domingo, 28 de julio de 2019

Doble estándar de la Comunidad Internacional hacia Irán


DOBLE ESTÁNDAR DE LA COMUNIDAD INTERNACIONAL HACIA IRÁN

La autocracia chiita de Irán no es santo de mi devoción, entre otras razones porque, durante mi época de Embajador en Irak en 1985, sufrí en carne propia las consecuencias de sus  misiles sobre Bagdad. Uno de ellos cayó cerca del Instituto Hispano-Árabe de Cultura, si bien por fortuna sólo produjo daños materiales. Sin embargo, tengo que reconocer que la  Comunidad Internacional ha tratado –y sigue tratando- a Irán de forma discriminatoria y ha aplica un doble estándar en la apreciación de su conducta interna e internacional.

Doble estándar aplicado a Irán en materia nuclear

Pese a ser parte en el Tratado de No Proliferación y aceptar las inspecciones del Organismo Internacional de la Energía Atómica –incluidos los no forzosos previstos en un Protocolo complementario-, Irán ha sido tratado peor que otros Estados nucleares –como Israel, India, Pakistán e, incluso, Corea del Norte-, que ni son parte en el TNP, ni aceptan inspección internacional alguna. Irán tiene derecho a desarrollar su industria nuclear con fines pacíficos y a enriquecer el uranio que estime necesario para dicho desarrollo.

Cuestión distinta sería que con ello el Gobierno iraní pretendiera fabricar bombas  atómicas. La Comunidad Internacional no estaba dispuesta a que tal cosa sucediera y ejerció una gran presión sobre Irán, a diferencia de la actitud abstencionista y tolerante que permitió la adquisición de armamento nuclear por parte de Francia, China, Israel, India , Pakistán y –probablemente- Corea del Norte. Cuando el Gobierno iraní inició el proceso de enriquecimiento de uranio al que estaba legítimamente autorizado, recibió la condena del Consejo de Seguridad de  la ONU, y Estados Unidos y varios países de la UE le impusieron sanciones económicas. El Presidente moderado Mohamed Jatami suspendió el programa nuclear en 2004, pero, un año después, el radical Mahmud Ahmadineyad lo reanudó e intensificó, lo que provocó una renovación de las sanciones económicas, incluido el embargo de petróleo. El Secretario norteamericano de Defensa, León Panetta, anunció que Irán podría disponer de la bomba atómica el año 2012.

Las cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad –China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia- más Alemania iniciaron -con la ayuda de la UE- negociaciones con Irán, que se plasmaron en la adopción en Lausana, en Abril de 2005, de un Acuerdo preliminar para disminuir el enriquecimiento de uranio por parte de Irán, y el Acuerdo definitivo se firmó unos meses después en Viena. Irán se comprometía a restringir su programa nuclear –bajo estricto control del OIEA-, y a desconectar dos tercios de sus centrifugadores, exportar el 98% de su uranio enriquecido –especialmente a Rusia- y cegar con cemento su principal reactor de plutonio. En contrapartida, Estados Unidos y la UE levantarían gradualmente las sanciones económica y de cualquier otro tipo que se habían impuesto a Irán. La Comunidad Internacional acogió favorablemente un Acuerdo que permitía frenar las veleidades nucleares de carácter militar de Irán y propiciaba un deshielo de las relaciones de este país con Occidente. El Presidente Barack Obama ensalzó el tratado y la única nota discordante la dio el primer Ministro israelita, Benjamín Netanyahu, que afirmó que “Israel no aceptará un Acuerdo que permite que un país que quiere aniquilarnos desarrolle armas nucleares”.

