho no es absoluto, pues tiene su límite en los derechos reconocidos en el Título I de la Constitución y en los preceptos de las leyes que los desarrollan (artículo 20-4). La conducta injuriosa de la masa de espectadores presentes en el Camp Nou no sólo violó los derechos fundamentales del Rey –vejado en su persona y en su honor-, sino que también constituyó un ultraje al himno nacional de España, que conculcó los derechos y los sentimientos de muchos españoles, presentes en el campo o ausentes de él. Por supuesto que la ley respalda la autoridad judicial y las sentencias tienen que se acatadas –salvo en el caso de Cataluña en que se pueden incumplir sin mayor problema-, pero los jueces son seres humanos que pueden equivocarse. Que el lector evalúe qué interpretación jurídica es más conforme a la ley y a la justicia: la de los jueces o la mía. Prohibición de exhibir banderas “esteladas” en el estadio durante la Final de Copa El juez Torres aceptó la tesis de los demandantes de la Asociación “Drets” de que la estelada era un signo “pacífico” y “no violento” reconocido por el Parlamento catalán y que la prohibición de su despliegue en público violaba las libertades de pensamiento y de expresión consagradas en la Constitución. El Ministerio Fiscal, en cambio, mantuvo que era una medida cautelar de seguridad para evitar que el citado despliegue masivo de esteladas pudiera distorsionar el buen desarrollo del partido de fútbol y producir alteraciones graves de la seguridad ciudadana o del orden público. Torres estimó que dicha exhibición en modo alguno sería susceptible de producir graves alteraciones del orden público. La democracia ampara la discrepancia y las formas en que ésta pueda manifestarse, “siempre que esa expresión sea respetuosa con los derechos de los demás”. La Administración no ha justificado en qué medida la exhibición de las banderas esteladas “infringe el orden jurídico vigente” o “puede suponer una perturbación grave de los intereses generales o de terceros”. La prohibición generaría un daño grave al recurrente en cuanto que le impediría manifestar su ideología política con la exhibición de la estelada, sin que concurrieran razones o motivos con la entidad suficiente como para restituir el uso de un derecho fundamental reconocido en el artículo 20-1 en relación con el 16-1 de la Constitución. Dicho perjuicio sería además irreparable, puesto que la exhibición quedaría definitivamente impedida y se consolidaría la infracción de derechos fundamentales. Este fallo suscita problemas de carácter jurídico, deportivo y político. Ámbito jurídico La decisión denegatoria de la Delegada del Gobierno se basó fundamentalmente en la Ley 19/2007, contra la violencia, el racismo, la xenofobia e intolerancia en el deporte y el Real Decreto 203/2010 que la desarrolla. La Ley entiende por actos violentos o que incitan a la violencia, entre otros, la exhibición en los recintos deportivos de pancartas, símbolos, emblemas o leyendas que, por su contenido o por las circunstancias en las que se exhiban o utilicen, de alguna forma inciten, fomenten o ayuden a la realización de comportamientos violentos, o “constituyan un acto de manifiesto desprecio a las personas participantes en el espectáculo deportivo”, así como la exhibición de “banderas y símbolos que atenten gravemente contra los derechos, libertades y valores proclamados en la Constitución” (párrafos b) y d) del artículo 2). Uno de los artículos básicos de nuestra Carta Magna establece que “la Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación, patria común e indivisible de todos los españoles” (artículo 2). Las banderas esteladas no son tan inocentes y pacíficas como pretenden los secesionistas catalanes y aceptan los jueces Pedraz, Andreu y Torres. Como ha señalado el Tribunal Supremo en una sentencia de 28 de Abril de 2016, la bandera independentista catalana es una enseña partidista que representa sólo a una parte de los ciudadanos catalanes representados por algunos partidos políticos. Constituye un “símbolo de la reivindicación independentista de una parte de los ciudadanos catalanes”, sistemáticamente empleada por las fuerzas políticas que defienden una opción independentista. Como ha observado Rafael Moyano, los símbolos creados para aunar sentimientos sólo sirven para provocar enfrentamientos. ¿Es la exhibición provocativa de esteladas compatible con la unidad de la Nación española prevista en el artículo 2 de la Constitución?. Obviamente no, ya que lo que pretenden los partidos y personas que las exhiben es justamente lo contrario: romper la unidad nacional mediante la independencia de Cataluña. Prueba de la utilización torticera y sectaria de la estelada con fines políticos es que entidades pro-independistas como la Asamblea Nacional Catalana, Omnium Cultural, la Asociación “Drets” o la Plataforma pro Selecciones Deportivas Catalanas han hecho un llamamiento para llenar de esteladas el Vicente Calderón y suministrado enseñas a los aficionados. El “pacífico” despliegue de las esteladas en lugares públicos como un estadio cae dentro de la excepción a la libertad de expresión prevista en la Ley 19/2007 de exhibir banderas o símbolos que “atenten gravemente contra los derechos, libertades y valores proclamados por la Constitución”. También se ve afectado por la excepción la exhibición de signos que “constituyan un acto manifiesto de desprecio a los participantes”. El juez Torres afirmó de forma taxativa que el derecho a la libre expresión permitía la exhibición de esteladas, aunque él mismo la condicionara a que esa expresión fuera respetuosa con los derechos de los demás, y que semejante exhibición en modo alguno pudiera suponer una perturbación clara de los intereses generales o de terceros. Es innegable que el despliegue masivo de esteladas y los gritos contra Felipe VI, España y sus símbolos van contra el interés general de la Nación y atentan contra los derechos de la inmensa mayoría de los ciudadanos españoles presentes en el campo de juego -real o virtualmente a través de la televisión- e incluso de los que ni siquiera siguieran el partido, pues hieren sus sentimientos de unidad nacional, piedra angular de la Constitución. La libertad de expresión de unos pocos no puede resultar ofensivas para los demás. Además, es más que discutible decir que esta actividad no puede generar en ningún caso alteraciones del orden público. La experiencia muestra que el fanatismo nacionalista y populachero de algunos seguidores de equipos de fútbol ha provocado en diversas ocasiones graves altercados violentos