martes, 6 de diciembre de 2016

EL DIPOMÁTICO: ESE DESCONOCIDO

José Antonio de Yturriaga Barberán
Embajador de España

I.-Introducción. II.-Concepto de diplomático: 1) Edad Antigua; 2) Edad Moderna; 3) Edad Contemporánea. III.- Rasgos principales del diplomático: 1) Responsabilidad; 2) Disciplina; 3) Servicio permanente; 4) Riesgos; 5) Desarraigo; 6) Tensión. IV.-Conclusiones


I.-Introducción

El Cardenal de Bernis decía lo siguiente en 1757: “Soy diplomático y hablo en presente porque lo he sido tantos años, que no puedo desprenderme de las costumbres del oficio. ¿Qué sería del mundo si los diplomáticos se expresaran de un modo inequívoco, si no cupiera ninguna duda sobre lo que dicen y lo que piensan. Aterra sólo el pensarlo. Decimos una cosa y damos a entender la posibilidad de lo contrario, de una manera sutil  graciosa como “granus sali”…Si los demás nos imitaran y, en vez de hablar con franqueza, se valiesen de rodeos, engaños y medias tintas, las relaciones humanas serían mucho más tolerables…La claridad, desengáñense, es contraria a la naturaleza. En la creación no verá nunca nada claro y, cuando crea verlo, es que le engañan sus sentidos. Supongo que Dios no creó la claridad…”[1]. Estoy de acuerdo con la primera parte de este aserto, pero no tanto con la segunda. Hay una opinión bastante generalizada que identifica a los diplomáticos con la doblez, la mentira y la ambigüedad. Yo voy a expresar mi parecer sobre una carrera a la que he pertenecido en activo durante 43 años y en pasivo hasta que pase a la otra vida. No podré librarme del todo del natural subjetivismo, pero trataré de ser lo más objetivo posible, basándome en mi vivencia personal.

Viene a mi mente el chiste de los frailes cartujos que están esperando en comunidad noticias sobre su agonizante Prior. Sale el segundo de a bordo y les anuncia compungido:”Nuestro amado Padre ha pasado a mejor vida”. Y se escucha una voz anónima que exclama:”¿Aún mejor?”. Ésta es lamentablemente la opinión que prevalece sobre la “carrière” y que se refleja en obras como la serie televisiva de Antena-3 “La Embajada” -donde se presenta a los diplomáticos rodeados de lujo, intriga, corrupción, sexo y jolgorio- o en los medios de comunicación tales como el diario digital “El Confidencial”: “La vida de los diplomáticos ha sido universalmente considerada como un sinónimo de ’glamour’, lujo y privilegios. La fascinación se ha convertido en indignación. Apenas pagan impuestos, no pagan las multas por infracciones de tráfico, reciben abultados sueldos y viven en residencias lujosas rodeados de ayudantes. Son el mito sublime del funcionario”[2].

 Además de esta versión “rosa”, existe otra “negra”: la del intrigante que no repara en medios para conseguir sus fines, se entromete en los asuntos domésticos del Estado en el que está acreditado y se dedica al espionaje y la conspiración. Muestra de esta versión son las palabras del sindicalista irlandés James CONOLLY:”El diplomático realiza todos los actos que le proporcionen éxito; todo es lícito si sirve a sus fines. Si es necesario hacer trampas, hará trampas; si le resulta útil mentir, mentirá; si el soborno le ayuda, sobornará: si asesinar le sirve, mandará asesinar; si el robo, la seducción un incendio premeditado o una falsificación lo acercan al éxito, hará cada una de estas cosas. Y a través de todo ello, el diplomático se mantendrá como la esencia del honor”[3].

A finales de Enero de 1980, la Embajada de España en Guatemala sufrió el asalto de las fuerzas armadas y de seguridad guatemaltecas, como consecuencia del cual resultaron asesinadas 37 personas, incluido el Secretario de la Misión Jaime RUIZ de ÁRBOL. El Embajador, Máximo CAJAL, pudo escapar con vida de milagro, aunque resultó herido. Los medios de comunicación se hicieron eco de la tragedia y las informaciones publicadas revelaron su desconocimiento, o escaso conocimiento, de la persona y de la función del diplomático, de su actuación y de su circunstancia vital. Este hecho y las acusaciones lanzadas por algunos medios contra el Embajador –al que culpaban en parte del ataque por haber interferido en los asuntos internos del país- me llevaron a publicar un artículo titulado “El diplomático, ese desconocido”, que dediqué a “Máximo Cajal, ex-Embajador de España en Guatemala, compañero de promoción y entrañable amigo, a quien se ha calumniado irresponsablemente”[4]. En 2007, dedique mi libro “Portugal, Irak y Rusia” a “los diplomáticos, esos desconocidos”[5] y, en 2015, mi libro “Los órganos del Estado para las relaciones exteriores” fue dedicado “al ‘diplomático desconocido’, a los que creen en la diplomacia como medio al servicio de la paz y a los que la ejercen a pesar de los pesares”[6]. Por todo el mundo hay infinidad de monumentos “al soldado desconocido”, pero no conozco ninguno que honre al “diplomático desconocido”. A lo máximo que puede aspirar un diplomático español es a que coloquen una placa con su nombre en la escalera principal del viejo Palacio de Santa Cruz, en caso de que muera en acto de servicio. Siete colegas han sido acreedores de este honor: Manuel de ALLENDESALAZAR, Pedro de ARÍSTEGUI,  Salvador BLASCO, José GALLOSTRA,  Orencio MILLARUELO, Ignacio de OYARZÁBAL y Jaime RUIZ de ÁRBOL. 

II.-Concepto de diplomático

            La consideración pública del diplomático ha oscilado entre la exaltación y el menosprecio. La Real Academia Española de la Lengua define el adjetivo “diplomático” como “perteneciente a la diplomacia”, término que es a su vez definido como la “ciencia o conocimiento de los intereses y relaciones de unas naciones con otras”. Añade que “aplícase a los negocios de Estado que se tratan entre dos o más naciones y a las personas que intervienen en ellos”. El Embajador Miguel Ángel OCHOA ha señalado que el citado adjetivo califica “la especialidad dedicada al relato y explicación de los tratos habidos entre las naciones, sus negociaciones, propósitos, medios y resultados”[7]. Según Eduardo VILARIÑO, “la Historia de la Diplomacia muestra que, desde sus orígenes, se trata de una actividad ejercida por unas personas que actúan en nombre de sus pueblos o entes políticos a los que representan como medio de relacionarse entre sí, con el fin de negociar pacíficamente asuntos de interés común”[8]. En cuanto sustantivo, “diplomático” es un término genérico con el que se designa a todas las personas que representan a un Estado ante otro Estado o ante una Organización Internacional. Comprende, por tanto, no sólo a los diplomáticos de carrera, sino también a cualquier persona que forme parte del Servicio Exterior de un Estado. Además de una profesión, es “una  forma de estar” y “un estilo de conducta”. Como observó André MAUROIS, “ser diplomático es el arte de exponer la hostilidad con cortesía, la indiferencia con interés y la amistad con prudencia”[9].

Según el Embajador José SEBASTÍAN de Erice, desde un punto de vista etimológico, “diplomático” deriva de “diploma”, un escrito en un pliego –emitido y firmado por un soberano- que podía ser doblado, en el sentido de reproducción o duplicado, lo que llevaba a considerar al agente diplomático en un “doble” del Monarca –y posteriormente del Jefe del Estado- al que representaba en el extranjero[10]. La concepción de diplomático ha variado a lo largo de la Historia de acuerdo con las circunstancias y su valoración ha sufrido alteraciones notorias en las distintas épocas.

1.-Edad Antigua

            La figura del legado tenía un carácter excepcional y a ella se recurría para tratar de resolver litigios entre tribus, ciudades o pueblos. Su tarea era de carácter específico y el enviado desaparecía de la escena pública una vez cumplida su misión. Solía escogerse a personas de prestigio a las que se rodeaba de un aura religiosa, lo que justificaba que se les diera un trato especial, antecedente de lo que hoy llamamos inmunidades y privilegios diplomáticos. A lo largo del Medievo se recurrió a los clérigos  por ser los más cultivados. Ya en el siglo IV, el Obispo CASIODORO decía que “la diplomacia es un arte que requiere de varón sabio y prudente, capaz de expresarse ante una asamblea sutil y docta, y no dejarse vencer en el desempeño de la misión por rivales más débiles, eruditos o ingeniosos”[11].

2.-Edad Moderna

            A partir del Renacimiento empezaron a establecerse la Misiones permanentes y, a los religiosos, se sumaron como jefes, miembros de la nobleza y de la alta milicia y, como diplomáticos, miembros de la incipiente burocracia de las Casas Reales. En el siglo XIV, el Canciller Pedro LÓPEZ de AYALA señaló que los Embajadores eran “cavalleros buenos, doctores muy letrados, con buen apostamiento e bien acompañados”[12]. Sin embargo, la tesis de la “razón de Estado elaborada por Nicolás MAQUIAVELO empezó a hacerse sentir en la política exterior de los nuevos reinos, y la intriga, la perfidia y el engaño empezaron a ser aceptados como medios aceptables de la acción diplomática. A Luis XI de Francia se ha atribuido el consejo dado a sus diplomáticos:”Os mienten. ¡Está bien!. Mentid vosotros”. Su Canciller, Philippe de COMMINES llegó a mantener que los Embajadores no rebasaban el límite de sus atribuciones cuando se entregaban al espionaje y al “comercio de conciencias”. Semejante concepción se plasmó en 1604 en la famosa “boutade” de Sir Henry Wotton:”El Embajador es una persona honrada enviada al extranjero para mentir en nombre de su país”[13]. En 1684, Jean de LABRUYÈRE afirmó:”Todas las miras del Embajador, sus máximas, sus haceres, todos los refinamientos de su política tienden a un solo fin: no dejarse engañar y engañar a los demás”[14]. El Parlamento inglés  prohibió a sus diputados que hablaran con los diplomáticos extranjeros.

            No todos tenían una visión tan negativa de los diplomáticos. Así, Juan Antonio de VERA dijo en su famosa obra “El Embaxador”: “El de Embajador es un oficio que no admite comparación con ninguno de la República, ni hay otro en que tan necesaria sea la confianza, la fe, la traza, la virtud, la sangre, la hacienda, la práctica de negocios, el ingenio, el valor, en fin, todo lo que por todos los demás cargos está repartido”[15].  Una opinión similar fue expresada un siglo más tarde por FEDERICO II de Prusia:”Hay un género de hombres cuyo oficio  en la tierra es tradicional y reconocido por los monarcas. Los soberanos se envían  recíprocamente estas gentes como embajadores plenipotenciarios, ministros o personas con títulos honoríficos menos vistosos. Se les utiliza para adormecer envidias, hostigar al enemigo, sondear las intenciones del vecino conducir las negociaciones y concluir tratados y alianzas. Para este cargo elíjense hombres con espíritu dúctil y mesurados, discretos, incorruptibles y que sean capaces de las más amplias concepciones. Deben poseer conocimiento de los hombres, calar con la mirada tras los continentes y simulaciones de los distintos estados de ánimo y leer así los pensamientos secretos de aquéllos con quienes estén tratando. Un largo hábito ha de enseñarles el arte de adivinar los secretos que cuidadosamente le traten de ocultar”[16].

3.-Edad Contemporánea

            Se alternan en esta época los comentarios elogiosos de los diplomáticos con los críticos. Albert MOUSSET señaló que los diplomáticos eran hombre de mundo, no sólo por su rango y sus relaciones, sino sobre todo por su arte de discernir lo que es conveniente callar[17], y el Embajador Jules CAMBON afirmó lo siguiente:”No conozco profesión que ofrezca más diversos aspectos que la de diplomático. No existe ninguna en la que haya menos reglas precisas y más tradiciones, ninguna en la que sea necesaria una exacta disciplina y que exija del que la ejerce un carácter más firme y un espíritu más independiente”[18].

Entre los comentarios más críticos, rayanos con el sarcasmo, cabe citar el de José ORTEGA y GASSET:”Estos hombre de la carriére son el universal ‘casi’. Son casi elegantes, casi aristócratas, casi funcionarios, casi inteligentes y casi donjuanes, pero casi es el vocablo de la ausencia”[19]. En ocasiones, el “fuego amigo ha procedido de su propio campo. Así, Juan VALERA hizo una acerada y deliciosa crítica de la acción diplomática del Duque de OSUNA como Embjador en San Petersburgo, de la que fue testigo presencial[20]. Observó con ironía que, con bailar bien la polka y comer paté de foie-gras estaba todo hecho. Álvaro de la IGLESIA –hermano y tío de diplomáticos- pone en boca de uno de sus personajes las siguientes palabras:”Tampoco a mi me gusta mentir y, sin embargo, no hacemos otra cosa. ¡Diplomacia obliga, amigo mío!”[21]. Pero quizás el ataque más acerbo sea el realizado por el diplomático y poeta mejicano Amado NERVO:
       
“Oui, je suis écoeuré de la diplomatie!
                                     o, si te gusta más en español, asqueado.
                                   ¡Cuánto necio, si vieras, cuanto necio por ahí he encontrado!.
                                     Aún cuando Salomón nos dijo que ‘stultorum
                                     numerus infinitus est’, fue preciso ver
                                     y a no ver visto juntos –siempre hubo quórum
                                    donde se encontraban- no lo paso a creer.
                                    Y todos constelados con sus condecoraciones”[22].

            Como contrapunto, cabe mencionar los versos algo pedestres, pero entrañables, de Agustín de FOXÁ:           
“Amigos que en lejanas latitudes
                                               Representáis de España las virtudes,
                                               del pino sueco al tropical palmar,
                                                norte y sur a distancias infinitas,
                                               pagodas, rascacielos y mezquitas.
                                               ¡Toda la tierra en vuestra emigración!
                                                y del bello salón de la Embajada
                                               al Consulado en playa desolada
                                               y la patria en vuestro corazón.
                                               Yo elegí por poeta esta carrera.
                                               ¡Qué bello es cultivar una bandera,
                                               árbol que en otra tierra ha de crecer
                                               y tener una clave que, en cifrados,
                                               guarde naranjas, vinos y tratados,
                                               salude a un Papa y felicite a un Rey!”[23].

            El Embajador británico Harold NICOLSON manifestó en 1939 lo siguiente:”Estas son las cualidades de mi diplomático ideal: Verdad, precisión, calma, paciencia, buen carácter, modestia, lealtad…Pero el lector puede objetar:’Ha olvidado Vd. inteligencia, conocimiento, criterio, prudencia, hospitalidad, encanto, laboriosidad, coraje e incluso tacto’. No los he olvidado. Los he dado por supuestos”[24]. Más recientemente, Philippe CAHIER ha observado que, a la inteligencia, ha de añadir el diplomático un sentido agudo de la observación, la capacidad de saber distinguir las cuestiones importantes de las secundarias, una gran cultura, capacidad de trabajo y facilidad de palabra. Ha de ser discreto y reservado- sin dejar de mostrar curiosidad por los problemas ajenos-, aprender a escuchar y hacer observaciones juiciosas y llenas de de tacto. Es importante que se mezcle con la población local pues, si no vive más que con sus compatriotas y sólo frecuenta a los miembros del CD, adquirirá una óptica totalmente falsa del país en el que está acreditado. Lo mismo le ocurrirá si carece de una mentalidad abierta y atraerá la enemistad de la población si abusa de la comparación de los usos locales con los de su país para criticarlos, o si lleva al extranjero sus hábitos nacionales en lugar de adaptarse y de hacer suyo el modo de vida del país de sede[25].

            Frente a lo que debe ser un diplomático, también conviene tener en cuenta lo que no debe ser. El Embajador Raimundo BASSOLS ha elaborado una somera lista, meramente indicativa, en relación con  los “negociadores”, pero que creo resulta aplicable a los diplomáticos en general. No deberían serlo los fanáticos, los escépticos, los histéricos, los que no saben hablar, los que no saben callar, los improvisadores, los ilusos, los ingenuos, los impacientes, los miedosos, los imprudentes, los frívolos, los “sabelotodo”, quienes no creen que se puede trabajar en sábado  en domingo, los que se atreven a pronunciar las necias frases “esto es lo que hay” o “¿y qué más da?”, y a los que efectivamente todo les da igual[26].