Política de Donald Trump en contra de Irán

Tras su elección a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump siguió la política de George Bush Jr. y situó a Irán en el eje del mal. En su primera gira por Oriente Próximo, alentó a Israel y a Arabia Saudita a formar una alianza para luchar contra el terrorismo del Daesh y contra Irán, cuyo Gobierno era responsable de gran parte de la inestabilidad que vivía la región y que proporcionaba a los terroristas un puerto seguro, respaldo financiero y la coyuntura social necesaria para el reclutamiento. ”Del Líbano a Irak o Yemen, Irán financia armas y entrena terroristas, milicias y otros grupos extremistas que provocan la destrucción y el caos en la región. Durante décadas, Irán ha alimentado las llamas del conflicto sectario y el terror. Es un Gobierno que habla abiertamente de los asesinatos en masa y que promete la destrucción de Israel y la muerte de América”. Criticó el Acuerdo nuclear con Irán,  amenazó con retirar a Estados Unidos del mismo y se jacto de que, con él, Irán jamás tendría armamento nuclear. Netanyahu denunció en la ONU que el Gobierno iraní tenía un plan nuclear secreto, sin aportar prueba alguna y en contra de los informes de los inspectores del OIEA, que dejaban constancia de que cumplía fielmente con los compromisos asumidos.

En Enero de 2018, Trump dio un ultimátum a los co-signatarios del Acuerdo para que corrigieran sus defectos e incluyeran en él nuevas cláusulas relativas a la capacidad nuclear de Irán y a su programa de misiles balísticos, que nada tenía que ver con el tratado. Con su provocadora verborrea habitual, Trump señaló que “aquellos que por cualquier razón decidan no trabajar con nosotros, estarán del lado de las ambiciones nucleares del régimen iraní y en contra de la gente de Irán y de las naciones pacificas del mundo”. Cuando la UE, Rusia y China se negaron a aceptar este “diktat”, Estados Unidos denunció el Acuerdo, volvió a aplicar duras sanciones a Irán y anunció represalias contra las empresas que comerciaran con dicho país . El Gobierno iraní pidió a los demás Estados Parte que compensaran de alguna manera los enormes perjuicios económicos que le estaban causando el boicot norteamericano, pero éstos -aunque siguieron respetando sus compromisos de conformidad con el Acuerdo- fueron incapaces o carecieron de la voluntad política suficiente para hacerlo. En consecuencia y tras varias advertencias, el Gobierno iraní se desentendió de sus compromisos y aumento el enriquecimiento de uranio por encima de los límites establecidos.

            Trump entró como un ciclón tropical en la sensible área del Oriente Medio y rompió el precario equilibrio existente en el conflicto israelo-palestino, al trasladar su embajada de Tel-Aviv a Jerusalén, abandonar la tesis generalmente aceptada de la coexistencia de dos Estados con una capital compartida, y retirar su ayuda a la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNWRA). Asimismo desequilibró la frágil balanza existente en la hegemonía en la región del Golfo entre Irán y Arabia Saudita, y se inclinó por ésta de forma incondicional.

Las inexactas y simplistas descalificaciones de Irán por parte de Trump podían tener una cierta explicación en el pasado, pero carecen de cualquier justificaión en el presente. Una vez derrocado el Sha, Reza Pahlevi, el Ayatollah Rahollah Jomeini instauró un Estado teocrático en Irán, dando un salto atrás en el túnel de la Historia, y trató de exportar de fuerza el chiismo a otros países de la región donde había mayorías –Irak, Bahrein- o minorías chiitas –Siria, Líbano, Arabia Saudita-, lo que provocó la cruenta guerra con Irak entre 1980 y 1988, y prestó apoyo a la Siria de Bashar al-Assad y a las milicias de Hizbollah en Líbano o de Hamad en Palestina. Como no cabe mantenerse una revolución de forma permanente, el ardor revolucionario fue disminuyendo hacia el exterior, al tiempo que se intensificaba hacia el interior con la imposición de un severo régimen de control de los ciudadanos por parte de los Ayatollahs y los Guardianes de la Revolución, ajeno a los derechos humanos y las libertades fundamentales. Aún así, el régimen se ha ido abriendo discreta y paulatinamente hacia el establecimiento de un Estado de Derecho, con una ciudadanía basada en una clase media educada, que goza de derechos desconocidos en los Estados vecinos del Golfo, especialmente en Arabia Saudita. La actitud de Estados Unidos está dando la razón y argumentos a los radicales y obstaculizando la labor de los aperturistas, que recibieron con júbilo la firma del Acuerdo nuclear y el inicio de la normalización de las relaciones con Occidente, y ahora se sienten abandonados.