e incluso guerras entre países. Por último, el artículo 16-1 de la Constitución permite limitar la manifestación de la libertad de expresión cuando sea necesario para el mantenimiento del orden público y, aunque Torres, actuando de pitoniso, vaticinara que jamás se producirían incidentes, no cabe excluirlos e incluso es probable –o, al menos posible- que se produjeran, dadas la politización y sectarismos de muchos aficionados del Barcelona C.F. Era de esperar que la sangre no llegara al río Manzanares, aunque no cupiera descartarlo. No ha mucho se tiñeron de rojo las riberas del río tras un partido intrascendente entre el Atlético de Madrid y el Deportivo de la Coruña. El Real Decreto 203/2010 avala la adopción de medidas cautelares ante un evento deportivo de alto riesgo, por lo que la prohibición de Concepción Dancausa –pese a la irreflexiva descalificación de la mayoría de los partidos políticos y de los medios de comunicación entra ba dentro de lo razonable y debería haberse mantenido. Ámbitodeportivo Es evidente la estrecha vinculación entre fútbol y política, estimulada por el nacionalismo visceral y parroquiano de algunos clubes, cuya expresión más genuina es el Barça, como lo demuestra la afirmación paradigmática de que “es más que un club”. Sus directivos y muchos de sus socios y seguidores utilizan al club para hacer política nacionalista barata y amparar en sus instalaciones manifestaciones y expresiones separatistas, ante el desconcierto y desánimo de un buen número de sus seguidores y admiradores que viven fuera de Cataluña. Es lamentable que uno de los mejores equipos del mundo –si no el mejor- y su entramado institucional pongan en riesgo su prestigio mediante actitudes populistas, xenófobas y excluyentes de lo que sea “culé”. Todos se muestran de acuerdo en que hay que separar el deporte de la política, pero del dicho al hecho hay un largo trecho, que no pasa precisamente por la Avenida de las Corts. El Comité de Control, Ética y Disciplina de la UEFA ha impuestos últimamente al Barcelona F.C. sendas multas de 30.000 y 40.000 euros, por la exhibición de esteladas en la final en Berlín de la Liga de Campeones contra la Juventus el pasado año y en el partido en Barcelona contra el Bayern Leverkusen clasificatorio para el campeonato de este año. A la UEFA podrían decirle muchas cosas desde la Masía, pero no que sus prohibiciones y sanciones fueran medios utilizados para encubrir la corrupción del Partido Popular y los fracasos del Gobierno español. En todos los países civilizados de nuestro entorno se trata de despolitizar el deporte, especialmente el fútbol y, cuando se violan las normas deportivas, se sanciona severamente a los culpables. No creo que la izquierda bienpensante se atreva a acusar a Francia de ser un país poco democrático. Pues bien, tras la salva generalizada de pitidos contra la “Marsellesa” por una parte del público norteafricano durante partidos internacionales contra Argelia y Túnez, el Gobierno francés promovió en 2003 una Ley sobre el delito de ultraje a la bandera o al himno nacional, que prevé la suspensión de partidos, la condena de hasta seis meses de cárcel y la imposición de multas de 7.500 euros a los autores. No creo que en España sea necesario adoptar una disposición semejante, dado que la normativa española cuenta con los suficientes instrumentos jurídicos para hacer frente a semejantes ultrajes. Lo que hace falta es que el Gobierno español tenga el valor de aplicarlas, si le dejan los jueces. Ámbito político Las relaciones entre Cataluña y el resto de España atraviesan por momentos sumamente delicados ante la decisión de la Generalitat –con el apoyo de los partidos nacionalistas y de izquierdas, y numerosos grupos sociales- se hayan pronunciado abiertamente por la declaración de la independencia de Cataluña, esté elaborando la estructura jurídica de un Estado independiente, se niegue a aplicar algunas leyes nacionales y las sentencias de los tribunales que no le son favorables y han adoptado una actitud de insumisión ante el Estado español. El Gobierno central ha seguido una política apaciguadora a lo Chamberlain que, lejos de aplacar a la fiera, ha aumentado su apetito y estimulado su actitud retadora a comprobar que sus desafueros no tienen consecuencias negativas. Ahora los Puigdemont y Colau se pavonean gracias al balón de oxígeno que el juez Torres ha proporcionado al cansino y estancado proceso de independencia y nos han a hecho el inmenso honor de estar presentes en el estadio Vicente Calderón –junto a la inefable Alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, dispuesta a amadrinar la enseña independentista- y co-presidir el Partido con el Rey. . Ahora todo son parabienes y no es tan mala la justicia española. Bien distinta hubiera sido su reacción si la decisión judicial hubiera refrendado la prohibición decretada por la Delegada del Gobierno. Carles Puigdemonta –que ignora tener el techo de cristal- afirmó que, cuando una representante intenta conculcar un derecho democrático y no se sale con la suya, debería asumir sus responsabilidades y dimitir. Si fuera consecuente con sus palabras, Puigdemont, Mas y todos los miembros de la Generalitat deberían haber presentado tiempo ha sus respectivas dimisiones, pues –día tras día- no hacen más que conculcar sin éxito los derechos de la mayoría de los españoles, incluidos muchos catalanes. Una cosa es ser condescendientes y flexibles con la posición reivindicativa de Cataluña y otra bien distinta pecar de falta de convicción y de pusilanimidad. El Gobierno es responsable de aplicar las leyes y las decisiones de los tribunales, y debe hacerlo aunque provoque con ello una ola de victimismo en Cataluña al que ya estamos acostumbrados. La Generalitat es como la “pubilla” adolescente y virginal que se cree continuamente mancillada por el sátiro del Gobierno español. Reza el refrán castellano que “el que no llora, no mama” y Cataluña ha aprendido bien la lección. No sólo mama hasta saciarse de las generosas ubres del aborrecido Mamá-Estado, sino que encima no para de llorar y protestar ante la persecución que supuestamente le infligen España y “Madrit”, encarnación y epítome de todos los males, incluidos los deportivos. Ha llegado la hora de que el Gobierno central abandone su actitud de debilidad y condescendencia y simplemente cumpla con sus responsabilidad de hacer cumplir las leyes y las decisiones judiciales. Como ha señalado un editorial de “ABC”, el Gobierno español ha perdido demasiado tiempo templando gaitas con el secesionismo y ya no son de recibo