            Quisiera insistir en este punto sobre la falaz creencia de que la diplomacia está intrínsecamente imbricada en la mentira. Como señaló el gran maestro de la diplomacia y de la política Charles-Maurice de TALLEYRAND, “la diplomacia no es la ciencia de la astucia y la duplicidad; si la buena fe es necesaria en alguna parte, lo es sobre todo en las transacciones políticas, porque es ella precisamente la que las torna sólidas y duraderas”[27]. Ya en 1717, François de CALLIÈRES había observado que un negociador hábil no debería nunca fundar el éxito de sus negociaciones en falsas promesas o en la mala fe. “Es erróneo creer que un diplomático debería ser un maestro en el arte de hacer trampas, pues de esta manera se puede obtener el éxito a corto plazo, pero se trataría de un éxito poco seguro, porque estas tretas siembran el rencor y el deseo de revancha”[28]. La mentira tiene las patas cortas y –como reza el refranero español- “se pilla antes a un embustero que a un cojo”. Cuenta Eric SATOW que cuando le preguntaron a ARISTÓTELES qué podía ganar una persona con una mentira contestó:”que no se le crea cuando dice la verdad”. Es lo que le ocurrió a Saddam HUSSEIN que –después de haber proferido tantas mentiras-, la comunidad internacional no le creyó cuando afirmó que Irak no poseía armas de destrucción masiva y se produjo en 2003 la invasión del país[29].

BALLESTEROS ha señalado que la diplomacia de hoy ofrece, junto a los aspectos tradicionales por su atemporalidad, las tipificaciones ordinarias derivadas de integrar un cuerpo de funcionarios del Estados, de profesionales de la rama administrativa denominada diplomacia, que forma parte de del servicio exterior y a través del cual se relacionan los países. La profesionalización de la administración exterior y su consecuente tecnificación en aras del mejor servicio público al país han ido transformando paulatinamente al diplomático tradicional en funcionario[30].

Como ha observado el Embajador Mariano UCELAY, el diplomático debe estar en posesión de ciertos sentidos claves: En primer lugar, los tres “teologales”: el sentido del Estado, el del interés nacional y el del honor nacional, y -por lo menos- cuatro “cardinales” –además, por supuesto, del sentido común-: el de la realidad, el de la oportunidad, el de la proporción y el del humor. Y, sobre todo, habrá de estar dotado de instinto profesional [31].


III.-Rasgos principales del diplomático

            Según el Embajador Manuel GÓMEZ de VALENZUELA, en la opinión general, el diplomático forma parte de un mundo al que no tiene acceso el común de los mortales: un mundo de lujo, de intrigas, de misterio y de exotismo[32]. Existe una leyenda más bien negra de la carrera, que se debe no tanto a animadversión –que también la hay en algunos sectores, especialmente a causa de la envidia-, como al desconocimiento. Como ya he señalado al referirme al asalto en 1980 de la Embajada española en Guatemala, se puso de manifiesto el desconocimiento, o mal conocimiento, de la realidad del diplomático. Al tradicional cliché tópico de la serie rosa –personaje indolente, superficial, “snob”, que pulula por los “cocktails” y juega al golf-, se añadía otro de la serie negra: el intrigante conspirador que se entrometía en los asuntos domésticos de los Estados en los que estaba acreditado. La realidad, sin embargo, está bien lejos de uno u otro estereotipo. Es posible que entre los diplomáticos haya frívolos e incompetentes -¿en qué profesión no los hay?-, pero, si se analiza objetiva y desapasionadamente la situación, se puede comprobar que el servicio diplomático español está muy por encima del nivel medio mundial. Por ello, decidí escribir un artículo sobre “El diplomático, ese desconocido”, en el que reseñaba sucintamente sus rasgos más característicos: responsabilidad, disciplina, servicio permanente, riesgos para la seguridad y para la salud, desarraigo y tensión[33]. Transcurridos 36 años -durante los que se incrementó mi experiencia-, mis observaciones de entonces siguen siendo válidas en lo fundamental.

1.-Responsabilidad

            Según la Convención de Viena de 1961 sobre relaciones diplomáticas, es función del diplomático “proteger en el Estado receptor los intereses del Estado acreditante  y los de sus nacionales”[34]. Sus decisiones pueden tener importantes consecuencias para los intereses del Estado que lo envía o para sus ciudadanos y, de ahí, la enorme responsabilidad que sobre él recae. Puede haber ocasiones en las que el diplomático tenga que tomar, bajo su exclusiva responsabilidad, decisiones que se aparten de las instrucciones recibidas del Ministerio de Asuntos Exteriores o que no hayan sido por él respaldadas. Daré algunos ejemplos a este respeto.

            Durante el conflicto bélico entre Irak e Irán, los medios españoles de comunicación dieron la falsa noticia de que Bagdad había sido bombardeada y TVE ofreció un reportaje con fotos de archivo de anteriores ataques. Esto provocó la natural alarma entre los familiares de los españoles residentes en Irak (3.134 inscritos), pese a que yo envié de inmediato sendas cartas a TVE y a “El País” para desmentir la noticia y aclarar los hechos. A partir de Marzo de 1985 empezaron a caer sobre Bagdad misiles iraníes que produjeron numerosas víctimas. Recibí un telegrama del Ministerio dándome órdenes a que procediera a la evacuación de la colonia. Teníamos un Plan al efecto un tanto complejo porque -debido a la dispersión de los residentes- tenía que realizarse simultáneamente mediante tres convoyes distintos a través de las fronteras con Turquía, con Jordania y con Kuwait. Me reuní con los Directores de las empresas españolas para examinar la situación y todos estuvieron de acuerdo en que la evacuación no estaba justificada y que su retirada del país les ocasionaría problemas con el Gobierno iraquí y pérdidas económicas considerables. Llamé por teléfono al Director General de Relaciones Consulares –mi buen amigo Rafael PASTOR- y le dije que no estimábamos conveniente proceder a la evacuación, y me contestó que tomara la decisión que considerara oportuna, bajo mi responsabilidad. No hicimos la evacuación y no se produjo ninguna consecuencia adversa[35].

            En Irlanda teníamos un pequeño Instituto Cultural Español que se auto-financiaba con las aportaciones de las matrículas de sus estudiantes y el Ministerio sólo pagaba el alquiler del local y el sueldo del Director. La consignación correspondiente se retrasó más de un año y, aunque el Instituto contaba con fondos suficientes para su normal funcionamiento, no podía utilizarlos por existir una disposición de Hacienda de 1988 que obligaba a ingresarlos en el Tesoro, quien luego los devolvería a través de las correspondientes consignaciones. Nos veíamos en la tesitura de tener que suspender las clases en medio del curso y algunos Directores se vieron forzados a cerrar sus Institutos. Ante la absurda situación existente a principios del curso 1991-1992, llamé al Director  General de Direcciones Culturales para decirle que –a fin de salvar el cierre del Instituto, con el consiguiente desprestigio de la institución y perjuicio a los alumnos- el Instituto iba a retener los fondos recaudados en vez de enviarlos al Tesoro y pagar con ellos a los profesores contratados. El Director me dijo que, aunque mi proceder no era correcto, lo comprendía y dejaba la decisión a mi responsabilidad. Así procedí –a riesgo de que me abrieran un expediente- y, cuando al fin recibimos las consignaciones, remitimos al Ministerio la recaudación[36].

            Algo semejante ocurrió en Moscú. El turismo ruso hacia España había crecido de forma exponencial y la Sección Consular de la Embajada no daba abasto a la concesión de visados. Necesitábamos aumentar el número de personal  pero, cuando recibíamos el permiso de Madrid, las contrataciones realizadas resultaban insuficientes y había que solicitar nuevas autorizaciones. Aunque la Embajada disponía de importantes sumas procedentes de los visados, no podía ser utilizarlas para hacer nuevas contrataciones por la obligación mencionada de tener que ingresarlas en el Tesoro. El personal trabajaba horas extraordinarias que no les eran abonadas y, poco antes de mi llegada, se había producido un conato de huelga, En vísperas de un fin de semana largo  a principios de 1997, el personal se negó a trabajar horas extra y había el riesgo de que numerosos turistas no recibieran a tiempo el requerido visado y se quedaran en tierra. Llamé al Ministro Abel MATUTES para explicarle la situación y     éste –que “había sido cocinero antes que fraile”- autorizó, bordeando la legalidad, la contratación de más personal con los fondos obtenidos por los visados y prometió que presionaría a Hacienda para que abonara las horas extras pendientes de pago. Hablé con el personal y todos accedieron a trabajar durante los tres días de fiesta, con lo que se consiguió resolver la situación. Corolario de este lance fue la creación en Julio de ese año de un Consulado General en Moscú con suficiente personal diplomático, administrativo y de servicio[37].

            En 1994 se celebró en Nápoles una Conferencia Ministerial Mundial  sobre Delincuencia Transnacional Organizada, a la que asistieron 78 Ministros de Justicia y 24 de Interior. El Ministro bi-fronte Juan Alberto BEELLOCH no compareció y tampoco lo hizo el Secretario de Estado, por lo que quedé al frente de la delegación española…y sin instrucciones. Los representantes de las Estados miembros de la UE ante la ONU en Viena nos habíamos reunido para preparar la declaración comunitaria. Varios países –especialmente Francia y Alemanía- se negaban a incluir en el ámbito de la Conferencia el tema del terrorismo internacional, pues alegaban que había un terrorismo por motivaciones políticas. Yo me opuse a la distinción y pedí al Presidente en funciones –el Embajador alemán- que mencionara el artículo K-9 del Tratado de Maastricht, que mencionaba la lucha contra el terrorismo y contra “otras formas graves de la delincuencia internacional”. Ya en Nápoles, en la reunión de las delegaciones comunitarias previas al inicio de la Conferencia, comprobé que la declaración prevista no hacía referencia al artículo K-9. Ante ello, me planté y amenacé con desolidarizar a España de la declaración comunitaria y hacer una declaración independiente. El colega alemán cedió ante mi “farol” e incluyó una referencia al Tratado de Maastricht. Afortunadamente para mí, la Superioridad manifestó “a posteriori” su apoyo a mi actuación[38].

2.-Disciplina

            Como en el Ejército, la disciplina es una exigencia en la carrera diplomática, y el funcionario deberá obedecer las instrucciones de la Superioridad y sacrificar sus opiniones personales cuando no esté de acuerdo con ellas. Ello no es óbice para que exprese su opinión y exponga sus argumentos. Deberá acatar las órdenes del Ministerio y, en caso de ir de forma grave en contra de sus convicciones, debería presentar su dimisión. Yo tuve algunas diferencias de opinión con el Ministerio tanto en Irak como en Rusia. Durante el conflicto armado irano-iraquí, Irak había declarado una zona prohibida a la navegación en el Golfo Arábigo-Pérsico, donde los buques que por ella navegaran corrían el riesgo de ser bombardeados, e Irán disparaba asimismo contra los buques de terceros países que navegaban en las proximidades de sus costas. Pese a estos antecedentes, la Oficina de Información Diplomática del Ministerio publicó en 1984 un comunicado en el que se decía que la situación en el Golfo no había cambiado. Envié un telegrama en el que calificaba el comunicado de “poco afortunado”, porque las circunstancias no eran las mismas sino que habían empeorado notablemente, y exponía los argumentos en que basaba mi apreciación. Recibí a vuelta de correo un telegrama en el  que se afirmaba que mis comentarios eran “improcedentes” e “inadmisibles” y derivaban de mi “falta de perspicacia” y de la “intoxicación propagandística”. Envié una carta a los tres Directores Generales que habían copatrocinado el telegrama - África, Relaciones Económicas Internacionales y OID-, en la que decía lo siguiente:

”Es muy probable que la opinión por mí expresada sea desacertada y carente de validez, dadas mi falta de perspicacia y el contagio de la intoxicación propagandística de este país, pero mi opinión crítica de los términos del comunicado en cuestión –por lo que dice y por lo que calla- está razonada y motivada, a diferencia de vuestro telegrama, cuyo único argumento es la descalificación personal…No estimo procedente -y difícilmente admisible- que se califique de ‘improcedente’ e’ inadmisible una opinión motivada, expuesta de buena de y de forma respetuosa,  por el mero hecho de ser ligeramente crítica…Los hechos son testarudos y están ahí, por mucho que se quiera desdramatizar la escalada de tensión en la zona…Podría darse el caso de que, por desdramatizar la situación, se ofrezca una impresión excesivamente optimista de la coyuntura actual en el Golfo, que tranquilice en demasía a los navieros españoles y, cuando les ‘toque la china’, sea demasiado tarde para las lamentaciones…”

Mis temores resultaron justificados y mis presagios se cumplieron por desgracia. Un mes después del envío de mi controvertido telegrama de advertencia, la aviación iraquí atacó en el Golfo al petrolero liberiano “Tiburón”, en el que faenaban varios marineros españoles, y siete de ellos resultaron muertos como consecuencia del bombardeo. El Ministerio dio instrucciones de que se presentara una nota de protesta ante el Gobierno de Irak, lo que se hizo, aunque yo no estaba de acuerdo con su tenor. La nota fue por supuesto rechazada y se las relaciones entre los dos países quedaron deterioradas por algún tiempo.

Los ortodoxos estiman que la disciplina implica aceptar sin rechistar las órdenes del Ministerio y cumplirlas a rajatabla, aunque no se esté de acuerdo con ellas. No comparto esta consideración porque, junto al deber de obediencia de un Embajador, existe su obligación de ser leal a la Superioridad y exponerle los motivos por los que  considere que una orden no sea acertada o conveniente. En la citada carta añadía: ”Observo con pesar que la intransigencia inquisitorial no ha sido desterrada de la política administrativa y parece seguir siendo  deber de un Embajador tener permanentemente en ristre el botafumeiro y abstenerse de cualquier veleidad crítica como en los mejores tiempos del franquismo. Yo ya empiezo a estar viejo para estos trotes y lo que no hice en la dictadura nos estoy dispuesto a hacerlo en la democracia, por lo que continuaré expresando mi leal opinión, aunque sea discrepante de la verdad oficial, sobre los acontecimientos que afecten a la Embajada de la que soy responsable”[39].

            Ya había tenido ocasión de exponer tres meses antes mi posición al respecto en una carta al Ministro de Asuntos Exteriores, Fernando MORÁN, en la que respondía a otra suya en la que criticaba mi actitud y me echaba en cara mi supuesta indisciplina. Le dije, con toda franqueza, lo que sigue:”Porque creo tener sentido de la disciplina, seguiré trabajando con todas mis fuerzas –pese a mis frustraciones y desalientos- para tratar de desempeñar mi función de la mejor manera posible, sin reticencias y haciendo mis criticas abiertamente y con absoluta lealtad…Siempre he dicho lealmente lo que pienso y he ido con la verdad por delante. Lo que difícilmente puedo es convertirme –porque para ello tendría que nacer de nuevo y no creo en la reencarnación-,  en un  Yes-Man” [40].

            En Rusia me ocurrió algo similar en relación con los bombardeos de la OTAN sobre Kosovo, que habían sido duramente criticados por el Gobierno ruso. Como jurista, estimaba que tales ataques suponían una violación del Derecho Internacional o que –en el mejor de los casos- se habían realizado al margen del mismo, ya que no habían sido autorizados por el Consejo de Seguridad.  En mis conversaciones con el Ministro de Asuntos Exteriores, Igor IVANOV, él mantenía esa tesis –la misma curiosamente que las potencias occidentales habían defendido tradicionalmente frente a los desmanes de la antigua Unión Soviética- y yo tenía que justificar la posición de la Alianza, pese a que, en mi fuero interno, estaba convencido de su falta de fundamento jurídico.

Cuando el Secretario de Estado Ramón de MIGUEL vino a Moscú en Abril de 1999 para preparar la visita del Presidente del Gobierno, José María AZNAR, le puse sobre aviso del tema, que era uno de los más sensibles para la Federación Rusa, y mi interlocutor me dijo al final de mi exposición:”José Antonio: Estás sufriendo el síndrome de Estocolmo y te dejas convencer fácilmente por tus anfitriones rusos”. No tuve más remedio que callarme, porque -por lo visto y oído-, yo debía ser muy sensible a la propaganda de los países en los que estaba acreditado. Al llegar AZNAR a Moscú un mes más tarde le advertí del tema, pero tampoco me hizo el menor caso y, en su primera rueda de prensa, hizo un encendido elogio de la intervención de la OTAN en Yugoslavia, lo que disgustó sobremanera a las autoridades rusas. Ésta fue una de las razones por las que saltaron chispas en su conversación telefónica con Boris YELTSIN, con el que no se pudo entrevistar personalmente –pese a haberse programado el encuentro- a causa de una bronquitis del Presidente ruso. La prensa española, por cierto, echó la culpa al Embajador por el “desencuentro” y el propio portavoz del Kremlin tuvo la desfachatez de declarar que la entrevista no había sido acordada[41]. ¡Siempre hay Embajadores que lo paguen!.