más conductas permisivas. Impedir las esteladas, exhibidas de forma provocativa en un partido de alto riesgo era razonable y afectaba escasamente a la libertad de expresión. ¿Puede una persona seria y sensata rasgarse las vestiduras jurídicas y afirmar que la prohibición de la exhibición de un símbolo anticonstitucional supone un grave atentado a la libertad de expresión de los ciudadanos catalanes, que impide la restitución de un derecho fundamental? Nueva generación de Derechos Humanos La Sociedad cuenta con numerosas normas enunciadoras y protectoras de los derechos humanos y las libertades fundamentales: La Declaración Universal de Derechos Humanos de 1950, el Convenio Europeo de 1950 para la protección de los Derecho Humanos y de las Libertades Fundamentales, los Pactos de Naciones Unidas de 1966 sobre derechos civiles, políticos, sociales, culturales y económicos, la Carta de 2000 de Derechos Fundamentales en la Unión Europea o el Tratado de Lisboa de 2007, por el que la UE reconoce los derechos, libertades y principios enunciados en la citada Carta, “que tendrá el mismo valor jurídico que los tratados internacionales”. Pero a España no le basta esta amplia panoplia de medidas protectoras y quiere más. Algunos de sus preclaros jueces están decididos a crear nuevos derechos en beneficio de la Humanidad y están configurando un derecho fundamental de cuarta o quinta generación que autoriza a los ciudadanos a injuriar al Jefe del Estado, a España y a sus símbolos. ¡Y luego dicen que no somos progresistas! : Madrid, 23 de Mayo de 2016

lunes, 9 de mayo de 2016

Brexit: Ni contigo ni sin tí tienen mis penas remedio

”BREXIT”: NI CONTIGO NI SIN TI, TIENEN MIS PENAS REMEDIO En 2013, el Primer Ministro británico, David Cameron, anunció, para sorpresa de propios y extraños –especialmente de sus socios en la UE- que en 2017 celebraría un referéndum para que el pueblo decidiera si Gran Bretaña debería continuar en la Unión o salir de ella, lo que ha sido calificado de “Brexit”. En las elecciones de 2014 incluyó este compromiso en su programa electoral, con el que el Partido Conservador (PC) ganó los comicios con mayoría absoluta. El Premier declaró que iniciaría negociaciones con la Comisión Europea y los Estados miembros de la UE para introducir modificaciones en la estructura, competencias y “modus operandi” de la Unión, y se comprometió a hacer campaña a favor de la permanencia si se aceptaban sus condiciones. A lo largo de 2015 se celebraron las negociaciones que concluyeron el 19 de Febrero de 2016 con un acuerdo en el que se han hecho ciertas concesiones al Reino Unido. Tras presentarlo ante su opinión pública como un gran éxito, dado que el esforzado San Jorge había alanceado al impopular dragón comunitario, Cameron decidió adelantar el prometido referéndum al 23 de Junio de este año. Incorporación de Gran Bretaña a las Comunidades Europeas Resulta curioso que en la campaña en pro y en contra de la permanencia o de la salida de Gran Bretaña de la UE, los dos bandos han invocado en su favor la venerable figura de Sir Wisnton Churchill, que fue el primer ideólogo visionario de una Europa unida. Como ha observado Belén Becerril –recopiladora y comentadora del libro sobre Churchill “Europa Unida: Dieciocho discursos y una carta”-, el Premier conservador rompió el apotegma de que la soberanía era inviolable y admitió que pudiera ser compartida por los Estados europeos para ganar presencia y protagonismo en el mundo. Fue el precursor de la Comunidad Económica Europea, aunque pretendió que ésta se configurara conforme a las condiciones, y bajo el liderazgo, del Reino Unido. Tras la II Guerra Mundial, el político británico era sin duda el principal líder europeo y Gran Bretaña el país menos desgastado por la contienda. Romántico y pragmático a la vez, Churchill se debatía entre su deseo de dar continuidad del Imperio Británico –a cuyos efectos se inventó la Commonwealth- y su fino instinto político que percibía la necesidad de una Europa unida, y de ahí su ambigüedad en los momentos decisivos de su gestación. En 1946 afirmó que no veía a Gran Bretaña en Europa, aunque era partidario de su integración en el nuevo ente “in fieri”. Temía, de un lado, el excesivo federalismo y la aspiración supranacional de los padres fundadores –los Schumann, Monet, Adenauer o De Gasperi- y, de otro, que la Commonwealth y sus lazos especiales con Estados Unidos pudieran verse adversamente afectados. Finalmente, decidió no unirse a la Comisión Europea del Carbón y del Acero (CECA) en 1951. Dos años más tarde pronunció un famoso discurso en el que ponía de manifiesto sus dudas hamletianas: ”Estamos en Europa, pero no somos Europa. Estamos vinculados, pero sin estar atados”. Reflejaba con estas palabras el excepcionalismo británico y su sentido de autonomía respecto a Europa (“Gran Bretañas y el continente”), que le daban derecho a un tratamiento especial. Pensó probablemente que el proceso no iría muy lejos, pero, cuando vio que el modelo de la CECA se ampliaba en 1957 a toda la economía con la creación de la Comunidad Económica Europea (CEE), Reino Unido empezó a preocuparse y, para contrarrestarla, constituyó en 1960 la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA), junto con los países escandinavos, Portugal, Austria y Suiza. El intento tuvo escaso éxito y, con su proverbial pragmatismo, Gran Bretaña se olvidó la EFTA y solicitó su ingreso en la CEE con el fin de frenar desde dentro el proceso integrador que no había podido controlar desde fuera. Charles De Gaulle le pasó factura y la tuvo una temporada en la “dog house”, hasta que finalmente dio la venia para su ingreso en 1973 Dos años después se celebró un referéndum que respaldó su permanencia en la CEE y, en 1979, Margaret Thatcher -al grito de “¿qué hay de mi dinero?”