3.-Servicio permanente

            El diplomático está en estado permanente de servicio. Como hacen otros profesionales, no puede “fermer la boutique”-Embajada o Consulado- hasta el día siguiente y debe estar disponible en todo momento para, por ejemplo, hacer una gestión urgente o sacar a un nacional de la comisaría o de la cárcel.

            La noche de los ataques a la Embajada, al Consulado y a la residencia del Embajador de España en Lisboa en 1976 la pasé en blanco. Por indicación del Embajador Antonio POCH, seguí y gravé las emisiones de la radio y de la TV portuguesas, incluida la retransmisión en directo por Radio-Club Portuguesa del asalto a la residencia. El fin de semana largo previo a la visita del Rey JUAN CARLOS  a Moscú en 1997 recibí una llamada del Secretario General de la Casa Real, Rafael SPOTTORNO para pedirme que verificara una noticia trasmitida por la Agencia  “France Press” de que Boris YELTSIN se retiraría el 5 de Mayo –día previsto para el inicio de la gira real- a descansar en la villa de Sochi en el Mar Negro. Intenté localizar a alguien en el Ministerio de Asuntos Exteriores, pero aquello era un erial. En el Servicio de Guardia, sin embargo, tuvieron el detalle de mandar un mensaje al entonces Secretario de Estado, Igor IVANOV, quien me llamó desde Estambul para decirme que se trataba de un bulo y que la visita se realizaría conforme al programa previsto.

            . Incluso el disfrute las legítimas vacaciones está supeditado a las “necesidades del servicio”. Durante los dos años que estuve en Liberia no pude gozar de un solo día de vacaciones, a causa de las continuadas ausencias del Embajador. Un día en 1978, mientras pasaba mis vacaciones en un lugar del Delta del Ebro donde no tenía teléfono, me encontré al regresar de la playa con una pareja de la Guardia Civil, que me conminó a que llamara de inmediato al Ministerio de Asuntos Exteriores. La Superioridad decidió que interrumpiera mis vacaciones y fuera con urgencia a Ottawa para mediar en un conflicto pesquero con Canadá.

Quizás el caso más flagrante sea lo que me ocurrió en Rusia en el verano de 1998. De acuerdo con el Ministerio, había preparado el plan de vacaciones de los miembros de la Embajada, conforme al cual yo debería iniciarlas a mediados de Agosto, tras la programada visita de la Ministra de Educación y Cultura a San Petersburgo para inaugurar una exposición de las “Majas” de Francisco de GOYA en el Museo del Ermitage. Un par de semanas antes del previsto comienzo de mis vacaciones recibí una llamada de Esperanza AGUIRRE para decirme que había decidido retrasar hasta primeros de Septiembre su visita a la antigua Leningrado y pasar antes un par de días en Moscú en visita oficial. Organicé apresuradamente la no programada visita e informé a la Ministra sobre el programa elaborado al respecto. Le anuncié que yo no estaría presente porque en esas fechas debía co-dirigir con el catedrático de Derecho Internacional de la Universidad de Granada, Diego LIÑÁN, un curso de verano en Motril sobre Derecho del Mar. Le expliqué todo estaba debidamente preparado y que sería atendida por el Encargado de Negocios a.i. Manuel de LUNA y por el Consejero Cultural Juan José HERRERA. Me contestó que comprendía la situación y que no me preocupara. Un día antes de mi salida recibí un telegrama en el que se me ordenaba estar en Moscú durante la visita de la Ministra. Llamé al Director General de Relaciones Culturales para que me explicara qué había sucedido y Antonio NÚÑEZ me dijo que AGUIRRE le había comentado a su colega de Exteriores que era inaudito que el Embajador no estuviera en Moscú durante su visita oficial. El Ministerio me autorizó a que iniciara las vacaciones y me dio una comisión de servicio para regresar a Rusia y estar presente durante los días de la visita ministerial a Moscú y a San Petersburgo. Desde allí volé a Madrid, en cuyo aeropuerto me esperaba el conductor del Rector de la Universidad granadina, que me llevó directamente a Motril donde –en vez de la conferencia inaugural- pude dar la conferencia de clausura del curso por mi dirigido “in absentia”[42].

4.-Riesgos

            El ejercicio de la diplomacia implica asumir graves riesgos en materia de seguridad y de salud. En el Portugal de los claveles revolucionarios, sufrimos amenazas y agresiones –amén de una bomba en el Consulado General de Oporto- tras el anuncio de la condena a muerte de unos terroristas de ETA y del FRAP en Septiembre de 1975. El objetivo principal del subsiguiente asalto del día 26 a la Embajada y a la residencia del Embajador era el de apoderarse de éste o de alguno de los miembros de la Misión para intentar canjearlos por los condenados. El Ministerio dio la orden de evacuar a toda la Embajada –salvo el Ministro Consejero Eloy YBÁÑEZ, que quedó de Encargado de Negocios a.i.- y envió un avión especial a tales efectos. Tuve que ir con mi mujer y mis tres hijos al aeropuerto de Lisboa, dejar allí abandonado mi coche y trasladarme al avión que aguardaba en un lugar apartado de la pista. Allí estuvimos esperando durante dos horas porque los controladores se negaban a dar salida al avión. Fue entonces cuando pasé auténtico miedo, pues era consciente de la presencia de los comandos de ETA y FRAP y de sus intenciones asesinas, y estábamos atrapados en una trampa que podía ser mortal. Posteriormente supimos que los comandos habían debatido sobre atacar el avión y que al final habían desistido por la presencia de mujeres y niños[43].

            También en Bagdad –donde residí con mi mujer y mis dos hijas durante el conflicto armado irano-iraquí- sufrimos el riesgo de las bombas y de los misiles procedentes de Irán. En la primavera de 1985 cayeron varios misiles Scud-B de medio alcance en la capital iraquí. Uno de ellos impactó cerca del Instituto Hispano-Árabe de Cultura, si bien afortunadamente sólo se produjeron daños materiales. Uno de los profesores que residía en la sede del Instituto se volvió al día siguiente a España, porque alegó con razón que no tenía vocación de mártir[44]. Él, como era contratado, se pudo marchar; yo, como era funcionario diplomático, tuve que continuar en mi puesto y asumir los correspondientes riesgos.

            Como ya he señalado anteriormente, las fuerzas de seguridad guatemaltecas  asaltaron en 1980  la Embajada de España en Guatemala y causaron la muerte de 37 personas, entre las que se encontraban el Secretario de la Misión, Jaime RUIZ de ÁRBOL varios miembros del personal técnico y administrativo. Un año antes se había producido el asalto a y la ocupación de la Embajada de Estados Unidos en Teherán por unos estudiantes, con la connivencia del Gobierno iraní, y la retención de sus personal como rehenes durante más de un año[45] 

Incluso en la pacífica Irlanda incurrí ciertos riesgos. En 1988, tres miembros del IRA fueron muertos en Gibraltar por las fuerzas británicas de seguridad y sus dirigentes acusaron de connivencia a la policía española. Empezamos a recibir amenazas anónimas –aunque no lo eran tanto- y tuve que ponerme en contacto con el líder del “Sinn Fein”, Gerry ADAMS para transmitirle mis condolencias, darle explicaciones y ofrecerle la colaboración de las autoridades españolas para la repatriación de los cadáveres a Irlanda, con lo que salvamos la situación[46]

            En materia de salud los riesgos que corren los diplomáticos y sus familiares son considerables. En Liberia –donde nació mi hijo Enrique- el parto no fue fácil y, como consecuencia de un legrado mal hecho, estuvieron a punto de perforarle el útero a mi mujer Mavis, que tuvo que ser intervenida de urgencia. Pese a las precauciones de toda índole adoptadas –rejillas en las ventanas, mosquiteros, aire acondicionado, ingestión de quinina…-, mi hijo cogió la malaria[47]. Trasladado de Monrovia a Düsseldorf, tuvimos allí un gran susto. A poco de llegar, Enrique sufrió un ataque de fiebre muy elevada y los médicos alemanes no sabían a qué se debía y no encontraban la forma de bajar la temperatura. Consulté a un amigo médico español que residía en una ciudad cercana  y, como sabía que había estado en Liberia, enseguida acertó con el diagnóstico: un ataque de malaria recurrente. No encontrábamos quinina en las farmacias de Düsseldorf y tuvimos que pedirla al Instituto de Medicina Tropical de Hamburgo. Gracias a Dios, fue el último ataque de paludismo que sufrió.

            Estando en Bagdad, a mi hija Mavi se le infestó una muela del juicio. Acudimos a un dentista iraquí para que se la extrajera y, tras la extracción, no consiguió parar el flujo de sangre. Fuimos a la Clínica católica de San Rafael, donde tampoco lograron taponar la herida y lo mismo ocurrió en el hospital de  Cardiología. Finalmente fuimos al Hospital Al-Kindi, donde –tras una dolorosa intervención sin anestesia- lograron cauterizarle la herida e impedir que se desangrara. Pasado el susto, recuerdo una anécdota de cierta gracia. Era el 26 de Junio de 1986, fecha en la que se celebraba el partido final del Campeonato Mundial de Fútbol entre Francia y Brasil, que terminó empatado y requirió recurrir a los penaltis. Observé con extrañeza que, cada dos minutos, el cirujano entraba en un cuarto adyacente y regresaba al instante. Luego supe que hacía esta maniobra para ver el lanzamiento de los penaltis en una TV que tenía en el citado cuarto[48].
             
            Los diplomáticos se enfrentan incluso a riesgos jurídicos, como los que acaban de sufrir el Embajador de España en Afganistán, Emilio PÉREZ de AGREDA, y el Secretario de la Embajada, Oriol SOLÁ, que están siendo investigados por el juez de la Audiencia Nacional Santiago PEDRAZ por dos delitos de homicidio imprudente por la muerte de sendos policías destinados en la Misión, y de tentativa de homicidio y lesiones de otros siete policías heridos tras el ataque realizado por varios terroristas talibanes. Siguiendo la diabólica lógica de PEDRAZ se llegaría a la “kafkiana” conclusión de que habría que haber investigado al Embajador Pedro de ARÍSTEGUI por no haber tomado las medidas necesarias para garantizar la seguridad de la Embajada, puesto que fue secuestrado en 1985 por una milicia chiita y asesinado en 1989 como consecuencia de los bombardeos de una facción libanesa o de las fuerzas armadas sirias. Cabe preguntarle al desnortado juez que si el mencionado profesor del IHAC, otros miembros de la Embajada o yo mismo o mi familia hubiéramos muerto o resultado heridos en Bagdad por los misiles iraníes habría sido yo el responsable[49].

5.-Desarraigo

            El diplomático pasa buena parte de su vida en el extranjero –en mi caso 21 años- y pierde el contacto con su país, situación que se extiende a su mujer e hijos cuando le acompañan en sus destinos. Por ello, necesita volver siempre que pueda a él para, como Anteo, mantener el contacto con la madre-Tierra. Esto produce un desarraigo, que le hace difícil su re-adaptación al jubilarse, al haberse debilitado los lazos con sus familiares, conocidos y amigos, y le hace en ocasiones sentirse extraño en su propia tierra.

Hasta fechas relativamente recientes, la esposa solía seguir al marido a dondequiera que fuere destinado y la Superioridad la consideraba como un miembro más de la Misión,  que debería colaborar con ella “gratis et amore”. Afortunadamente, la situación ha cambiado en gran medida. La mujer –sobre todo si ejerce una profesión- se enfrenta a la disyuntiva de tener que abandonar su carrera o sus quehaceres, o separarse del marido con la consiguiente ruptura provisional de la unidad familiar. También se produce esta situación en el caso de las diplomáticas, aunque en que es el marido el que se enfrenta a la opción. Surge asimismo el problema de la educación de los hijos. ¿Deben vivir con sus padres, aunque se encuentren en países donde no puedan recibir una educación satisfactoria, o permanecer en el país de origen en internados o con familiares?. De todas formas, más tarde o más temprano tienen que separarse de sus padres, sobre todo cuando les llega la hora de ir a la universidad. Los hijos sufren con los cambios continuos de colegios –a menudo en países distintos y con idiomas diferentes- y no siempre se habitúan a ellos. Los que consiguen adaptarse suelen ser decididos y brillantes, pero los que no, se encuentran desubicados y se desequilibran, produciéndose incluso casos de suicidio. Por otra parte, como consecuencia de la vida diplomática, los hijos acaban dispersos por el mundo. En mi caso, yo estoy casado con una paquistaní, mi hijo –que es también diplomático- vive “at large” según la voluntad del Ministerio de Asuntos Exteriores, y mis dos hijas son funcionarias de la Comisión Europea, viven en Bruselas y están casadas respectivamente con un danés y con un italiano. ¡La globalización no es sólo un fenómeno de hoy día!.

6.-Tensión

            Debido a la responsabilidad que recae sobre él recae y a la presión que recibe en el desempeño de sus funciones, el diplomático vive en un permanente estado de tensión, que a veces le producen desequilibrios psicológicos e incluso enfermedades. El trabajo en la Embajada en Moscú era sumamente intenso. A diferencia de lo que ocurría en las relaciones con los Estados miembros de la UE –en que  buena parte de la actividad y de los contactos se realizan a través, o con motivo, de reuniones comunitarias-, en Rusia las relaciones se canalizaban únicamente a través de la Embajada.  Las visitas de políticos, diplomáticos y empresarios eran continuas, por que había que estar en todo momento de guardia. La visita de José María AZNAR a Moscú en unas circunstancias casi imposibles –decisión pendiente de la Duma sobre la destitución del Jefe del Estado  Boris YELTSIN, destitución del Presidente del Gobierno Evgeni Primakov, existencia de un Gobierno provisional, encontronazo telefónico entre AZNAR y YELTSIN, aceradas críticas de políticos de la oposición y medios de comunicación contra el Embajador, insuficiente respaldo del Ministerio que me dejó “a los pies de los caballos”, el anuncio de mi cese…- aumentaron sobremanera la presión, y mi corazón no resistió la tensión y sufrí un infarto al término de la visita.


            Las situaciones de tensión vienen acompañadas de una gradual erosión del privilegiado “status” de que antaño disfrutaban los diplomáticos. Los asaltos a las Embajadas de España en Lisboa o en Guatemala, o a la de Estados Unidos en Teherán, constituían una muestra palpable. Los principios básicos del estatuto diplomático de inviolabilidad deEL DIPOMÁTICO: ESE DESCONOCIDO

José Antonio de Yturriaga Barberán
Embajador de España

I.-Introducción. II.-Concepto de diplomático: 1) Edad Antigua; 2) Edad Moderna; 3) Edad Contemporánea. III.- Rasgos principales del diplomático: 1) Responsabilidad; 2) Disciplina; 3) Servicio permanente; 4) Riesgos; 5) Desarraigo; 6) Tensión. IV.-Conclusiones


I.-Introducción

El Cardenal de Bernis decía lo siguiente en 1757: “Soy diplomático y hablo en presente porque lo he sido tantos años, que no puedo desprenderme de las costumbres del oficio. ¿Qué sería del mundo si los diplomáticos se expresaran de un modo inequívoco, si no cupiera ninguna duda sobre lo que dicen y lo que piensan. Aterra sólo el pensarlo. Decimos una cosa y damos a entender la posibilidad de lo contrario, de una manera sutil  graciosa como “granus sali”…Si los demás nos imitaran y, en vez de hablar con franqueza, se valiesen de rodeos, engaños y medias tintas, las relaciones humanas serían mucho más tolerables…La claridad, desengáñense, es contraria a la naturaleza. En la creación no verá nunca nada claro y, cuando crea verlo, es que le engañan sus sentidos. Supongo que Dios no creó la claridad…”[1]. Estoy de acuerdo con la primera parte de este aserto, pero no tanto con la segunda. Hay una opinión bastante generalizada que identifica a los diplomáticos con la doblez, la mentira y la ambigüedad. Yo voy a expresar mi parecer sobre una carrera a la que he pertenecido en activo durante 43 años y en pasivo hasta que pase a la otra vida. No podré librarme del todo del natural subjetivismo, pero trataré de ser lo más objetivo posible, basándome en mi vivencia personal.

Viene a mi mente el chiste de los frailes cartujos que están esperando en comunidad noticias sobre su agonizante Prior. Sale el segundo de a bordo y les anuncia compungido:”Nuestro amado Padre ha pasado a mejor vida”. Y se escucha una voz anónima que exclama:”¿Aún mejor?”. Ésta es lamentablemente la opinión que prevalece sobre la “carrière” y que se refleja en obras como la serie televisiva de Antena-3 “La Embajada” -donde se presenta a los diplomáticos rodeados de lujo, intriga, corrupción, sexo y jolgorio- o en los medios de comunicación tales como el diario digital “El Confidencial”: “La vida de los diplomáticos ha sido universalmente considerada como un sinónimo de ’glamour’, lujo y privilegios. La fascinación se ha convertido en indignación. Apenas pagan impuestos, no pagan las multas por infracciones de tráfico, reciben abultados sueldos y viven en residencias lujosas rodeados de ayudantes. Son el mito sublime del funcionario”[2].

 Además de esta versión “rosa”, existe otra “negra”: la del intrigante que no repara en medios para conseguir sus fines, se entromete en los asuntos domésticos del Estado en el que está acreditado y se dedica al espionaje y la conspiración. Muestra de esta versión son las palabras del sindicalista irlandés James CONOLLY:”El diplomático realiza todos los actos que le proporcionen éxito; todo es lícito si sirve a sus fines. Si es necesario hacer trampas, hará trampas; si le resulta útil mentir, mentirá; si el soborno le ayuda, sobornará: si asesinar le sirve, mandará asesinar; si el robo, la seducción un incendio premeditado o una falsificación lo acercan al éxito, hará cada una de estas cosas. Y a través de todo ello, el diplomático se mantendrá como la esencia del honor”[3].

A finales de Enero de 1980, la Embajada de España en Guatemala sufrió el asalto de las fuerzas armadas y de seguridad guatemaltecas, como consecuencia del cual resultaron asesinadas 37 personas, incluido el Secretario de la Misión Jaime RUIZ de ÁRBOL. El Embajador, Máximo CAJAL, pudo escapar con vida de milagro, aunque resultó herido. Los medios de comunicación se hicieron eco de la tragedia y las informaciones publicadas revelaron su desconocimiento, o escaso conocimiento, de la persona y de la función del diplomático, de su actuación y de su circunstancia vital. Este hecho y las acusaciones lanzadas por algunos medios contra el Embajador –al que culpaban en parte del ataque por haber interferido en los asuntos internos del país- me llevaron a publicar un artículo titulado “El diplomático, ese desconocido”, que dediqué a “Máximo Cajal, ex-Embajador de España en Guatemala, compañero de promoción y entrañable amigo, a quien se ha calumniado irresponsablemente”[4]. En 2007, dedique mi libro “Portugal, Irak y Rusia” a “los diplomáticos, esos desconocidos”[5] y, en 2015, mi libro “Los órganos del Estado para las relaciones exteriores” fue dedicado “al ‘diplomático desconocido’, a los que creen en la diplomacia como medio al servicio de la paz y a los que la ejercen a pesar de los pesares”[6]. Por todo el mundo hay infinidad de monumentos “al soldado desconocido”, pero no conozco ninguno que honre al “diplomático desconocido”. A lo máximo que puede aspirar un diplomático español es a que coloquen una placa con su nombre en la escalera principal del viejo Palacio de Santa Cruz, en caso de que muera en acto de servicio. Siete colegas han sido acreedores de este honor: Manuel de ALLENDESALAZAR, Pedro de ARÍSTEGUI,  Salvador BLASCO, José GALLOSTRA,  Orencio MILLARUELO, Ignacio de OYARZÁBAL y Jaime RUIZ de ÁRBOL. 

II.-Concepto de diplomático

            La consideración pública del diplomático ha oscilado entre la exaltación y el menosprecio. La Real Academia Española de la Lengua define el adjetivo “diplomático” como “perteneciente a la diplomacia”, término que es a su vez definido como la “ciencia o conocimiento de los intereses y relaciones de unas naciones con otras”. Añade que “aplícase a los negocios de Estado que se tratan entre dos o más naciones y a las personas que intervienen en ellos”. El Embajador Miguel Ángel OCHOA ha señalado que el citado adjetivo califica “la especialidad dedicada al relato y explicación de los tratos habidos entre las naciones, sus negociaciones, propósitos, medios y resultados”[7]. Según Eduardo VILARIÑO, “la Historia de la Diplomacia muestra que, desde sus orígenes, se trata de una actividad ejercida por unas personas que actúan en nombre de sus pueblos o entes políticos a los que representan como medio de relacionarse entre sí, con el fin de negociar pacíficamente asuntos de interés común”[8]. En cuanto sustantivo, “diplomático” es un término genérico con el que se designa a todas las personas que representan a un Estado ante otro Estado o ante una Organización Internacional. Comprende, por tanto, no sólo a los diplomáticos de carrera, sino también a cualquier persona que forme parte del Servicio Exterior de un Estado. Además de una profesión, es “una  forma de estar” y “un estilo de conducta”. Como observó André MAUROIS, “ser diplomático es el arte de exponer la hostilidad con cortesía, la indiferencia con interés y la amistad con prudencia”[9].

Según el Embajador José SEBASTÍAN de Erice, desde un punto de vista etimológico, “diplomático” deriva de “diploma”, un escrito en un pliego –emitido y firmado por un soberano- que podía ser doblado, en el sentido de reproducción o duplicado, lo que llevaba a considerar al agente diplomático en un “doble” del Monarca –y posteriormente del Jefe del Estado- al que representaba en el extranjero[10]. La concepción de diplomático ha variado a lo largo de la Historia de acuerdo con las circunstancias y su valoración ha sufrido alteraciones notorias en las distintas épocas.

1.-Edad Antigua

            La figura del legado tenía un carácter excepcional y a ella se recurría para tratar de resolver litigios entre tribus, ciudades o pueblos. Su tarea era de carácter específico y el enviado desaparecía de la escena pública una vez cumplida su misión. Solía escogerse a personas de prestigio a las que se rodeaba de un aura religiosa, lo que justificaba que se les diera un trato especial, antecedente de lo que hoy llamamos inmunidades y privilegios diplomáticos. A lo largo del Medievo se recurrió a los clérigos  por ser los más cultivados. Ya en el siglo IV, el Obispo CASIODORO decía que “la diplomacia es un arte que requiere de varón sabio y prudente, capaz de expresarse ante una asamblea sutil y docta, y no dejarse vencer en el desempeño de la misión por rivales más débiles, eruditos o ingeniosos”[11].

2.-Edad Moderna

            A partir del Renacimiento empezaron a establecerse la Misiones permanentes y, a los religiosos, se sumaron como jefes, miembros de la nobleza y de la alta milicia y, como diplomáticos, miembros de la incipiente burocracia de las Casas Reales. En el siglo XIV, el Canciller Pedro LÓPEZ de AYALA señaló que los Embajadores eran “cavalleros buenos, doctores muy letrados, con buen apostamiento e bien acompañados”[12]. Sin embargo, la tesis de la “razón de Estado elaborada por Nicolás MAQUIAVELO empezó a hacerse sentir en la política exterior de los nuevos reinos, y la intriga, la perfidia y el engaño empezaron a ser aceptados como medios aceptables de la acción diplomática. A Luis XI de Francia se ha atribuido el consejo dado a sus diplomáticos:”Os mienten. ¡Está bien!. Mentid vosotros”. Su Canciller, Philippe de COMMINES llegó a mantener que los Embajadores no rebasaban el límite de sus atribuciones cuando se entregaban al espionaje y al “comercio de conciencias”. Semejante concepción se plasmó en 1604 en la famosa “boutade” de Sir Henry Wotton:”El Embajador es una persona honrada enviada al extranjero para mentir en nombre de su país”[13]. En 1684, Jean de LABRUYÈRE afirmó:”Todas las miras del Embajador, sus máximas, sus haceres, todos los refinamientos de su política tienden a un solo fin: no dejarse engañar y engañar a los demás”[14]. El Parlamento inglés  prohibió a sus diputados que hablaran con los diplomáticos extranjeros.

            No todos tenían una visión tan negativa de los diplomáticos. Así, Juan Antonio de VERA dijo en su famosa obra “El Embaxador”: “El de Embajador es un oficio que no admite comparación con ninguno de la República, ni hay otro en que tan necesaria sea la confianza, la fe, la traza, la virtud, la sangre, la hacienda, la práctica de negocios, el ingenio, el valor, en fin, todo lo que por todos los demás cargos está repartido”[15].  Una opinión similar fue expresada un siglo más tarde por FEDERICO II de Prusia:”Hay un género de hombres cuyo oficio  en la tierra es tradicional y reconocido por los monarcas. Los soberanos se envían  recíprocamente estas gentes como embajadores plenipotenciarios, ministros o personas con títulos honoríficos menos vistosos. Se les utiliza para adormecer envidias, hostigar al enemigo, sondear las intenciones del vecino conducir las negociaciones y concluir tratados y alianzas. Para este cargo elíjense hombres con espíritu dúctil y mesurados, discretos, incorruptibles y que sean capaces de las más amplias concepciones. Deben poseer conocimiento de los hombres, calar con la mirada tras los continentes y simulaciones de los distintos estados de ánimo y leer así los pensamientos secretos de aquéllos con quienes estén tratando. Un largo hábito ha de enseñarles el arte de adivinar los secretos que cuidadosamente le traten de ocultar”[16].

3.-Edad Contemporánea

            Se alternan en esta época los comentarios elogiosos de los diplomáticos con los críticos. Albert MOUSSET señaló que los diplomáticos eran hombre de mundo, no sólo por su rango y sus relaciones, sino sobre todo por su arte de discernir lo que es conveniente callar[17], y el Embajador Jules CAMBON afirmó lo siguiente:”No conozco profesión que ofrezca más diversos aspectos que la de diplomático. No existe ninguna en la que haya menos reglas precisas y más tradiciones, ninguna en la que sea necesaria una exacta disciplina y que exija del que la ejerce un carácter más firme y un espíritu más independiente”[18].

Entre los comentarios más críticos, rayanos con el sarcasmo, cabe citar el de José ORTEGA y GASSET:”Estos hombre de la carriére son el universal ‘casi’. Son casi elegantes, casi aristócratas, casi funcionarios, casi inteligentes y casi donjuanes, pero casi es el vocablo de la ausencia”[19]. En ocasiones, el “fuego amigo ha procedido de su propio campo. Así, Juan VALERA hizo una acerada y deliciosa crítica de la acción diplomática del Duque de OSUNA como Embjador en San Petersburgo, de la que fue testigo presencial[20]. Observó con ironía que, con bailar bien la polka y comer paté de foie-gras estaba todo hecho. Álvaro de la IGLESIA –hermano y tío de diplomáticos- pone en boca de uno de sus personajes las siguientes palabras:”Tampoco a mi me gusta mentir y, sin embargo, no hacemos otra cosa. ¡Diplomacia obliga, amigo mío!”[21]. Pero quizás el ataque más acerbo sea el realizado por el diplomático y poeta mejicano Amado NERVO:
       
“Oui, je suis écoeuré de la diplomatie!
                                     o, si te gusta más en español, asqueado.
                                   ¡Cuánto necio, si vieras, cuanto necio por ahí he encontrado!.
                                     Aún cuando Salomón nos dijo que ‘stultorum
                                     numerus infinitus est’, fue preciso ver
                                     y a no ver visto juntos –siempre hubo quórum
                                    donde se encontraban- no lo paso a creer.
                                    Y todos constelados con sus condecoraciones”[22].

            Como contrapunto, cabe mencionar los versos algo pedestres, pero entrañables, de Agustín de FOXÁ:           
“Amigos que en lejanas latitudes
                                               Representáis de España las virtudes,
                                               del pino sueco al tropical palmar,
                                                norte y sur a distancias infinitas,
                                               pagodas, rascacielos y mezquitas.
                                               ¡Toda la tierra en vuestra emigración!
                                                y del bello salón de la Embajada
                                               al Consulado en playa desolada
                                               y la patria en vuestro corazón.
                                               Yo elegí por poeta esta carrera.
                                               ¡Qué bello es cultivar una bandera,
                                               árbol que en otra tierra ha de crecer
                                               y tener una clave que, en cifrados,
                                               guarde naranjas, vinos y tratados,
                                               salude a un Papa y felicite a un Rey!”[23].

            El Embajador británico Harold NICOLSON manifestó en 1939 lo siguiente:”Estas son las cualidades de mi diplomático ideal: Verdad, precisión, calma, paciencia, buen carácter, modestia, lealtad…Pero el lector puede objetar:’Ha olvidado Vd. inteligencia, conocimiento, criterio, prudencia, hospitalidad, encanto, laboriosidad, coraje e incluso tacto’. No los he olvidado. Los he dado por supuestos”[24]. Más recientemente, Philippe CAHIER ha observado que, a la inteligencia, ha de añadir el diplomático un sentido agudo de la observación, la capacidad de saber distinguir las cuestiones importantes de las secundarias, una gran cultura, capacidad de trabajo y facilidad de palabra. Ha de ser discreto y reservado- sin dejar de mostrar curiosidad por los problemas ajenos-, aprender a escuchar y hacer observaciones juiciosas y llenas de de tacto. Es importante que se mezcle con la población local pues, si no vive más que con sus compatriotas y sólo frecuenta a los miembros del CD, adquirirá una óptica totalmente falsa del país en el que está acreditado. Lo mismo le ocurrirá si carece de una mentalidad abierta y atraerá la enemistad de la población si abusa de la comparación de los usos locales con los de su país para criticarlos, o si lleva al extranjero sus hábitos nacionales en lugar de adaptarse y de hacer suyo el modo de vida del país de sede[25].

            Frente a lo que debe ser un diplomático, también conviene tener en cuenta lo que no debe ser. El Embajador Raimundo BASSOLS ha elaborado una somera lista, meramente indicativa, en relación con  los “negociadores”, pero que creo resulta aplicable a los diplomáticos en general. No deberían serlo los fanáticos, los escépticos, los histéricos, los que no saben hablar, los que no saben callar, los improvisadores, los ilusos, los ingenuos, los impacientes, los miedosos, los imprudentes, los frívolos, los “sabelotodo”, quienes no creen que se puede trabajar en sábado  en domingo, los que se atreven a pronunciar las necias frases “esto es lo que hay” o “¿y qué más da?”, y a los que efectivamente todo les da igual[26].

            Quisiera insistir en este punto sobre la falaz creencia de que la diplomacia está intrínsecamente imbricada en la mentira. Como señaló el gran maestro de la diplomacia y de la política Charles-Maurice de TALLEYRAND, “la diplomacia no es la ciencia de la astucia y la duplicidad; si la buena fe es necesaria en alguna parte, lo es sobre todo en las transacciones políticas, porque es ella precisamente la que las torna sólidas y duraderas”[27]. Ya en 1717, François de CALLIÈRES había observado que un negociador hábil no debería nunca fundar el éxito de sus negociaciones en falsas promesas o en la mala fe. “Es erróneo creer que un diplomático debería ser un maestro en el arte de hacer trampas, pues de esta manera se puede obtener el éxito a corto plazo, pero se trataría de un éxito poco seguro, porque estas tretas siembran el rencor y el deseo de revancha”[28]. La mentira tiene las patas cortas y –como reza el refranero español- “se pilla antes a un embustero que a un cojo”. Cuenta Eric SATOW que cuando le preguntaron a ARISTÓTELES qué podía ganar una persona con una mentira contestó:”que no se le crea cuando dice la verdad”. Es lo que le ocurrió a Saddam HUSSEIN que –después de haber proferido tantas mentiras-, la comunidad internacional no le creyó cuando afirmó que Irak no poseía armas de destrucción masiva y se produjo en 2003 la invasión del país[29].

BALLESTEROS ha señalado que la diplomacia de hoy ofrece, junto a los aspectos tradicionales por su atemporalidad, las tipificaciones ordinarias derivadas de integrar un cuerpo de funcionarios del Estados, de profesionales de la rama administrativa denominada diplomacia, que forma parte de del servicio exterior y a través del cual se relacionan los países. La profesionalización de la administración exterior y su consecuente tecnificación en aras del mejor servicio público al país han ido transformando paulatinamente al diplomático tradicional en funcionario[30].

Como ha observado el Embajador Mariano UCELAY, el diplomático debe estar en posesión de ciertos sentidos claves: En primer lugar, los tres “teologales”: el sentido del Estado, el del interés nacional y el del honor nacional, y -por lo menos- cuatro “cardinales” –además, por supuesto, del sentido común-: el de la realidad, el de la oportunidad, el de la proporción y el del humor. Y, sobre todo, habrá de estar dotado de instinto profesional [31].