- consiguió el “cheque británico”, mediante el que los demás miembros compensan económicamente al Reino Unido del supuesto déficit existente entre los que aportaba a la Comunidad y lo que de ella recibía. Gran Bretaña ha sido fiel cumplidora de las obligaciones impuestas por los tratados constitutivos en todo lo relativo al mercado único y a las políticas comunes, pero ha supuesto un obstáculo permanente para el avance del proceso integrador en otros ámbitos y, para diluirlo, propugnó la ampliación de la CEE/CE, que pasó de los 6 miembros fundadores de la CECA a los 28 actuales miembros de la UE. Cuando no lograba pararlo, recurría a la cláusula de “opting-out”, que le permitía zafarse de sus obligaciones, como en el caso de la libertad de movimiento de personas establecido en el Acuerdo de Schengen o la tercera fase de la Unión Monetaria Europea y la adopción del euro como moneda común. Consiguió en 1992 que en el Tratado de Maastricht se suprimieran los cruciales adjetivos “federal” y “legislativo”, que calificaban respectivamente el carácter de la UE y los actos de la Unión. Batalló contra el Tratado de 2004 sobre una Constitución para Europa, la creación de un Ministerio Europeo de Asuntos Exteriores y el carácter vinculante de la Carta Europea de Derechos Humanos. El texto no pudo ser aprobado y fue sustituido por la versión descafeinada del Tratado de Lisboa de 2007, cuya aspiración de “lograr una unión cada vez más estrecha en Europa” no era aceptable para el Reino Unido, que deseaba justo lo contrario, y logró introducir algunas cláusulas que consagraban su excepcionalidad. El Gobierno británico declaró en 2010 que no haría más cesiones de soberanía, se excluyó en 2012 del Pacto para la Austeridad, la Coordinación y la Gobernanza, y forzó una disminución de los presupuestos de la UE, pese al incremento de sus gastos y el aumento de sus miembros. Cameron se jactó de que había conseguido más que Thatcher, pues había logrado recortar el presupuesto europeo y vetar tratados. Se opuso al nombramiento como Presidente de la Comisión Europea de Claude Juncker –al que acusaba de ser “demasiado europeista”-, pese al “getlemen’s agreement” acordado de que sería designado el candidato que ganara las elecciones europeas, y amenazó con abandonar la Unión si resultaba elegido. Forzó una inusual votación de la que salió humillantemente derrotado, ya que sólo le apoyó Hungría. Acuerdo entre Gran Bretaña y la UE Cameron celebró las prometidas negociaciones con la Comisión Europea, en las que exigía la desaceleración del proceso integrador, la renacionalización de competencias ya cedidas -financieras, laborales, pesqueras, ambientales o judiciales-, la concesión de mayores competencias a los Parlamentos nacionales, la limitación de la libertad de movimiento de personas, la reducción de los derechos reconocidos a los trabajadores de otros Estados miembros, el fortalecimiento de las cláusulas de “opting-out”, la no discriminación de sus empresas y la preservación del estatuto financiero privilegiado de la City de Londres. Consciente de las graves consecuencia que tendría el “Brexit “, la UE ha condescendido con el órdago británico y alcanzado un acuerdo por unanimidad. Como ha observado Francisco Sosa, todos los Estados miembros han consentido que el egoísmo de un país y sus paranoias se impongan a conquistas capitales de los ciudadanos europeos. No ha cedido, sin embargo, tanto como presume Cameron, que ha afirmado haber conseguido la abrumadora mayoría de lo que reclamaba, por lo que, con una UE reformada, “estaremos fuera de lo que no funciona para nosotros: las fronteras abiertas, los rescates y el euro”. Lo acordado –concluía el Premier- ha sido suficiente para que pida al pueblo británico su apoyo a la permanencia en la Unión, que nos hará “más fuertes, más prósperos y más seguros”, pues abandonarla supondría dar un salto en el vacío. Los euroescépticos, en cambio, no han compartido el optimismo cameroniano y considerado que el acuerdo logrado era insuficiente. El Consejo ha enfatizado que las reformas a introducir son totalmente compatibles con los tratados constitutivos y no alteran los poderes de las instituciones, ni los procedimientos legislativos. No se trata tanto de modificar los tratados, como de interpretarlos. Examinemos objetivamente su contenido Cameron pretendía denegar ciertas prestaciones laborales a los trabajadores nacionales de los Estados miembros y sólo ha conseguido poder hacerlo durante un máximo de siete años con respecto a nuevos trabajadores, siempre que cuente con un informe favorable de la Comisión Europea y el voto mayoritario del Consejo. También ha logrado que las ayudas a los familiares de los trabajadores que no residan en Gran Bretaña sean pagadas de conformidad con el coste de vida del país de residencia. Exigía garantías de continuidad del protagonismo financiero de la City y de trato igual a las empresas de Estados que no aceptan el euro, y lo ha logrado sólo en parte. Se incluirá una cláusula de salvaguardia a invocar cuando se estimare que una decisión financiera o regulatoria de la UE fuera muy perjudicial para los intereses del Reino Unido, pero su redacción es vaga e imprecisa y se presta a diversidad de interpretaciones. Se admite que no se discriminará a las empresas de los Estados que no formen parte de la moneda única y, en contrapartida, éstos no deberán obstaculizar la Unión Económica y Monetaria. Donde sí ha triunfado claramente ha sido en el plano político, al lograr que se introdujera una cláusula que reconoce que el compromiso consagrado en el Tratado de Lisboa de procurar “una unión cada vez más estrecha” no se aplicará a Gran Bretaña. Como ha observado la profesora Araceli Mangas no cabe la exoneración de un compromiso que no supone “per se” una mayor integración en el seno de la UE. Se trata de una declaración de principio que, para llevarla a cabo, requeriría la modificación de los tratados, para lo que sería preciso la aceptación de todos los Estados miembros. El Acuerdo no entrará en vigor hasta que Gran Bretaña confirme su permanencia en la Unión. La confección de un traje a la medida británica supone la consagración de un régimen excepcional que rompe la unidad y la cohesión interna de la UE, y dificultará el proceso de integración. Sin embargo, las concesiones no son tan amplias como parece, pues no hacen más que constatar una situación de hecho: el régimen especial que se ha auto-concedido el Reino Unido con su reiterado recurso a la cláusula “opting out”, y que ha sido tolerado por los demás miembros. El problema es el posible efecto mimético del nefasto precedente, que lleve a otros Estados miembros a pedir un trato similar. Con ello se oficializa legalmente la situación fáctica de una Unión a dos o más velocidades. Las consecuencias del “Brexit” serían más graves, por lo que cabe resignarse al Acuerdo como un mal menor. Habrá que ver si las concesiones hechas a Gran Bretaña favorecerán el voto afirmativo de su pueblo a la permanencia en la institución, lo que no es del todo seguro. Al final, el voto se definirá en una movilización emocional entre el ser y no ser del Reino Unido y su acomodo en Europa. Como ha señalado Herry Kamen, Gran Bretaña ha dejado de ser una isla, pues está unida a Europa por todos los medios posibles. Los votantes tendrán que decidir si realmente van a ganar algo tratando de ajustar el reloj 40 años hacia atrás. Error de Cameron en recurrir a un referéndum El recurso de las democracias parlamentarias a los referendos es heterodoxo pues las decisiones sobre los temas importantes deben ser adoptadas por el Gobierno y por el Parlamento. Pasar al pueblo la “patata caliente” de decidir sobre cuestiones complejas y delicadas es un acto demagógico y populista, más propio de los regímenes autocráticos. Cameron ha actuado de forma irresponsable al poner a la UE contra las cuerdas. Cabe preguntarse qué ha inducido a un demócrata como el “Premier” a recurrir al referéndum. Es cierto que el PC ha estado escindido sobre la cuestión de la conveniencia de permanecer en la UE y resulta comprensible que su líder deseara resolver la cuestión para reunificar al partido. Sin embargo, en mi opinión, el objetivo perseguido por Cameron ha sido neutralizar la creciente presión del Partido de la Independencia del Reino Unido –que pretende sobrepasarlo por su derecha-, del sector más antieuropeo de su partido y del euro-escepticismo de buena parte de la opinión pública y de los medios de comunicación, y chantajear a la UE para que aceptara sus reivindicaciones y consolidara la concesión de un régimen especial a la Gran Bretaña. Pero ha cometido un grosero error de cálculo al actuar de aprendiz de brujo, pues –para salvar su pellejo político- ha desencadenado unas fuerzas que podrían llevarse por delante a él mismo, al PC, al Reino Unido y a la UE. Convocar un referéndum siempre es arriesgado –si no, que se lo pregunten a Felipe González- y más aún en tiempos de crisis económica y de descontento social, en los que la población siempre trata de buscar un chivo expiatorio, y la burocracia de Bruselas tiene todas las papeletas para ganar la rifa. Los Gobiernos sólo deberían convocar referendos cuando tuvieran garantías razonables de ganarlos con mayorías abrumadoras y no por pequeños porcentajes, pues, de no ser así, difícilmente resolverían el problema planteado y -a juicio de Miriam González de Clegg- Cameron no cuenta con esa garantía. Nadie sabe cuál será el resultado del referéndum y no será fácil que se gane, pero –si se gana- difícilmente se lograría por más de un 10% de diferencia. La cuestión de la pertenencia a la UE se está abordando de forma más visceral que racional, explotando los euro-escépticos el sentimiento atávico de independencia, superioridad y especificidad. Se vaticina una considerable abstención, especialmente entre los jóvenes, que son los más favorables a continuar en la Unión. Las fuerzas están igualadas y existe un empate técnico, pues las encuestas prevén un 51% de votos a favor del SÍ y un 49% en pro del NO, pero la situación es muy fluida y hay un 23% de electores aún indecisos. Mas, gane quien gane, la cuestión no va a quedar definitivamente resuelta y el debate de la relación Gran Bretaña-UE continuará. A Cameron se le ha rebelado buena parte de los dirigentes del PC, incluidos cinco miembros de su Gabinete, el Portavoz del Partido y el influyente ex-Alcalde de Londres, por lo que ha tenido que conceder libertad de voto para evitar una crisis de Gobierno. Los estereotipados argumentos de los euro-escépticos han sido expuestos por Boris Johnson como sigue: La soberanía del Reino Unido se ha visto gravemente erosionada por las instituciones de la UE, que peca de activismo judicial y un exceso de legislación. Quiere una nueva relación de Gran Bretaña con la Unión basada más en el comercio y en la cooperación y menos en la supranacionalidad. La UE se ha convertido en un proyecto político que corre el riesgo real de quedar fuera del control democrático. Cameron carece de credibilidad, pues –para presionar a fin de lograr sus pretensiones- lanzó no ha mucho una acerba campaña de desprestigio de las instituciones de la UE, que calaron en el ambiente euroescéptico británico y lo potenciaron. Ahora no está en condiciones de hacer una defensa convincente y sin reticencia de la necesidad de permanecer en la Unión. Ha adoptado una actitud poco entusiasta y meramente defensiva, tratando de ganar para su causa a los euro-escépticos de menor cuantía, al reiterar que el Reino Unido nunca participará en una mayor integración en la Unión, seguirá fuera de la zona euro y mantendrá el control sobre sus fronteras al margen del sistema Schengen, por lo que su estatuto especial le permitiría continuar en “la Europa que funciona”. Ha advertido que la decisión que tome el pueblo británico será irrevocable e irreversible, y que la ruptura con Bruselas podría dejar al país en el limbo durante años. Ha tenido que venir a Europa Barack Obama para defender a la UE con un discurso que Cameron y otros líderes europeos han sido incapaces de formular, y les ha reprochado en Hannover que “quizás necesitáis a un outsider, alguien que no sea europeo, para recordaros la magnitud de lo que habéis logrado”. La Unión –que ha cambiado la vida de 500 millones de personas- es algo más que un acuerdo económico, una moneda más o menos común y facilidades para viajar por Europa sin pasar demasiados controles. Es “un compromiso, un proyecto, un éxito per se”. No es sólo un objetivo, sino “un camino que cobra sentido según se construye”. Vivimos “en la era más pacífica, próspera y progresiva de la historia de la humanidad”. Más gente que nunca vive en democracia y somos “más ricos, más sanos y mejor educados que nunca antes”. Estados Unidos quiere una Europa unida, porque es vital para él contar con un aliado único, fuerte e influyente. Europa necesita ser un bloque porque, fragmentada, su voz vale una quinta parte, y “el Reino Unido estará en su mejor posición ayudando a liderar una fuerte UE”. Expresó su deseo de que su influencia creciera en su seno y advirtió que una nueva relación comercial con la Unión después de un hipotético Brexit llevaría su tiempo. Obama citó la siguiente frase del poema “La segunda venida” de William Yeats:”Los mejores carecen de convicciones y los peores están cargados de apasionada intensidad”. Los euro-escépticos británicos han reaccionado con indignación contra la intervención del Presidente estadounidense y Johnson lo ha acusado de doble moral -ya que su país es el que defiende con más celo sus intereses y sus fronteras frente a las ingerencias externas- y de “exorbitante hipocresía“, por pronunciarse a favor de la permanencia. Consecuencias de la consumación del “Brexit” Ana de Palacios ha mostrado su sorpresa por la inconsciencia del debate británico sobre las turbulencias que generaría