III.-Rasgos principales del diplomático

            Según el Embajador Manuel GÓMEZ de VALENZUELA, en la opinión general, el diplomático forma parte de un mundo al que no tiene acceso el común de los mortales: un mundo de lujo, de intrigas, de misterio y de exotismo[32]. Existe una leyenda más bien negra de la carrera, que se debe no tanto a animadversión –que también la hay en algunos sectores, especialmente a causa de la envidia-, como al desconocimiento. Como ya he señalado al referirme al asalto en 1980 de la Embajada española en Guatemala, se puso de manifiesto el desconocimiento, o mal conocimiento, de la realidad del diplomático. Al tradicional cliché tópico de la serie rosa –personaje indolente, superficial, “snob”, que pulula por los “cocktails” y juega al golf-, se añadía otro de la serie negra: el intrigante conspirador que se entrometía en los asuntos domésticos de los Estados en los que estaba acreditado. La realidad, sin embargo, está bien lejos de uno u otro estereotipo. Es posible que entre los diplomáticos haya frívolos e incompetentes -¿en qué profesión no los hay?-, pero, si se analiza objetiva y desapasionadamente la situación, se puede comprobar que el servicio diplomático español está muy por encima del nivel medio mundial. Por ello, decidí escribir un artículo sobre “El diplomático, ese desconocido”, en el que reseñaba sucintamente sus rasgos más característicos: responsabilidad, disciplina, servicio permanente, riesgos para la seguridad y para la salud, desarraigo y tensión[33]. Transcurridos 36 años -durante los que se incrementó mi experiencia-, mis observaciones de entonces siguen siendo válidas en lo fundamental.

1.-Responsabilidad

            Según la Convención de Viena de 1961 sobre relaciones diplomáticas, es función del diplomático “proteger en el Estado receptor los intereses del Estado acreditante  y los de sus nacionales”[34]. Sus decisiones pueden tener importantes consecuencias para los intereses del Estado que lo envía o para sus ciudadanos y, de ahí, la enorme responsabilidad que sobre él recae. Puede haber ocasiones en las que el diplomático tenga que tomar, bajo su exclusiva responsabilidad, decisiones que se aparten de las instrucciones recibidas del Ministerio de Asuntos Exteriores o que no hayan sido por él respaldadas. Daré algunos ejemplos a este respeto.

            Durante el conflicto bélico entre Irak e Irán, los medios españoles de comunicación dieron la falsa noticia de que Bagdad había sido bombardeada y TVE ofreció un reportaje con fotos de archivo de anteriores ataques. Esto provocó la natural alarma entre los familiares de los españoles residentes en Irak (3.134 inscritos), pese a que yo envié de inmediato sendas cartas a TVE y a “El País” para desmentir la noticia y aclarar los hechos. A partir de Marzo de 1985 empezaron a caer sobre Bagdad misiles iraníes que produjeron numerosas víctimas. Recibí un telegrama del Ministerio dándome órdenes a que procediera a la evacuación de la colonia. Teníamos un Plan al efecto un tanto complejo porque -debido a la dispersión de los residentes- tenía que realizarse simultáneamente mediante tres convoyes distintos a través de las fronteras con Turquía, con Jordania y con Kuwait. Me reuní con los Directores de las empresas españolas para examinar la situación y todos estuvieron de acuerdo en que la evacuación no estaba justificada y que su retirada del país les ocasionaría problemas con el Gobierno iraquí y pérdidas económicas considerables. Llamé por teléfono al Director General de Relaciones Consulares –mi buen amigo Rafael PASTOR- y le dije que no estimábamos conveniente proceder a la evacuación, y me contestó que tomara la decisión que considerara oportuna, bajo mi responsabilidad. No hicimos la evacuación y no se produjo ninguna consecuencia adversa[35].

            En Irlanda teníamos un pequeño Instituto Cultural Español que se auto-financiaba con las aportaciones de las matrículas de sus estudiantes y el Ministerio sólo pagaba el alquiler del local y el sueldo del Director. La consignación correspondiente se retrasó más de un año y, aunque el Instituto contaba con fondos suficientes para su normal funcionamiento, no podía utilizarlos por existir una disposición de Hacienda de 1988 que obligaba a ingresarlos en el Tesoro, quien luego los devolvería a través de las correspondientes consignaciones. Nos veíamos en la tesitura de tener que suspender las clases en medio del curso y algunos Directores se vieron forzados a cerrar sus Institutos. Ante la absurda situación existente a principios del curso 1991-1992, llamé al Director  General de Direcciones Culturales para decirle que –a fin de salvar el cierre del Instituto, con el consiguiente desprestigio de la institución y perjuicio a los alumnos- el Instituto iba a retener los fondos recaudados en vez de enviarlos al Tesoro y pagar con ellos a los profesores contratados. El Director me dijo que, aunque mi proceder no era correcto, lo comprendía y dejaba la decisión a mi responsabilidad. Así procedí –a riesgo de que me abrieran un expediente- y, cuando al fin recibimos las consignaciones, remitimos al Ministerio la recaudación[36].

            Algo semejante ocurrió en Moscú. El turismo ruso hacia España había crecido de forma exponencial y la Sección Consular de la Embajada no daba abasto a la concesión de visados. Necesitábamos aumentar el número de personal  pero, cuando recibíamos el permiso de Madrid, las contrataciones realizadas resultaban insuficientes y había que solicitar nuevas autorizaciones. Aunque la Embajada disponía de importantes sumas procedentes de los visados, no podía ser utilizarlas para hacer nuevas contrataciones por la obligación mencionada de tener que ingresarlas en el Tesoro. El personal trabajaba horas extraordinarias que no les eran abonadas y, poco antes de mi llegada, se había producido un conato de huelga, En vísperas de un fin de semana largo  a principios de 1997, el personal se negó a trabajar horas extra y había el riesgo de que numerosos turistas no recibieran a tiempo el requerido visado y se quedaran en tierra. Llamé al Ministro Abel MATUTES para explicarle la situación y     éste –que “había sido cocinero antes que fraile”- autorizó, bordeando la legalidad, la contratación de más personal con los fondos obtenidos por los visados y prometió que presionaría a Hacienda para que abonara las horas extras pendientes de pago. Hablé con el personal y todos accedieron a trabajar durante los tres días de fiesta, con lo que se consiguió resolver la situación. Corolario de este lance fue la creación en Julio de ese año de un Consulado General en Moscú con suficiente personal diplomático, administrativo y de servicio[37].

            En 1994 se celebró en Nápoles una Conferencia Ministerial Mundial  sobre Delincuencia Transnacional Organizada, a la que asistieron 78 Ministros de Justicia y 24 de Interior. El Ministro bi-fronte Juan Alberto BEELLOCH no compareció y tampoco lo hizo el Secretario de Estado, por lo que quedé al frente de la delegación española…y sin instrucciones. Los representantes de las Estados miembros de la UE ante la ONU en Viena nos habíamos reunido para preparar la declaración comunitaria. Varios países –especialmente Francia y Alemanía- se negaban a incluir en el ámbito de la Conferencia el tema del terrorismo internacional, pues alegaban que había un terrorismo por motivaciones políticas. Yo me opuse a la distinción y pedí al Presidente en funciones –el Embajador alemán- que mencionara el artículo K-9 del Tratado de Maastricht, que mencionaba la lucha contra el terrorismo y contra “otras formas graves de la delincuencia internacional”. Ya en Nápoles, en la reunión de las delegaciones comunitarias previas al inicio de la Conferencia, comprobé que la declaración prevista no hacía referencia al artículo K-9. Ante ello, me planté y amenacé con desolidarizar a España de la declaración comunitaria y hacer una declaración independiente. El colega alemán cedió ante mi “farol” e incluyó una referencia al Tratado de Maastricht. Afortunadamente para mí, la Superioridad manifestó “a posteriori” su apoyo a mi actuación[38].

2.-Disciplina

            Como en el Ejército, la disciplina es una exigencia en la carrera diplomática, y el funcionario deberá obedecer las instrucciones de la Superioridad y sacrificar sus opiniones personales cuando no esté de acuerdo con ellas. Ello no es óbice para que exprese su opinión y exponga sus argumentos. Deberá acatar las órdenes del Ministerio y, en caso de ir de forma grave en contra de sus convicciones, debería presentar su dimisión. Yo tuve algunas diferencias de opinión con el Ministerio tanto en Irak como en Rusia. Durante el conflicto armado irano-iraquí, Irak había declarado una zona prohibida a la navegación en el Golfo Arábigo-Pérsico, donde los buques que por ella navegaran corrían el riesgo de ser bombardeados, e Irán disparaba asimismo contra los buques de terceros países que navegaban en las proximidades de sus costas. Pese a estos antecedentes, la Oficina de Información Diplomática del Ministerio publicó en 1984 un comunicado en el que se decía que la situación en el Golfo no había cambiado. Envié un telegrama en el que calificaba el comunicado de “poco afortunado”, porque las circunstancias no eran las mismas sino que habían empeorado notablemente, y exponía los argumentos en que basaba mi apreciación. Recibí a vuelta de correo un telegrama en el  que se afirmaba que mis comentarios eran “improcedentes” e “inadmisibles” y derivaban de mi “falta de perspicacia” y de la “intoxicación propagandística”. Envié una carta a los tres Directores Generales que habían copatrocinado el telegrama - África, Relaciones Económicas Internacionales y OID-, en la que decía lo siguiente:

”Es muy probable que la opinión por mí expresada sea desacertada y carente de validez, dadas mi falta de perspicacia y el contagio de la intoxicación propagandística de este país, pero mi opinión crítica de los términos del comunicado en cuestión –por lo que dice y por lo que calla- está razonada y motivada, a diferencia de vuestro telegrama, cuyo único argumento es la descalificación personal…No estimo procedente -y difícilmente admisible- que se califique de ‘improcedente’ e’ inadmisible una opinión motivada, expuesta de buena de y de forma respetuosa,  por el mero hecho de ser ligeramente crítica…Los hechos son testarudos y están ahí, por mucho que se quiera desdramatizar la escalada de tensión en la zona…Podría darse el caso de que, por desdramatizar la situación, se ofrezca una impresión excesivamente optimista de la coyuntura actual en el Golfo, que tranquilice en demasía a los navieros españoles y, cuando les ‘toque la china’, sea demasiado tarde para las lamentaciones…”

Mis temores resultaron justificados y mis presagios se cumplieron por desgracia. Un mes después del envío de mi controvertido telegrama de advertencia, la aviación iraquí atacó en el Golfo al petrolero liberiano “Tiburón”, en el que faenaban varios marineros españoles, y siete de ellos resultaron muertos como consecuencia del bombardeo. El Ministerio dio instrucciones de que se presentara una nota de protesta ante el Gobierno de Irak, lo que se hizo, aunque yo no estaba de acuerdo con su tenor. La nota fue por supuesto rechazada y se las relaciones entre los dos países quedaron deterioradas por algún tiempo.

Los ortodoxos estiman que la disciplina implica aceptar sin rechistar las órdenes del Ministerio y cumplirlas a rajatabla, aunque no se esté de acuerdo con ellas. No comparto esta consideración porque, junto al deber de obediencia de un Embajador, existe su obligación de ser leal a la Superioridad y exponerle los motivos por los que  considere que una orden no sea acertada o conveniente. En la citada carta añadía: ”Observo con pesar que la intransigencia inquisitorial no ha sido desterrada de la política administrativa y parece seguir siendo  deber de un Embajador tener permanentemente en ristre el botafumeiro y abstenerse de cualquier veleidad crítica como en los mejores tiempos del franquismo. Yo ya empiezo a estar viejo para estos trotes y lo que no hice en la dictadura nos estoy dispuesto a hacerlo en la democracia, por lo que continuaré expresando mi leal opinión, aunque sea discrepante de la verdad oficial, sobre los acontecimientos que afecten a la Embajada de la que soy responsable”[39].

            Ya había tenido ocasión de exponer tres meses antes mi posición al respecto en una carta al Ministro de Asuntos Exteriores, Fernando MORÁN, en la que respondía a otra suya en la que criticaba mi actitud y me echaba en cara mi supuesta indisciplina. Le dije, con toda franqueza, lo que sigue:”Porque creo tener sentido de la disciplina, seguiré trabajando con todas mis fuerzas –pese a mis frustraciones y desalientos- para tratar de desempeñar mi función de la mejor manera posible, sin reticencias y haciendo mis criticas abiertamente y con absoluta lealtad…Siempre he dicho lealmente lo que pienso y he ido con la verdad por delante. Lo que difícilmente puedo es convertirme –porque para ello tendría que nacer de nuevo y no creo en la reencarnación-,  en un  Yes-Man” [40].

            En Rusia me ocurrió algo similar en relación con los bombardeos de la OTAN sobre Kosovo, que habían sido duramente criticados por el Gobierno ruso. Como jurista, estimaba que tales ataques suponían una violación del Derecho Internacional o que –en el mejor de los casos- se habían realizado al margen del mismo, ya que no habían sido autorizados por el Consejo de Seguridad.  En mis conversaciones con el Ministro de Asuntos Exteriores, Igor IVANOV, él mantenía esa tesis –la misma curiosamente que las potencias occidentales habían defendido tradicionalmente frente a los desmanes de la antigua Unión Soviética- y yo tenía que justificar la posición de la Alianza, pese a que, en mi fuero interno, estaba convencido de su falta de fundamento jurídico.

Cuando el Secretario de Estado Ramón de MIGUEL vino a Moscú en Abril de 1999 para preparar la visita del Presidente del Gobierno, José María AZNAR, le puse sobre aviso del tema, que era uno de los más sensibles para la Federación Rusa, y mi interlocutor me dijo al final de mi exposición:”José Antonio: Estás sufriendo el síndrome de Estocolmo y te dejas convencer fácilmente por tus anfitriones rusos”. No tuve más remedio que callarme, porque -por lo visto y oído-, yo debía ser muy sensible a la propaganda de los países en los que estaba acreditado. Al llegar AZNAR a Moscú un mes más tarde le advertí del tema, pero tampoco me hizo el menor caso y, en su primera rueda de prensa, hizo un encendido elogio de la intervención de la OTAN en Yugoslavia, lo que disgustó sobremanera a las autoridades rusas. Ésta fue una de las razones por las que saltaron chispas en su conversación telefónica con Boris YELTSIN, con el que no se pudo entrevistar personalmente –pese a haberse programado el encuentro- a causa de una bronquitis del Presidente ruso. La prensa española, por cierto, echó la culpa al Embajador por el “desencuentro” y el propio portavoz del Kremlin tuvo la desfachatez de declarar que la entrevista no había sido acordada[41]. ¡Siempre hay Embajadores que lo paguen!.

3.-Servicio permanente

            El diplomático está en estado permanente de servicio. Como hacen otros profesionales, no puede “fermer la boutique”-Embajada o Consulado- hasta el día siguiente y debe estar disponible en todo momento para, por ejemplo, hacer una gestión urgente o sacar a un nacional de la comisaría o de la cárcel.

            La noche de los ataques a la Embajada, al Consulado y a la residencia del Embajador de España en Lisboa en 1976 la pasé en blanco. Por indicación del Embajador Antonio POCH, seguí y gravé las emisiones de la radio y de la TV portuguesas, incluida la retransmisión en directo por Radio-Club Portuguesa del asalto a la residencia. El fin de semana largo previo a la visita del Rey JUAN CARLOS  a Moscú en 1997 recibí una llamada del Secretario General de la Casa Real, Rafael SPOTTORNO para pedirme que verificara una noticia trasmitida por la Agencia  “France Press” de que Boris YELTSIN se retiraría el 5 de Mayo –día previsto para el inicio de la gira real- a descansar en la villa de Sochi en el Mar Negro. Intenté localizar a alguien en el Ministerio de Asuntos Exteriores, pero aquello era un erial. En el Servicio de Guardia, sin embargo, tuvieron el detalle de mandar un mensaje al entonces Secretario de Estado, Igor IVANOV, quien me llamó desde Estambul para decirme que se trataba de un bulo y que la visita se realizaría conforme al programa previsto.

            . Incluso el disfrute las legítimas vacaciones está supeditado a las “necesidades del servicio”. Durante los dos años que estuve en Liberia no pude gozar de un solo día de vacaciones, a causa de las continuadas ausencias del Embajador. Un día en 1978, mientras pasaba mis vacaciones en un lugar del Delta del Ebro donde no tenía teléfono, me encontré al regresar de la playa con una pareja de la Guardia Civil, que me conminó a que llamara de inmediato al Ministerio de Asuntos Exteriores. La Superioridad decidió que interrumpiera mis vacaciones y fuera con urgencia a Ottawa para mediar en un conflicto pesquero con Canadá.