el “Brexit”, tergiversando ciertas políticas y acuerdos existentes. Los defensores de la retirada han edificado un falaz relato sobre la vida más alla de la UE, que engatusa a muchos ciudadanos. Les han hecho creer que la City seguiría siendo el centro financiero europeo por excelencia y que el Reino Unido conservaría su libre acceso al Mercado Único sin las cargas inherentes a la libre circulación de trabajadores. Su posición, sin embargo se vería considerablemente mermada y las negociaciones posteriores a su retirada serían arduas y amargas, y prolongarían durante años una incertidumbre que supondrían importantes costes para sus empresas y sus ciudadanos. En efecto, las consecuencias económica y políticas del “Brexit” serían desastrosas para la UE, pero mucho más para la Gran Bretaña, pues supondría –según la Confederación de la Industria Británica- un paso atrás en el crecimiento, el comercio y el empleo a corto y medio plazo, y el inicio de una década de incertidumbre económica, política y jurídica, ya que la economía británica está estrechamente integrada en Europa y no sería fácil separarla de ella. Se calcula que mientras aquélla perdería entre el 2 y el 3% de su PIB, ésta llegaría a perder entre el 6% y el 9%, que la CFI ha cifrado en 130.000 millones de euros en los próximos años. Gran Bretaña destina a la UE algo más del 50% de sus exportaciones y el “Brexit” implicaría además su exclusión de la red de acuerdos económicos, comerciales y pesqueros concluidos por la Unión. Según la agencia Moody- “resultaría lento y complejo dejar de aplicar el Tratado de Lisboa y negociar acuerdos alternativos”, por lo que vaticina que el “Brexit” acarrearía una bajada del “rating” del Reino Unido y de sus empresas que dificultaría de forma considerable su acceso a los mercados financieros. El paro se incrementaría en un 3%, se perdería un millón de empleos y aumentarían considerablemente los costes laborales. De aquí que el Banco de Inglaterra, -su Gobernador ha señalado que la mera posibilidad del “Brexit” ha debilitado la libra y habrá que tomar medidas para protegerla, incluida una bajada de los tipos de interés-, la Patronal británica -200 grandes empresas han enviado una carta abierta en pro del SÍ-, la Bolsa de Londres –que ha reactivado la negociación para su fusión con la Bolsa de Alemania- y la propia City –que teme perder su condición de centro financiero de Europa- hayan advertido de los graves riesgos del abandono de la UE y apoyado con firmeza y unanimidad la permanencia de Gran Bretaña en la Unión. El Reino Unido se vería políticamente aislado en la esfera internacional y perdería en gran medida su protagonismo, pasando a ser un mero apéndice de los Estados Unidos. En el plano interno –según Charles Powell-, el “Brexit” llevaría a la salida de Escocia del Reino Unido y pondría en peligro la paz en Irlanda del Norte. Es en el plano político es donde más saldría perjudicada la UE. Para tratar de impedir el abandono de Gran Bretaña, le ha hecho concesiones que van contra principios básicos de la Unión como el compromiso de una creciente integración europea o la libertad de circulación de personas. Pero lo más letal podría ser el que se produjera un “efecto dominó político en Europa” que diera oxígeno y fomentara los sentimientos euro-escépticos, populistas y antieuropeos de partidos a la izquierda y a la derecha del espectro político, como Alternativa por Alemania, el Frente Nacional francés, el Movimiento Cinco Estrellas italiano, el Partido de la Libertad holandés, el Syriza griego o el Podemos español. ¿Pueden estas fuerzas combinadas llevar al desmantelamiento de la UE?, se ha preguntado Alex Fusté, y ha respondido que semejante riesgo se sitúa en un 40%, aunque pueda parecer un tanto exagerado hablar de desintegración de la Unión. No creo que se produjera ésta, pero sí supondría un serio frenazo al proceso integrador. Aún en caso de que el pueblo británico diera una respuesta afirmativa en el referéndum y el Reino Unido continuara formando parte de la UE con un privilegiado status, seguirían existiendo graves problemas en su seno debido a su actitud obstruccionista. Gran Bretaña entró en la Unión de mala gana y ha sido una china en el zapato comunitario. Ha pretendido hacer prevalecer su liderazgo y su concepción de la institución de forma no constructiva mediante la confrontación y la imposición de sus criterios, que –cuando no eran tenidos en cuenta- le llevaba a exigir y obtener un trato especial. Pese a lo controvertido de su actuación, que ha levantado ampollas entre los miembros más europeístas, ha conseguido un considerable respaldo, especialmente entre los países escandinavos y los nuevos miembros de Europa Oriental, más atlantistas que comunitarios. Ha sido -y es de temer que siga siendo- un caballo de Troya dentro de la fortaleza europea y un fiel escudero y esforzado testaferro del “primo de Zumosol” de allende el océano y, a la hora de la verdad, siempre ha antepuesto el interés trasatlántico al europeo. No deja de ser curioso que el primo Obama haya tenido que llamarle la atención a Cameron y recordarle las bondades de la UE y la conveniencia de permanecer en ella. Permanezca o no en la Unión, el Reino Unido continuará creándole problemas. Viene a mi mente la coplilla popular andaluza que reza:´”Ni contigo ni sin ti, tienen mis penas remedio. Contigo por que me matas y sin ti porque me muero”. Madrid, 9 de Mayo de 2016

martes, 26 de abril de 2016

Ataques al catolicismo

USTEDES PERDONEN, SOY CATÓLICO En los últimos años se ha puesto de moda en los sectores menos ilustrados de la izquierda política y sociológica atacar al catolicismo y burlarse de sus creencias, lo que ha llevado a la realización por personas y colectivos de actos gratuitos de menosprecio a la religión mayoritariamente profesada por los españoles. La Constitución garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades, y afirma que los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia católicas y las demás confesiones (artículo 16). Asimismo reconoce y protege los derechos a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones, si bien estas libertades tendrán su límite en el respeto a los derechos reconocidos y en el derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen (artículo 20). Para quienes –en incumplimientos de estas normas fundamentales- provocaren la discriminación, el odio o la violencia contra grupos y asociaciones por motivos referentes a la ideología, religión o creencias serán castigados con la pena de de prisión de uno a tres años y multa de seis a doce meses (artículo 510). El que en templo, lugar destinado al culto o en ceremonias religiosas ejecutare actos de profanación en ofensa de los sentimientos religiosos legalmente tutelados será castigado con la pena de prisión de seis meses a un años o multa de doce a veinticuatro meses (artículo 524). Asimismo incurrirán en la pena de multa de de ocho a doce meses los que, para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente -de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento- escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen –también públicamente- a quienes los profesan o practican (artículo 525-1). Son numerosos los actos antirreligiosos de profanación realizados en los últimos tiempos, si bien sólo mencionaré cuatro de ellos: el asalto de la capilla del Campus de la Universidad Complutense de Madrid en Somosaguas en Marzo de 2011, la procesión bufa y sacrílega del “Sagrado Coño Insumiso” en Sevilla en Mayo de 2014, la profanación de la Catedral madrileña de la Almudena por dos mujeres semidesnudas –que se encadenaron a un crucifijo mientras proferían insultos contra la Iglesia y gritos a favor del aborto- en Junio de 20114, y la versión blasfema del padrenuestro recitado en público en Barcelona por Dolors Miquel en Febrero de 2016. Asalto a la capilla de la Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense El 10 de Marzo de 2011, un grupo de mujeres lideradas por la joven estudiante Rita Maestre invadió la capilla de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense -pese a la oposición del Capellán, compañero de clase de la susodicha- “con intención de ofender los sentimientos religiosos de los allí presentes y del colectivo católico”, según afirmó la sentencia condenatoria de la joven dirigente de Podemos. Se situaron en torno al alta, Maestre se despojó de su camiseta quedándose en sujetador, otras jóvenes se desnudaron de cintura para arriba, dos de ellas se besaron provocativamente en la boca, y se procedió a la lectura de un manifiesto acusatorio. En él se decía que la Iglesia era una institución basada en códigos antidemocráticos y machistas, intentaba extrapolar su concepción de mujer, sexualidad y familia al resto de la sociedad, había emprendido una “cruzada” contra toda forma de orientación sexual diversa a la oficial, quemaba en la Edad Media a las mujeres en la hoguera, hoy las linchaban en el terreno mediático, y las atacaban “ayer, hoy y siempre”. El manifiesto concluía con este ponderado pronunciamiento sobre el ideal de la mujer:”¡Ni impura ni virgen, libre, transmaricabollo, viciosa, maricón, puta, deseante, autónoma, lesbiana!”. Al mismo tiempo vociferaban pareados con delicadas consignas como “Vamos a quemar, la Conferencia Episcopal”, “Menos rosarios y más bolas chinas”, “Sacad vuestros rosarios, de nuestros ovarios” o “Contra el Vaticano, poder clitoriano”. El Centro de Estudios Jurídicos Tomás Moro denunció a las intrusas en los Tribunales de Madrid, ante los que Rita Maestre –esa esforzada Juana de Arco del “strip-tease”- no pudo negar los hechos porque habían sido filmados y grabados, mantuvo que se había tratado de un ejercicio de la libertad de expresión amparada por la Constitución y alegó que en ningún momento habían querido ofender los sentimientos religiosos. El 18 de Marzo de 2016, el Juzgado de lo Penal nº 6 de Madrid dictó sentencia condenatoria por un delito contra los sentimientos religiosos previsto en el artículo 524, aunque sólo contra Rita Maestre –pues las otras asaltantes no habían sido identificadas-, si bien le aplicó la pena mínima de 12 meses de multa. La izquierda bienpensante se ha solidarizado con la actitud intolerante y sectaria de la actual portavoz del Ayuntamiento de Madrid ¿Tan bajo han caído los madrileños para verse representados por semejante personaje?. Habría que dirigirle el mismo grito que coreaban sus indignados correligionarios en las plazas públicas antes de acceder a las poltronas del poder municipal:”¡Que no, que no nos representa!”. La Alcaldesa de la Villa y Corte, Manuela Carmena, y su equipo “podemita” se han negado a que abandone su puesto tras la condena e incumplido así las normas éticas del partido. Procesión del “Sagrado Coño Insumiso” en Sevilla El Sindicato General de los Trabajadores convocó en la primavera sevillana de 2014 la procesión del “Sagrado Coño Insumiso”, mediante un manifiesto en el que señalaba que lo sacarían a la calle “para declarar nuestra insumisión a la explotación y a la precariedad”. El primero de Mayo salió en procesión una gigantesca vagina de plástico vestida de Virgen, escoltada por mujeres con mantilla y nazarenos, que coreaban consignas como “La Virgen María también abortaría” o “Vamos a quemar la Conferencia Episcopal”. La Asociación Española de Abogados Cristianos presentó una demanda contra cinco participantes por el delito de provocación a la discriminación, el odio y la violencia por motivos referentes a la religión, que ha sido admitida a trámite por la titular del Juzgado de Instrucción nº 10. Una de las investigadas, la mejicana Antonia Avalos, directiva de la Asociación de Mujeres Supervivientes, ha afirmado que sacar la vagina a la calle era ”una forma de apropiarnos de nuestro coño, del placer y del erotismo”, una “representación simbólica de nuestro derecho a decidir”. “Respetamos las creencias religiosas (¿?) –añadió- y tal vez estemos inventando formas que no son estéticamente positivas para ellos, pero nos duelen los asesinatos, las violaciones, la explotación sexual, la prostitución y la precariedad”. Carecían de ánimo ofensivo contra la Semana Santa o el clero, no se produjeron insultos a los feligreses católicos y la acción no iba dirigida contra la Iglesia. Se habían limitado a imitar una procesión para exaltar la vagina como símbolo de la mujer, en un ambiente lúdico, para reivindicar políticamente el derecho a decidir ¡Unas explicaciones muy lógicas y coherentes!. Lo peor del caso es que el Ayuntamiento de Sevilla adoptó el pasado 26 de Febrero una moción de apoyo a las investigadas, en la que pedía al Fiscal y la Juez instructora el archivo de la causa. Como declaró la Presidenta de la Asociación de Abogados Cristianos, Polonia Castellanos, “el poder político no puede ni debe presionar al poder judicial violentando la separación de poderes. La Juez Pilar Ordóñez ha pedido amparo ante esta grosera intromisión del Ayuntamiento hispalense en un procedimiento judicial en proceso de instrucción , porque la remisión del acuerdo municipal “inquieta y perturba la independencia