Quizás el caso más flagrante sea lo que me ocurrió en Rusia en el verano de 1998. De acuerdo con el Ministerio, había preparado el plan de vacaciones de los miembros de la Embajada, conforme al cual yo debería iniciarlas a mediados de Agosto, tras la programada visita de la Ministra de Educación y Cultura a San Petersburgo para inaugurar una exposición de las “Majas” de Francisco de GOYA en el Museo del Ermitage. Un par de semanas antes del previsto comienzo de mis vacaciones recibí una llamada de Esperanza AGUIRRE para decirme que había decidido retrasar hasta primeros de Septiembre su visita a la antigua Leningrado y pasar antes un par de días en Moscú en visita oficial. Organicé apresuradamente la no programada visita e informé a la Ministra sobre el programa elaborado al respecto. Le anuncié que yo no estaría presente porque en esas fechas debía co-dirigir con el catedrático de Derecho Internacional de la Universidad de Granada, Diego LIÑÁN, un curso de verano en Motril sobre Derecho del Mar. Le expliqué todo estaba debidamente preparado y que sería atendida por el Encargado de Negocios a.i. Manuel de LUNA y por el Consejero Cultural Juan José HERRERA. Me contestó que comprendía la situación y que no me preocupara. Un día antes de mi salida recibí un telegrama en el que se me ordenaba estar en Moscú durante la visita de la Ministra. Llamé al Director General de Relaciones Culturales para que me explicara qué había sucedido y Antonio NÚÑEZ me dijo que AGUIRRE le había comentado a su colega de Exteriores que era inaudito que el Embajador no estuviera en Moscú durante su visita oficial. El Ministerio me autorizó a que iniciara las vacaciones y me dio una comisión de servicio para regresar a Rusia y estar presente durante los días de la visita ministerial a Moscú y a San Petersburgo. Desde allí volé a Madrid, en cuyo aeropuerto me esperaba el conductor del Rector de la Universidad granadina, que me llevó directamente a Motril donde –en vez de la conferencia inaugural- pude dar la conferencia de clausura del curso por mi dirigido “in absentia”[42].

4.-Riesgos

            El ejercicio de la diplomacia implica asumir graves riesgos en materia de seguridad y de salud. En el Portugal de los claveles revolucionarios, sufrimos amenazas y agresiones –amén de una bomba en el Consulado General de Oporto- tras el anuncio de la condena a muerte de unos terroristas de ETA y del FRAP en Septiembre de 1975. El objetivo principal del subsiguiente asalto del día 26 a la Embajada y a la residencia del Embajador era el de apoderarse de éste o de alguno de los miembros de la Misión para intentar canjearlos por los condenados. El Ministerio dio la orden de evacuar a toda la Embajada –salvo el Ministro Consejero Eloy YBÁÑEZ, que quedó de Encargado de Negocios a.i.- y envió un avión especial a tales efectos. Tuve que ir con mi mujer y mis tres hijos al aeropuerto de Lisboa, dejar allí abandonado mi coche y trasladarme al avión que aguardaba en un lugar apartado de la pista. Allí estuvimos esperando durante dos horas porque los controladores se negaban a dar salida al avión. Fue entonces cuando pasé auténtico miedo, pues era consciente de la presencia de los comandos de ETA y FRAP y de sus intenciones asesinas, y estábamos atrapados en una trampa que podía ser mortal. Posteriormente supimos que los comandos habían debatido sobre atacar el avión y que al final habían desistido por la presencia de mujeres y niños[43].

            También en Bagdad –donde residí con mi mujer y mis dos hijas durante el conflicto armado irano-iraquí- sufrimos el riesgo de las bombas y de los misiles procedentes de Irán. En la primavera de 1985 cayeron varios misiles Scud-B de medio alcance en la capital iraquí. Uno de ellos impactó cerca del Instituto Hispano-Árabe de Cultura, si bien afortunadamente sólo se produjeron daños materiales. Uno de los profesores que residía en la sede del Instituto se volvió al día siguiente a España, porque alegó con razón que no tenía vocación de mártir[44]. Él, como era contratado, se pudo marchar; yo, como era funcionario diplomático, tuve que continuar en mi puesto y asumir los correspondientes riesgos.

            Como ya he señalado anteriormente, las fuerzas de seguridad guatemaltecas  asaltaron en 1980  la Embajada de España en Guatemala y causaron la muerte de 37 personas, entre las que se encontraban el Secretario de la Misión, Jaime RUIZ de ÁRBOL varios miembros del personal técnico y administrativo. Un año antes se había producido el asalto a y la ocupación de la Embajada de Estados Unidos en Teherán por unos estudiantes, con la connivencia del Gobierno iraní, y la retención de sus personal como rehenes durante más de un año[45] 

Incluso en la pacífica Irlanda incurrí ciertos riesgos. En 1988, tres miembros del IRA fueron muertos en Gibraltar por las fuerzas británicas de seguridad y sus dirigentes acusaron de connivencia a la policía española. Empezamos a recibir amenazas anónimas –aunque no lo eran tanto- y tuve que ponerme en contacto con el líder del “Sinn Fein”, Gerry ADAMS para transmitirle mis condolencias, darle explicaciones y ofrecerle la colaboración de las autoridades españolas para la repatriación de los cadáveres a Irlanda, con lo que salvamos la situación[46]

            En materia de salud los riesgos que corren los diplomáticos y sus familiares son considerables. En Liberia –donde nació mi hijo Enrique- el parto no fue fácil y, como consecuencia de un legrado mal hecho, estuvieron a punto de perforarle el útero a mi mujer Mavis, que tuvo que ser intervenida de urgencia. Pese a las precauciones de toda índole adoptadas –rejillas en las ventanas, mosquiteros, aire acondicionado, ingestión de quinina…-, mi hijo cogió la malaria[47]. Trasladado de Monrovia a Düsseldorf, tuvimos allí un gran susto. A poco de llegar, Enrique sufrió un ataque de fiebre muy elevada y los médicos alemanes no sabían a qué se debía y no encontraban la forma de bajar la temperatura. Consulté a un amigo médico español que residía en una ciudad cercana  y, como sabía que había estado en Liberia, enseguida acertó con el diagnóstico: un ataque de malaria recurrente. No encontrábamos quinina en las farmacias de Düsseldorf y tuvimos que pedirla al Instituto de Medicina Tropical de Hamburgo. Gracias a Dios, fue el último ataque de paludismo que sufrió.

            Estando en Bagdad, a mi hija Mavi se le infestó una muela del juicio. Acudimos a un dentista iraquí para que se la extrajera y, tras la extracción, no consiguió parar el flujo de sangre. Fuimos a la Clínica católica de San Rafael, donde tampoco lograron taponar la herida y lo mismo ocurrió en el hospital de  Cardiología. Finalmente fuimos al Hospital Al-Kindi, donde –tras una dolorosa intervención sin anestesia- lograron cauterizarle la herida e impedir que se desangrara. Pasado el susto, recuerdo una anécdota de cierta gracia. Era el 26 de Junio de 1986, fecha en la que se celebraba el partido final del Campeonato Mundial de Fútbol entre Francia y Brasil, que terminó empatado y requirió recurrir a los penaltis. Observé con extrañeza que, cada dos minutos, el cirujano entraba en un cuarto adyacente y regresaba al instante. Luego supe que hacía esta maniobra para ver el lanzamiento de los penaltis en una TV que tenía en el citado cuarto[48].
             
            Los diplomáticos se enfrentan incluso a riesgos jurídicos, como los que acaban de sufrir el Embajador de España en Afganistán, Emilio PÉREZ de AGREDA, y el Secretario de la Embajada, Oriol SOLÁ, que están siendo investigados por el juez de la Audiencia Nacional Santiago PEDRAZ por dos delitos de homicidio imprudente por la muerte de sendos policías destinados en la Misión, y de tentativa de homicidio y lesiones de otros siete policías heridos tras el ataque realizado por varios terroristas talibanes. Siguiendo la diabólica lógica de PEDRAZ se llegaría a la “kafkiana” conclusión de que habría que haber investigado al Embajador Pedro de ARÍSTEGUI por no haber tomado las medidas necesarias para garantizar la seguridad de la Embajada, puesto que fue secuestrado en 1985 por una milicia chiita y asesinado en 1989 como consecuencia de los bombardeos de una facción libanesa o de las fuerzas armadas sirias. Cabe preguntarle al desnortado juez que si el mencionado profesor del IHAC, otros miembros de la Embajada o yo mismo o mi familia hubiéramos muerto o resultado heridos en Bagdad por los misiles iraníes habría sido yo el responsable[49].

5.-Desarraigo

            El diplomático pasa buena parte de su vida en el extranjero –en mi caso 21 años- y pierde el contacto con su país, situación que se extiende a su mujer e hijos cuando le acompañan en sus destinos. Por ello, necesita volver siempre que pueda a él para, como Anteo, mantener el contacto con la madre-Tierra. Esto produce un desarraigo, que le hace difícil su re-adaptación al jubilarse, al haberse debilitado los lazos con sus familiares, conocidos y amigos, y le hace en ocasiones sentirse extraño en su propia tierra.

Hasta fechas relativamente recientes, la esposa solía seguir al marido a dondequiera que fuere destinado y la Superioridad la consideraba como un miembro más de la Misión,  que debería colaborar con ella “gratis et amore”. Afortunadamente, la situación ha cambiado en gran medida. La mujer –sobre todo si ejerce una profesión- se enfrenta a la disyuntiva de tener que abandonar su carrera o sus quehaceres, o separarse del marido con la consiguiente ruptura provisional de la unidad familiar. También se produce esta situación en el caso de las diplomáticas, aunque en que es el marido el que se enfrenta a la opción. Surge asimismo el problema de la educación de los hijos. ¿Deben vivir con sus padres, aunque se encuentren en países donde no puedan recibir una educación satisfactoria, o permanecer en el país de origen en internados o con familiares?. De todas formas, más tarde o más temprano tienen que separarse de sus padres, sobre todo cuando les llega la hora de ir a la universidad. Los hijos sufren con los cambios continuos de colegios –a menudo en países distintos y con idiomas diferentes- y no siempre se habitúan a ellos. Los que consiguen adaptarse suelen ser decididos y brillantes, pero los que no, se encuentran desubicados y se desequilibran, produciéndose incluso casos de suicidio. Por otra parte, como consecuencia de la vida diplomática, los hijos acaban dispersos por el mundo. En mi caso, yo estoy casado con una paquistaní, mi hijo –que es también diplomático- vive “at large” según la voluntad del Ministerio de Asuntos Exteriores, y mis dos hijas son funcionarias de la Comisión Europea, viven en Bruselas y están casadas respectivamente con un danés y con un italiano. ¡La globalización no es sólo un fenómeno de hoy día!.

6.-Tensión

            Debido a la responsabilidad que recae sobre él recae y a la presión que recibe en el desempeño de sus funciones, el diplomático vive en un permanente estado de tensión, que a veces le producen desequilibrios psicológicos e incluso enfermedades. El trabajo en la Embajada en Moscú era sumamente intenso. A diferencia de lo que ocurría en las relaciones con los Estados miembros de la UE –en que  buena parte de la actividad y de los contactos se realizan a través, o con motivo, de reuniones comunitarias-, en Rusia las relaciones se canalizaban únicamente a través de la Embajada.  Las visitas de políticos, diplomáticos y empresarios eran continuas, por que había que estar en todo momento de guardia. La visita de José María AZNAR a Moscú en unas circunstancias casi imposibles –decisión pendiente de la Duma sobre la destitución del Jefe del Estado  Boris YELTSIN, destitución del Presidente del Gobierno Evgeni Primakov, existencia de un Gobierno provisional, encontronazo telefónico entre AZNAR y YELTSIN, aceradas críticas de políticos de la oposición y medios de comunicación contra el Embajador, insuficiente respaldo del Ministerio que me dejó “a los pies de los caballos”, el anuncio de mi cese…- aumentaron sobremanera la presión, y mi corazón no resistió la tensión y sufrí un infarto al término de la visita.

            Las situaciones de tensión vienen acompañadas de una gradual erosión del privilegiado “status” de que antaño disfrutaban los diplomáticos. Los asaltos a las Embajadas de España en Lisboa o en Guatemala, o a la de Estados Unidos en Teherán, constituían una muestra palpable. Los principios básicos del estatuto diplomático de inviolabilidad de 

jueves, 24 de noviembre de 2016

Oigo Patria tu aflicción



            Dos importantes eventos culturales relacionados con el País Vasco merecen últimamente ser reseñados y  comentados: La publicación de la novela “Patria” de Fernando Aramburu y la proyección del documental “Contra la impunidad” de Iñaki Arteta. En mis años colegiales, tiempo ha, recitábamos la oda patriótica de Bernardo López García sobre el 2 de Mayo, cuya primera estrofa decía lo siguiente:

            “Oigo patria tu aflicción
             y escucho el triste concierto
             que forman, tocando a muerto,
             la campana y el cañón.”

Exposición lúcida en “Patria” de la situación en el País Vasco

            Estos versos me recuerdan la situación existente en el País Vasco. Oigo las campanas de algunos conventos e iglesias donde se incubó el huevo de la serpiente de ETA y desde donde se justificaba y alentaba la actuación terrorista de los sedicentes gudaris. Esta situación ha quedado lúcidamente reflejada por Aramburu, que pone en boca del párroco de un pequeño pueblo guipuzcoano cercano a San Sebastián -donde se desarrolla la acción de la novela- las siguientes palabras, plenas de resonancias bíblicas, dirigidas a la madre del etarra huido a Francia: Esta lucha nuestra es la lucha justa de un pueblo en su legítima aspiración de decidir su destino. Es la lucha de David contra Goliat. No es una lucha individual, egoísta, sino, ante todo, un sacrificio colectivo y Xose Mari –como tantos otros- ha asumido su parte con todas las consecuencias. Dios nos hizo a los vascos como somos, tenaces en nuestros propósitos, trabajadores y firmes en la idea de una nación soberana. Por eso me atrevería a decir que sobre nosotros recae la misión cristiana de defender nuestra identidad. ¿Tú crees que Goliat con su tricornio a la cabeza y sus torturadores de patio de cuartel van a mover un dedo en favor de nuestra identidad?. La misma humillación que tú y tu familia tuvisteis que soportar [un registro de su casa por la Guardia Civil] la padecen a diario miles de personas en Euskal Herría. Y son los mismos que nos maltratan los que luego hablan de democracia, su democracia, que es la que nos oprime como pueblo. Por eso, con el corazón en la mano, te digo yo que nuestra lucha  no solo es  justa, sino también necesaria, hoy más que nunca. Resulta indispensable porque es defensiva y tiene por objeto la paz. ¿No has oído las palabras de nuestro Obispo?. “Si un día –concluye Don Serapio- encuentras a tu hijo, dile de mi parte, del párroco de su pueblo, que tiene mi bendición y que rezo mucho por él”. Son palabras emotivas, convincentes y consoladoras. No en vano, la ama del huido -lavado su cerebro- le responde: “Ahora sí que tengo las ideas claras”.

            En cuanto al cañón, no oigo pero siento el sonido de los disparos de las pistolas browning que asesinaron cobardemente al profesor Manuel Broseta –con el que coincidí en el Colegio Mayor “César Carlos”-, al general Luis Azcárraga  -con el que colaboré durante su época de Director General de Aviación Civil-, al matrimonio Jiménez Becerril –a cuya familia conocía en Sevilla- o al concejal Miguel Ángel Blanco, cuya ejecución fue un arquetipo de crueldad y de vesania. Siento el estampido de los coches-bomba que destrozaron el cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza o el supermercado Hipercor de Barcelona, causando decenas de víctimas –incluidos mujeres y niños-, porque los valerosos gudaris, además de socializar el terror, exportaron su mensaje destructor más allá del País Vasco.
Culpabilidad de las víctimas

            Buena parte de la sociedad vasca se ha abstenido de condenar a los verdugos por las atrocidades cometidas y culpado a sus víctimas –“¡Algo habrán hecho!”, es la penosa coartada-, a las que han ignorado causando un vacío en torno a ellas, cuando no menospreciado y acosado. Como afirma en la novela la viuda del modesto empresario euskaldún  “Txato”, asesinado por ETA, no hemos enterrado a mi marido, lo hemos escondido. Las víctimas estorbamos y nos quieren empujar con la escoba debajo de una alfombra. Que no se nos vea y desaparezcamos de la vida pública, mientras ellos consiguen sacar a sus presos de la cárcel, porque ésa es su paz . Aquí no ha pasado nada y todos tan contentos.