judicial, ya que el procedimiento penal se encuentra en fase de instrucción y pendiente de resolución”, y el Consejo General del Poder Judicial ha admitido a trámite la petición. Poema blasfemo de Dolors Miquel El 15 de Febrero del presente año, en la ceremonia de entrega de los premios “Ciudad de Barcelona” de 2015 en el “Salou de Cent” del Ayuntamiento, en presencia de la Alcaldesa, Ada Colau y de las fuerzas vivas de la ciudad, la versificadora Dolors Miquel recitó la exquisita versión del Padre nuestro incluida en su poemario “Missa pagesa”: “Madre nuestra que estáis en el cielo, santificado sea vuestro coño, la epidural, la comadrona, Venga a nosotros vuestro grito, vuestro amor y vuestra fuerza. Hágase vuestra voluntad en nuestro útero sobre la tierra. Nuestro día de cada día dádnoslo hoy. No permitáis que los hijos de puta aborten el amor y hagan la guerra. Liberadnos por los siglos de los siglos. ¡Vagina!. Amén Colau elogió la alta calidad literaria del panfleto y expresó agradecimiento a su autora, a la que situó entre las valientes que se habían atrevido a romper el hielo en un marco tan solemne. No compartió esta opinión el portavoz del PP en el Ayuntamiento, Alberto Fernández, que abandonó el salón y declaró que no era un tema de creencias religiosas, sino de respeto a dichas creencias, y que con los católicos se atrevían a todo, pero era seguro que no ejercían su libertad para mofarse del Islam. Los izquierdistas intolerantes no se atreven, en efecto, porque temen la reacción violenta de los musulmanes –como en el caso de “Charlie-Hebdo”-, que no esperan de los desmotivados católicos. Igual cabe decir de los judíos. Cuando se sacó a la luz el denigratorio “twitter”de 2011 del concejal “podemita” del Ayuntamiento de Madrid, Guillermo Zapata, -“¿Cómo meterían a cinco millones de judíos en un 600?: en el cenicero”-, hubo una reacción generalizada de rechazo por parte de la opinión pública y de los medios de comunicación, que le costaron perder la concejalía de Cultura, aunque Carmena lo mantuviera en el cargo y le concediera la presidencia del distrito de Fuencarral/El Pardo. Cuando se insulta y menosprecia a los católicos, apenas surgen voces condenatorias, antes al contrario se producen pronunciamientos solidarios. Un Juzgado de Barcelona no ha admitido a trámite la querella presentada contra Dolors Miquel y Ada Colau. Falta de reacción de los católicos y de la sociedad española en general Seamos serios y tengamos un mínimo de rigor y de objetividad. Es cierto que durante el régimen franquista la Iglesia oficial tuvo una situación privilegiada y cometió –o permitió que se cometieran- algunos abusos, como asimismo se hizo en la época de Constantino, el Medievo, el Renacimiento o la Contrarreforma. Es asimismo cierto que existieron las Cruzadas, la Inquisición –que por cierto se creó en Francia y no en España, como erróneamente se cree- y que Galileo fue injustamente condenado por los Tribunales eclesiásticos, pero todo ello es agua pasada, es Historia,felizmente superada por el “aggiornamento” de la Iglesia católica tras el Concilio Vaticano II y por la petición de perdón de los Papas. Ahora, los librepensantes de la “gauche divine” se arrogan el monopolio de la verdad y de la lucha por la defensa de los derechos humanos y las libertades fundamentales. Muchos católicos sufren un complejo de culpabilidad, soportan con mansedumbre los abusos de los sectarios y no se defienden ante los injustificados ataques a sus creencias y a sus convicciones. Siguiendo el mandato evangélico, el católico debe poner la otra mejilla ante una ofensa personal, pero tiene que reaccionar con coraje y determinación cuando la ofensa se produce contra el conjunto de la Iglesia. No se lleva ahora ser católico practicante, no es “cool”, y hay poco menos que presentar excusas por serlo. Los derechos fundamentales de todos –incluidos los de las antiguallas de los católicos- deben ser garantizados y protegidos de la discriminación por la ley, las instituciones y la sociedad. Increíble moción del Ayuntamiento Hispalense Me ha sorprendido la escasa reacción de la sociedad de Sevilla, de sus cofradías y de sus fuerzas sociales ante el grave agravio gratuitamente infligido a las creencias religiosas de la ciudad y a las tradiciones de la Semana Santa andaluza. Y no digamos de las fuerzas políticas, que han reaccionado más bien en sentido contrario. Resulta increíble el acuerdo adoptado por el Ayuntamiento hispalense con los votos del PSOE, Izquierda Unida y Podemos, y la abstención vergonzante de Ciudadanos. De Podemos e IU no cabía esperar otra cosa, pues al menos son coherentes en su sectarismo anticatólico, pero el PSOE andaluz se ha quitado la careta pese a la pasión cofradiera de Susana Díaz y muchos de sus dirigentes. Ciudadanos de Andalucía ha puesto una vez más de manifiesto su meliflua equidistancia y su apoyo de facto al PSOE, personificado en su líder, Juan Marín, esforzado y convencido “cirineo” de la Sultana andaluza. El Concejo sevillano se ha despachado diciendo que el procedimiento incoado contra los responsables de la farsa “coñera” “no tiene cabida en un Estado democrático de Derecho y pone de manifiesto la total falta de garantías y la privación de derechos fundamentales como la igualdad, la libertad ideológica o la intimidad reconocida en la Constitución Española”. Como sus autores no tuvieron en ningún momento intención de realizar ofensa o incitación al odio hacia ninguna creencia religiosa, ha expresado su apoyo y solidaridad hacia las personas investigadas y al movimiento feminista en general, “denunciando el ataque a la libertad de expresión que este procedimiento representa”. En consecuencia, ha solicitado que la acusación particular retire la denuncia y la Fiscalía la acusación, y que la Juez archive la causa. ¡Toma ya!. Han dejado en mantillas al Ayuntamiento gaditano del “Kichi” González y a su vehemente compañera Teresa Rodríguez. No me extraña que la Juez Pilar Ordóñez –de la casta de las jueces andaluzas como Mercedes Alaya- haya solicitado amparo ante el GGPJ para que repruebe la increíble intervención del Ayuntamiento sevillano. Ahora, ¡caretas fuera y que cada palo aguante su vela!. Los sevillanos deben ser conscientes de los personajes que mandan en su Ayuntamiento, los andaluces de los que monopolizan la Junta desde que se estableció la democracia y lo españoles del doble lenguaje del PSOE y de la calculada ambigüedad de Ciudadanos. Los católicos no deben alardear de su fe, pero tampoco pedir excusas por practicarla. Madrid, 25 de Abril de 2016