Lo paradójico es que el entorno de los etarras se considera víctima de las víctimas. Cuando la viuda regresa con toda clase de cautelas a su casa del pueblo, su antigua y mejor amiga, madre del etarra encarcelado, estima que lo hace con malas intenciones y para provocar, y pide al párroco que le diga que se vaya del pueblo. El bueno de Don Serapio acepta gustoso la mediación solicitada por estimar que su presencia causaba inquietud a la población. He venido a pedirte un favor en nombre de la gente del pueblo, le dice: que no vengas durante una temporada hasta que las aguas vuelvan a su cauce y haya paz. Dios es misericordioso y lo que has sufrido aquí te lo compensará en el más allá. No dejes que el rencor se adueñe de tu alma. Los vecinos tienen derecho a rehacer sus vidas [la viuda, al parecer, no] y darle una oportunidad a la paz. La hucha armada y algunas actuaciones de las fuerzas de seguridad del Estado han golpeado con dureza al pueblo y se han producido por desgracia muertes como la de su marido, pero –sin buscarle paliativos a esas terribles tragedias que tanto dolor nos causan, no deberías perder de vista el sufrimiento de otras personas. Se han producido represiones, hecho registros por las buenas y detenido y torturado a inocentes. Hay nueve hijos de la villa encarcelados por muchos años y él no era quién para entrar en razones de si merecían o no el castigo. No puedo ir a casa de esas familias, que también están destrozadas, y decirles: “Vuestro hijo militaba en la  ETA .¡Que os zurzan!. Había llegado el tiempo de que se perdonen los unos a los otros. Eran parte de un conflicto en el que estaba implicada toda la sociedad y no cabía descartar que aquéllos que deberían pedir perdón esperaran, a su vez, que les pidieran perdón a ellos y, como eso era muy difícil, lo mejor era que, en ese momento en que no había atentados, se calmara la situación, terminara la crispación y se fueran aminorando el dolor y los agravios con el paso del tiempo. Él no era un jurista ni un político, sino un simple sacerdote que quería contribuir a que la gente de su pueblo viviera en paz.

 Esta argumentación es un claro ejemplo de la hipocresía bienpensante y del cinismo cómplice: existencia de un “conflicto” que afectaba a toda la sociedad vasca; agravios de España al País Vasco y represión de su pueblo; acusaciones generalizadas y sin pruebas de maltrato y torturas a los vascos; equiparación del uso de la fuerza por el Estado y por los terroristas; equidistancia entre los que aplicaban la ley y los que la incumplían, con inclinación benévola hacia éstos; paridad entre verdugos y víctimas; ausencia de condena por los crímenes de ETA; crispación producida por la mera presencia de las víctimas; culpabilización explícita o implícita de éstas y deseo de que desaparezcan para que no entorpezcan la paz; obligación de las víctimas de perdonar, aunque no se les pidiera perdón; deber de pedirlo ellas a los verdugos por supuestos agravios; pesar por los “presos políticos”, sin plantearse si fueron o no acreedores de castigo por su conducta; amnesia colectiva de la sociedad vasca, que desea hacer “borrón  y cuenta nueva”, peeo sin pedir cuentas; derecho de los presos etarras a ser excarcelados y a rehacer su vida, aunque no se hubieran arrepentido de sus crímenes…. 

            Cayetana Álvarez de Toledo ha dicho de “Patria” que es un retrato de la devastación que provoca el ensueño identitario en una sociedad cerrada: Jóvenes embrutecidos que disparan en la nuca para ganar prestigio ante la pandilla, madres fanatizadas por amor a sus hijos asesinos, adultos carcomidos por la cobardía capaces de condenar a su mejor amigo a la muerte civil, que precede a la física, con tal de evitarse un problema, clérigos pródigos en la más abyecta adversativa…Con delicadeza  y precisión, la novela “describe un mundo en que la ficción colectiva arrasa con la responsabilidad y hasta con la conciencia individua, una comunidad quebrada por el etnicismo y la estupidez”. Su protagonista es el nacionalismo identitario y excluyente, que exalta una “patria” -con minúscula- parroquiana y mezquina, de caserío y de taberna. Buena parte de la sociedad vasca ha idealizado y justificado la actuación de estos supuestos héroes que luchan por la liberación de su patria y que, si a veces mataban, era por exigencias del guión y sin mala intención. Los vascos –como los catalanes- pueden tener una patria en su terruño, pero los españoles no. Pueden tener una “ikurriña” –o una “senyera” los catalanes-, pero los españoles deben abstenerse de mostrar la bandera rojigualda establecida en España desde la época de Carlos III, porque su exhibición constituye una ofensa y una provocación para los oprimidos pueblos de esas partes de España. Lo que es sano patriotismo digno de encomio a nivel regional, es una manifestación de franquismo y de fascismo a nivel nacional. 

            Operativamente derrotada por la acción policial y judicial y por la cooperación internacional, ETA declaró el 20 de Octubre de 2011 el cese definitivo de su actividad armada, pero –como ha señalada Álvarez de Toledo- el odio, el matonismo, la ignorancia y el proyecto político identitario que asesinaron al “Txato” siguen ahí. El Tribunal Constitucional –que había confirmado la ilegalización de Herri Batasuna en 2004- cambió de criterio y lamentablemente decidió en 2011 por un voto la legalización de Bildu, su heredero universal. Desde entonces, los miembros de la banda terrorista y sus muñidores se incorporaron a las instituciones políticas vascas para conseguir el logro de sus objetivos por otros medios. Desde las instituciones en las que participan -y en ocasiones controlan- en el País Vasco y en Navarra a nivel municipal y autonómico, han legitimado la violencia como medio para alcanzar sus fines políticos. Buena prueba de ello ha sido la reacción de los filo-etarras ante la agresión masiva producida el pasado 15 de Octubre en Alsasua (Navarra) contra dos mandos de la Guardia Civil y sus respectivas novias. Una juez de la Audiencia Nacional ordenó la detención de seis de los participantes por la comisión de delitos de atentado, lesiones, provocación a la discriminación, odio y terrorismo. El Gobierno de Navarra y la Alcaldía de Pamplona han condenado estas detenciones por considerarlas injustificadas. La “buena” gente del pueblo se manifestó contra las detenciones y su Ayuntamiento condenó los hechos y expresó  su “preocupación y malestar por la masiva presencia de la Guardia Civil”. Se está produciendo un proceso de “batasunización” de la vida política del País Vasco y de Navarra. A loa abertzales de Bildu y a los jeltzales del PNV –que tratan de no verse superados en nacionalismo por aquéllos- se suma la filial de Podemos, que –como un camaleón- se ha confundido con el paisaje nacionalista y se ha declarado defensor a ultranza del derecho a decidir. Hasta el Partido Socialista de Euskadi se ha visto contagiado por el virus autodeterminista y –tras su fracaso en las última elecciones autonómicas en las que obtuvo sus peores resultados- se ha vendido al PNV por un plato de lentejas con chistorra: tres carteras autonómicas, calificadas de “monedero” por Santiago González -Trabajo, Turismo y Vivienda-. En contrapartida, ha tenido que aceptar que el Parlamento acuerde un nuevo Estatuto, en el que se reconozca que Euskadi es una nación y que Pueblo Vasco –con mayúscula- tiene derecho a decidir unilateralmente su futuro, aunque –y en esto se diferencia del “proces” catalán- en el marco del “ordenamiento jurídico vigente en cada momento”. EL PNV tiene intención de someter el texto del Estatuto elaborado por el Parlamento a la aprobación del pueblo vasco antes de remitirlo al Congreso para su adopción. La Historia se repite y el PSE se parece cada vez más al PSC. Baste recordar lo que ocurrió tras la decisión de Pascual Maragall de modificar el Estatuto de Sau y el compromiso de José Luis Rodríguez Zapatero de aceptar lo que decidiera el Parlament. De tales polvos vienen los actuales lodos catalanes.  El PSOE no ha aceptado hasta ahora que una Comunidad Autónoma pueda tomar decisiones  unilaterales que afecten a la soberanía nacional. Ahora, sin embargo, la Secretaria General del PSE, Idoia Mendía, ha admitido que “no se puede cercenar el debate” y declarado que el término “nación” en sentido cultural es perfectamente aceptable. El problema es que al PNV y a sus conmilitones nacionalistas –originarios o neófitos- lo que les interesa es el sentido político y jurídico del término, del que deriva el derecho de libre determinación del pueblo soberano de Euskadi. Mendía ha presumido incluso de que el pacto PNV-PSE podría servir de guía para resolver la situación en Cataluña.

Documental de Arteta “Contra la impunidad”

            El documental de Iñaki Arteta “Contra la impunidad” está basado en el libro de Juanfer Calderón “Agujeros del Sistema: Más de 300 asesinatos de ETA sin resolver”. La cinta describe el fracaso policial, judicial, político y social que supone que más de 300 asesinatos cometidos por los esbirros etarras estén sin resolver y pronto se vean impiadosamente cubiertos por el manto de la prescripción. En la cinta, Joseba Arregui afirma que ”conviene que quede claro que hubo víctimas y verdugos, no vaya a ser que se termine imponiendo la posverdad de la lucha armada de los nobles gudaris contra la opresión del Estado represivo”. Esto es lo que pretenden –y están parcialmente consiguiendo- ETA y su entorno, así como parte de la sociedad vasca. Según Iñaki Gil, el cese definitivo de la violencia decretado por una ETA moribunda “abrió una ventana para conocer nuestro pasado más negro: un gran ejercicio de memoria histórica y reparación pendiente”. El vocablo “posverdad”  -“post-truth”- se ha puesto de moda. Es un neologismo aceptado por el Diccionario de Oxford, que lo define como “situación en que las emociones y creencias personales influyen más en la formación de la opinión pública que los hechos objetivos”. Para José Antonio Marina, ha sido un sempiterno mecanismo de manipulación política. Una falsedad que continúa siendo aceptada a sabiendas de que es una falsedad. Como ha expuesto gráficamente en “El Mundo” el caricaturista Ulises Culebro, “primero exigimos la verdad, pero nos la negaron y en su lugar nos dieron la posverdad…, que es una de las formas más bellas del auto-engaño”. Hace más de cuatro años publiqué en el diario digital “Vox Pópuli” un artículo titulado “Amnesia colectiva en el País Vasco”, que concluía con estas palabras: “Por mucho que desee implantar la normalidad en el país, la sociedad vasca no puede ignorar su inmediato pasado y sumirse en una amnesia inducida para eludir su parte de responsabilidad. Están sin aclarar 326 de los 858 asesinatos de ETA y puede que sus autores ocupen puestos institucionales. La reconciliación y el perdón son cualidades maravillosas, pero han de estar basados en el reconocimiento del daño causado, la voluntad de superar los enfrentamientos y el deseo de ser perdonados”. Poco más tengo que añadir hoy. Siento Patria tu aflicción…

lunes, 21 de noviembre de 2016

ELECCIONES USA: ¡Y EL GANADOR ES….VLADIMIR PUTIN!



            El pasado día 9 se produjo la temida noticia: Donald Trump fue elegido como 45º Presidente de Estados Unidos. Con una participación de  53% del electorado, Hillary  Clinton ganó las elecciones a nivel nacional  por 234.367 votos de diferencia: 59.942.630 (47,5%) frente a 59.707.667 (45.5%), distribuyéndose el 4.6% restante entre Gary Johnson –Partido Libertario-, Jill Stein –Partido Verde- y Evam McMullin –“Mejor para América”-. Sin embargo, Trump hizo honor a su apellido y triunfó al final, al conseguir mayor número de compromisarios -306 frente a 232-, ya que superó a Clinton en 7 de los “Estados-bisagra” -“swing States-”que se pronuncian  por el Partido Republicano o por el Demócrata según la coyuntura: Arizona, Carolina del Norte, Florida, Iowa, Ohio, Pensilvania y Virginia Occidental. Por grupos raciales, Trump ha conseguido el voto de 58% de los blancos -68% entre los hombres-, 29% de los hispanos y los asiáticos, y 8% de los afroamericanos, y Clinton el  37% de los primeros –especialmente mujeres-, 65% de los segundos –principalmente de los de origen cubano- y 88% de los terceros. Trump ha ganado en las zonas rurales y en las industrializadas en crisis, en el Sur profundo, en el centro del país y en el Medio Oeste, y Clinton en los Estados ribereños del Atlántico y del Pacífico, pero ha perdido algunos de sus feudos en el centro-este, como Pensilvania, Ohio o Michigan. Mientras uno ha conseguido movilizar a sus partidarios para que acudieran a votar, la otra no hizo lo propio, pues la participación de los afroamericanos disminuyó en un 8%, muchos  hispanos no acudieron a las urnas, las féminas no estuvieron a la alturas de las expectativas de Hillary y muchos jóvenes que había apoyado a Bernie Sanders en las primarias se abstuvieron o votaron a candidatos marginales.  Los republicanos han conseguido asimismo la mayoría absoluta en el Senado -53 senadores frente a 47- y en el Congreso -239 diputados frente a 193-. Todos los sondeos -que vaticinaban la victoria de Clinton- han fracasado estrepitosamente, por el pudor de muchos encuestados a declarar un apoyo a Trump considerado “políticamente incorrecto”. El único que ha acertado ha sido Allan Lichtman, que ha elaborado un modelo científico propio que le ha permitido acertar en sus pronósticos desde hace 32 años. Como en Gran Bretaña tras el referéndum sobre el “Brexit”, Estados Unidos  ha quedado escindida en dos mitades radicalmente enfrentadas: campo c/ ciudad, mayores c/menores, personas cultas c/ otras menos educadas, conservadores c/ renovadores…y –como rasgo peculiar estadounidense- blancos c/ minorías de piel más o menos morena.

Fracaso de Hillary Clinton

            Es muy difícil para un europeo hacer un juicio de valor sobre la política y las costumbres de Estados Unidos, y sobre la mentalidad y el comportamiento de sus habitantes, que, si en muchos aspectos son similares a los de Europa, en otros son totalmente distintos. De aquí que debamos ser prudentes al emitir nuestro veredicto. Cabe afirmar que, más que un éxito de Trump, ha sido un fracaso de Clinton, ya que aquél no ha sumado más votos que sus predecesores Mitt Romney y John McCain, mientras que ésta ha sacado bastante menos que Barack Obama. Hillary Rodham ha perdido una ocasión única para haberse convertido en la primera Presidenta norteamericana, cuando los hados estaban a su favor. Buena parte de culpa le corresponde a ella, porque –pese a sus múltiples cualidades- es una mujer fría, distante, ambiciosa y carente de empatía y carisma. Tenía además varios esqueletos en su armario: afinidades peligrosas con las grandes empresas, enriquecimiento rápido y dudoso, problemas de relación con su infiel esposo Bill, utilización irresponsable para sus correos electrónicos de un servidor privado en lugar del oficial en su época de Secretaria de Estado…. Otra parte de la culpa le es ajena  ya que  deriva de su impopularidad por aparecer como el arquetipo del “establishment”. La revista  “The New Yorker” llegó a publicar hace a años un artículo titulado “Odiar a Hillary”, en el que comentaba que se había puesto de moda “poner a caer de un burro” –y nunca mejor empleada la frase-a la que fuera primera dama, Senadora y Secretaria de Estado. No cabe la menor duda que, en cuanto a formación y experiencia, Hillary da ciento y raya a Donald, pero esta circunstancia –que debería haberla favorecido- ha surtido justamente el efecto contrario. Felipe Fernández-Armesto se ha mostrado sorprendido de que el pueblo estadounidense haya elegido para la más alta magistratura de la nación a una persona “vulgar”. A mí, sin embargo, no me ha sorprendido lo más mínimo. Nueva York, San Francisco y otras grandes urbes son partes excepcionales de Estados Unidos, pero el resto del país es bien distinto. En mi opinión, el pueblo norteamericano es en su mayoría –y lo digo con el debido respeto- vulgar y mediocre, desconfía de los intelectuales (“eggheads”) y del “establishment” político, económico y social, y le gusta estar representado por personas vulgares y mediocres como él. Prueba de ello es el fracaso electoral de ilustrados candidatos a la Presidencia como Hubert Humphrey, Adlai Stevenson, Georg McGovern, Mike Dukakis o Al Gore. Como anécdota significativa, puedo mencionar que, hace ya muchos años, me hice amigo en Liberia de un joven diplomático estadounidense que había estudiado en Oxford y en París, hablaba varios idiomas y era extremadamente culto. Un día le auguré un brillante porvenir en su carrera y me dijo que lo veía difícil, porque en su Ministerio le llamaban  “el europeo”, lo que no era precisamente un cumplido. Ha habido un tercer elemento que ha influido de forma decisiva en la derrota de Hillary: la turbia actuación del FBI. Clinton fue investigada por el uso indebido de servidor privado en su época de Secretaria de Estado, pero de la investigación se dedujo que no había cometido ningún delito, sino una mera imprudencia que no había puesto en riesgo la seguridad nacional .Esta reprimenda sirvió a Trump para atacar duramente a su contrincante e incluso la amenazó de encarcelarla si llegaba a ser Presidente. El 28 de Octubre -11 días antes de la celebración de las elecciones- el Director del FBI, James Comey -sin la autorización del Departamento de Justicia del que depende- envió una carta al Senado para informarle de que se habían encontrado nuevos correos enviados en su día por Cliton desde su servidor no oficial y –sin siquiera haber examinado su contenido- afirmó que parecían ser “pertinentes para la investigación”, lo que suministró munición letal a los republicanos para reanudar sus furibundos ataques contra la candidata. Nueve días más tarde -dos antes del día D-, Comey declaró que, tras el examen de los correos, se había llegado a la conclusión de que Clinton no había violado la ley. La aclaración llegaba demasiado tarde y no sirvió para que la agraviada recuperara el terreno perdido –“calumnia, que algo queda”-. Antes de esta maniobra del FBI, Clinton sacaba diez puntos de ventaja a Trump en las encuestas y, después de la filtración de las sospechas sobre una actuación ilegal, se llegó a un empate técnico. Según le acusó el Jefe de la minoría demócrata en el Senado, Harry Reid, Comey había violado la Ley Hatch de 1939, que prohíbe a los altos cargos del ejecutivo interferir en las elecciones e influir en sus resultados. No sé cuál ha podido ser la motivación de Comey y si ha actuado a instancias de alguien, pero “algo huele a podrido en el reino de Dinamarca”. Sin caer en psicosis conspirativas- cabe recordan las irregularidades de la época de Edgard Hoover, cuando el FBI era –y, al parecer, sigue siendo- un Estado dentro del Estado. Es obvio que este episodio ha perjudicado de forma considerable a Clinton y, tras la victoria de Trump, es harto improbable que se investigue la sospechosa e inexplicada conducta de Comey.
“Trump” significa triunfo

Trump es justamente lo contrario a Clinton: un “self-made man”, descendiente de inmigrantes, que con su trabajo e ingenio –y la ayuda de un padre moderadamente millonario- se ha hecho inmensamente rico. Pese a formar parte del “establishment” económico, ha tenido la habilidad de presentarse a la opinión pública como el látigo del corrupto “establishment” político, el “sheriff” de “Sólo ante el peligro”, que se opone en solitario y a cuerpo limpio a los malvados que abusan del poder. Se ha enfrentado con  sus adversarios y sus correligionarios, se ha lanzado a la palestra sin ningún programa, ha hecho declaraciones y promesas contradictorias e imposibles de cumplir, y ha realizado una campaña rabiosamente populista  plena de insultos y descalificaciones. Pese a ello y contra todo  pronóstico, ha logrado la investidura sin el apoyo del aparato del Partido Republicano e incluso con su oposición. “¡Chapeau!”.  Ha recibido entusiastas elogios y feroces críticas dentro y fuera del país. Así,, Paul Krugman ha dicho en “The New York Times” que tanto él como su periódico no entendían en qué país vivían. “Creíamos que nuestros ciudadanos no votarían a un candidato tan manifiestamente carente de calificaciones para tan alto puesto, tan temperamentalmente inestable y tan aterrador, a la par que ridículo. Pensábamos que la nación –pese a no haber superado plenamente el racismo y la misoginia- había llegado a ser más abierta y tolerante. Creíamos que la gran mayoría de los americanos valoraba las normas democráticas y el Estado de Derecho, y resulta que estamos equivocados”. Más duro aún,  ha sido el Director de la revista “The New Yorker”, David Remnick, que ha afirmado que la elección de Donald Trump es una tragedia para la República y para la Constitución, y un triunfo de las fuerzas del parroquialismo, el autoritarismo, la misoginia y el racismo. “Su chocante victoria y su acceso a la Presidencia constituyen  un acontecimiento repulsivo en la historia de Estados Unidos y de la democracia liberal”. Muchos males están por venir con “un Tribunal Supremo cada vez más reaccionario, un envalentonado Congreso controlado por la derecha y un Presidente que ha puesto reiteradamente de manifiesto su desprecio por la mujer y las minorías, las libertades cívicas y los hechos científicos, por no mencionar la simple decencia”. Trump es el epítome de la vulgaridad sin límites, un dirigente nacional ignorante que hará que se desplomen los mercados e inculcará temor en los corazones de los vulnerables y de los débiles- Que haya ganado esta elección es un golpe demoledor para el espíritu. Arrastrará al país a un período de incertidumbre económica, política y social inimaginable. El electorado, en su pluralidad, ha optado por vivir en un mundo de “vanidad, odio, arrogancia, mentira y temeridad”. El desdén de Trump por las normas democráticas “nos conducirá inevitablemente al declive y al sufrimiento”.

            En España tampoco han faltado las críticas aceradas. Arcadi Espada ha dicho que Trump es un agravio a la razón, a la democracia, al progreso, a la cultura y a la convivencia, pues es “un aventurero bravucón, sin más preparación que  su instinto, que ha hecho de la insensatez  su programa”. El daño que pueda hacer está por ver, pero “su tremenda victoria introduce un tóxico letal en las democracias”. Según Rafael Navarro-Valls, Trump ha sabido instrumentar el populismo y presentarse como su héroe, explotar las angustias subterráneas de los norteamericanos sobre la inmigración, el terrorismo o la economía, y encauzar los sentimientos contrarios a la dictadura de lo políticamente correcto. El desaforado cerco informativo y su demonización mediática  han tenido un efecto “boomerang” y lo han hecho aparecer como una víctima, lo que ha  provocado un sentimiento de solidaridad a su favor. Para Melitón Cardona, Trump es un hombre deslenguado e histriónico, carente de modales, pero que “ha demostrado tener un instinto político que le ha permitido conectar con el sentimiento de hastío de una mayoría de ciudadanos, que se consideran divorciados de una clase política asentada que no los representa”. Felipe Fernández-Armesto, ha señalado que los que soñaban con los beneficios de la democracia sufren ahora la pesadilla de una presidencia  peligrosa e impredecible. “Los ciudadanos han votado, no ya un inexistente programa coherente, sino una retórica ruidosa y vacía”. Desde la victoria del populista Andrew Jackson en 1829, Estados Unidos no había elegido como Presidente a un demagogo y el triunfo de Trump ha puesto en evidencia las carencias de la democracia norteamericana. Y concluía diciéndole con ironía: “Enhorabuena señor Trump. Ha conseguido Vd. que, desde hoy, miremos con desconfianza la democracia modélica del mundo”. Lo más grave es que no se trata de una elección cualquiera, sino –como ha observado Luis María Anson- de la elección del hombre más poderoso del mundo, que condiciona la economía mundial y maneja la fuerza militar más abrumadora de la tierra.

Política interior de Trump: Proteccionismo

               Aunque Trump carece de un programa estructurado y coherente, de sus declaraciones se pueden deducir dos rasgos fundamentales que inspirarán su futura política: el proteccionismo en el interior y el aislacionismo en el exterior. Pretende dar un giro de 180º a la política económica y exterior de Estados Unidos. En el plano interno, preconiza el proteccionismo y una limitación de la libertad de comercio, que pueden causar estragos en la economía global. Protegerá las empresas norteamericanas y tomará medidas para disuadirlas de que trasladen su producción al extranjero  –“obligaremos a Apple a fabricar sus malditos ordenadores en casa”-, subirá las tarifas arancelarias existentes y establecerá otras nuevas. Ha prometido denunciar el Tratado Transpacífico de Cooperación Económica, renegociar el Tratado de Libre Comercio con Canadá y Méjico (NAFTA) y otros acuerdos comerciales para mejorar los intereses de Estados Unidos, ralentizar el Tratado Trasatlántico de Libertad de Comercio (TTIP) y luchar contra el “dumping” de China, lo que podría desencadenar una guerra comercial con un país que posee la mayor parte de la deuda norteamericana. Desmontará las restricciones impuestas a Wall Street tras la crisis de las hipotecas-basura, bajará los impuestos a las rentas más altas, potenciará las energías de origen petrolífero en detrimento de las renovables, y mejorará las infraestructuras del país. Suprimirá o reducirá las medidas adoptadas para lucha contra el cambio climático, que considera un mito o un “cuento chino” – “el concepto de calentamiento global fue inventado por los chinos para lograr que la industria norteamericana no sea competitiva”-, como se puede deducir del anunciado nombramiento como Director de la Agencia para la Protección del Medio Ambiente de Myron Ebell, que estuvo en contra a la firma del Convenio de París sobre el Cambio Climático. Ha fomentado el odio racial al convertir a los inmigrantes en los chivos expiatorios de los males del país y se ha comprometido a expulsar a corto plazo a dos millones de inmigrantes condenados por la justicia y, a medio plazo, a otros 11 millones, así como a levantar una “muralla de la vergüenza” en la frontera con Méjico. Habría que recodarle lo que dijo un tal John F. Kennedy en Berlín.  “Ich bin ein Mexicaner”.  Piensa derogar la reforma sanitaria de Obama, lo que supondrá la pérdida de la cobertura médica de 20 millones de ciudadanos, que no disponen de recursos para abonar un seguro. En una palabra, tratará de desarbolar la política seguida por la anterior Administración demócrata y de cambiar en 100 días el país de arriba abajo “para devolver a América su grandeza”.

Política exterior de Trump: Aislacionismo
             Lo que ocurra en el plano interno no me importa demasiado, porque el pueblo soberano norteamericano ha elegido libre y democráticamente a su Presidente y debe atenerse a las consecuencias. Cabría decirles que “con su pan se lo coman” y observar que “sarna con gusto no pica”. Cuestión bien distinta es el ámbito externo que es mucho más preocupante, ya que afecta al futuro del mundo, de Europa y de España. No es fácil adivinar cuál va a ser la política exterior de Trump dadas su total inexperiencia en la materia y su imprevisibilidad. No obstante, hay -como ha señalado Jeremy Shapiro- una cierta consistencia en su inconsistencia. Como consecuencia de su actitud  ultranacionalista y neo- aislacionista  –“América para los [norte]americanos”-,   priorizará los intereses de Estados Unidos sobre los de cualquier alianza, por lo que podría verse cuestionada su tradicional relación trasatlántica con la OTAN y la UE. Ha expresado un deseo genérico de “mantener buenas relaciones con todos los países”, pasando por alto que es el líder de la Alianza occidental. Se ha quejado de que su país paga el 73% de los gastos de la OTAN y ha manifestado que no seguirá financiándola si los demás Estados miembros no aumentan su contribución económica. Se niega a ser el “gendarme del mundo” y a “proteger a países que no paguen nuestros servicios”. Los europeos deberán, pues, pagar por su seguridad militar, porque  -como ha señalado Raúl del Pozo- “las legiones imperiales sólo ayudarán a Europa si son alquiladas como mercenarias”. Se ha inclinado por reducir su grado de compromiso para garantizar la seguridad de los países vecinos de Rusia, con la que parece dispuesto a ser más tolerante y a olvidar sus tropelías en Crimea, Ucrania o Georgia. No es de extrañar que Vladimir Putin esté exultante y haya sido uno de los primeros en felicitarle por su elección, y haya declarado que “un diálogo entre Rusia y Estados Unidos responde a los intereses de los dos países”.  Trump  admira a Putin y éste se aprovecha de ello. Se “han dado el pico” durante la campaña electoral e intercambiado elogiosos mensajes: ”Trump es una persona brillante y con talento, y el líder absoluto de l campaña presidencial” -dijo uno- y “Putin es un gran hombre, muy respetado en su propio país y fuera de él” –replicó el otro.  Harry Reid le ha echado en cara sus estrechos vínculos  “con una potencia extranjera abiertamente hostil a Estados Unidos, a la que elogia cada vez que tiene oportunidad”. La intención de Trump de disminuir la presencia norteamericana  en Europa debilitaría la OTAN y facilitaría que Rusia reforzara su presencia en el flanco oriental. De ahí que el Secretario General de la Alianza, Jens Stoltenberg, se haya apresurado a afirmar que “el liderazgo de Estados Unidos es más necesario que nunca”.

            Siguiendo su trayectoria aislacionista, Trump pretende reducir asimismo su presencia en el Medio Oriente. Ha hecho gala de una actitud antimusulmana militante – prohibición a los musulmanes de acceder al país- y expresado su intención de liquidar por la fuerza al Estado Islámico, para lo que considera conveniente tener buenas relaciones con Rusia y con el Presidente sirio Bachar al-Asad. Se ha opuesto al Acuerdo nuclear con Irán inspirado por Obama, por lo que la eventual retirada de Estados Unidos del mismo tendría consecuencias negativas para el proceso de estabilización de la región. Latino-América no figura entre las prioridades de la política exterior de Trump, si bien su actitud hacia los inmigrantes –restricciones, expulsiones y construcción de una muralla en la frontera sur- va a afectar muy adversamente a Méjico, donde los efectos de su elección ya se han hecho sentir con el desplome del valor del peso. Respecto a Cuba, aunque se había mostrado favorable a la  normalización de las relaciones, la necesidad del voto de los cubano-americanos le hizo cambiar de opinión, por lo que es posible que se congele el deshielo y mantenga el embargo.

Consolidación, exaltación y difusión del populismo
           Uno de los efectos colaterales del “trumpazo” ha sido la consolidación de un populismo de la peor especie. El propio Trump había manifestado que su elección iba a ser un “Brexit plus” y ha recibido el apoyo incondicional del euroescéptico  inglés Nigel Farage, que ha afirmado que el futuro Presidente odia más a la UE que él. Como ha observado Wolfgang Shäuble, “el populismo demagogo no sólo existe en Estados Unidos” y es de temer que el éxito de Trump refuerce a los movimientos populistas en Italia (Cinco Estrellas), Países Bajos (Partido por la Libertad), Francia (Frente Nacional) y Alemania (Alternativa), y cause las derrotas de Matteo Renzi, Mark Rutte, François Hollande y Angela Merkel. Curiosamente, el populismo anida en la derecha en la Europa del Norte (Países Bajos, Francia, Alemania) y en la izquierda en la del Sur (Grecia, Italia, España). Albert Rivera ha comparado a Trump con Podemos, Siyriza y el Frente Nacional, porque “comparten un discurso en el que triunfan el proteccionismo y el egoísmo frente a la libertad y a la sociedad abierta…Los populismos, sean de extrema derecha o de extrema izquierda, se tocan”. Pablo Iglesias ha reaccionado con vehemencia –“el que se pica, ajos come”- negando cualquier parecido con Trump y calificado a Rivera de “cuñadismo de extremo centro” y de ser “la mascota de Mariano Rajoy, a mitad de camino entre la ignorancia y la poca vergüenza”. Según Rosa Díez, hay millones de ciudadanos en el mundo que están dispuestos a apostar con su voto por el modelo de sociedad que defienden Trump y el resto de los populistas de uno y otro lado del Atlántico, y optan por una anti-política que supone negación de la democracia.

           El Partido Republicano va a dominar por completo la vida política de Estados Unidos, pues controla el poder ejecutivo, el legislativo –Congreso y Senado- y el judicial, ya que podrá nombrar jueces conservadores que rompan el equilibrio existente en el Tribunal Supremo. Pero –como ha observado Luis María Ansón- el mando real no corresponde sólo al Presidente, sino también al Pentágono, a los Servicios de Inteligencia y al entramado financiero. Existen además una serie de contrapesos para frenar al poder ejecutivo  y muchos miembros del legislativo –incluidos algunos  republicanos- no están de acuerdo con los postulados populistas de Trump, quien –tras haberse enfrentado a los dirigentes y la estructura de su partido- puede encontrar a la criada respondona. Ya vendrá el Tío Sam con la rebaja y Trump tendrá que tragarse muchas de sus promesas. El populismo deberá dejar paso a la “Realpolitik”. Ha moderado  su lenguaje para ofrecer una mejor imagen mediante su  discurso de aceptación del cargo y con su entrevista con el Presidente Obama. En el primero, se ha mostrado constructivo y tranquilizador, diciendo que será el Presidente de todos los estadounidenses y haciendo un llamamiento para restañar las divisiones y recuperar la unidad del país; con la segunda, ha dado señas de normalidad institucional y de continuidad en la gobernación. Habrá que ver de qué equipo se rodea, pues –según Navarro-Valls- un Presidente sin buenos consejeros es como una tortuga boca arriba, que puede moverse mucho pero no llegará a ninguna parte. Al acceder al Gobierno, los indignados de ayer  se suelen convertir en los moderados de hoy. El mayor error que puede cometer Trump sería dejarle el campo libre a Rusia con la debilitación de la OTAN y un repliegue apresurado de Europa por mor del aislacionismo. Como el Gato de Cheshire en “Alicia”, el viejo zorro de Putin se relame los bigotes y afila las uñas para atrapar los incautos ratones de su entorno. La OTAN debe superar su crisis y la UE impulsar el paralizado proceso de integración, aprovechando el sentimiento de temor que las eventuales decisiones de Trump causarán en los hasta ahora reticentes Estados de Europa Oriental, más atlantistas que comunitarios.


Madrid, 13 de Noviembre de 2016