Apoyo incondicional de Trump a Arabia Saudita

            El duelo entre Irán y Arabia Saudita, aunque tiene un trasfondo religioso –el primero es líder del chiismo y la segunda del sunismo-es fundamentalmente político: la lucha por la hegemonía en la región del Golfo, en la que, en el tradicional enfrentamiento entre árabes –Irak- y persas –Irán-, Arabia Saudita ha sustituido en el liderazgo del sunismo a un Irak que –tras la traumática guerra civil- ha pasado a ser gobernada por el chiismo.   

            Resulta comprensible que Estados Unidos –que siempre ha estado del lado de Israel, aunque en ocasiones haya tratado de disimularlo y aparentado adoptar una actitud neutral entre judíos y palestinos- se haya inclinado de forma incondicional de la mano de Trump en favor de aquéllos. El “lobby” judío en Norteamérica es potentísimo y condiciona incluso la política interior del país. Israel es el único Estado democrático de la región y el más seguro y fiel aliado con el que cuenta Estados Unidos, y se muestra como la “víctima” de la agresividad de los países árabes y musulmanes, ya que ha sido atacado en diversas ocasiones  y continúa formalmente en guerra con algunos de ellos, no ha sido reconocido como Estado, y está amenazado de aniquilación –entre otros por Irán-. Por ello, la Comunidad Internacional le tolera todas sus tropelias y continuas violaciones del Derecho Internacional –especialmente con la ocupación ilegal de territorios palestinos o sirios, la instalación de colonos y la expulsión de los naturales de dichos territorios y la expro`piación de sus propiedades-, porque goza de la protección incondicional del Gran Hermano. En el tema nuclear, Israel no es Parte en el TNP, no admite explícitamente que sea una potencia atómica y se niega a que los técnicos del OIEA hagan inspección alguna de sus instalaciones nucleares.

            No cabe decir lo mismo de Arabia Saudita el otro gran aliado de Estados Unidos en la región. Se trata un país feudal, autocrático y socialmente regresivo, que tiene el Corán como Constitución y la “Sharía” como ley civil y penal. Está regido por un monarca absoluto, Defensor de los Creyentes y del “wahadismo”, la versión más retrógrada e intolerante del Islam, que hace especial hincapié en la “yihad” contra el infiel. La monarquía saudita –tradicional aliada de Occidente- apoya política y financieramente los movimientos integristas radicales –incluidos los terroristas- y ha exportado el fundamentalismo wahabita a Afganistán, Pakistán, Irak y los países y regiones musulmanes de la antigua URSS. Ha facilitado dinero y personal a sus escuelas coránicas –“madrasas”-, en las que se lava el cerebro a los alumnos, se les inculca el odio al cristianismo y a la cultura occidental, se  promociona el fundamentalismo integrista, se relativiza el valor de la vida y se ensalza la inmolación suicida. No permite la libertad de religión y de culto y, a pesar de contar con una población de unos 800.000 cristianos –en su mayoría trabajadores procedentes de Filipinas y de India- no autoriza ni una sola iglesia en el país, mientras exige libertad de culto para los musulmanes en Occidente y su derecho a construir templos. Los Gobiernos occidentales consienten este doble estándar, porque  –parafraseando a Francisco de Quevedo- “poderoso caballero es Don Petróleo”.

Arabia Saudita es uno de los países más retrógrados y corruptos del mundo, que promociona el integrismo, el fundamentalismo, la xenofobia y la expansión de las distintas formas de “talibanismo”. La mujer carece de los más elementales derechos y la aplicación de las leyes coránicas permite la tortura, la mutilación, la ejecución de los de los que abjuren del Islam y de menores de edad y la prisión de los homoxesuales. Para hacerse perdonar sus muchos pecados, la monarquía de los Saúd suele recurrir a la “diplomacia de la chequera” y se ofrece a financiar cualquier organización o movimiento pretendidamente islámico, incluidos grupos terroristas, como el caso de “ “Al Qaeda”. Éste impresentable Estado –que ha pasado sin solución de continuidad del camello al Masserati, de la jaima al rascacielos, y del papiro a la tecnología 5-G, pero que sigue comportándose como si viviera en la época de Mahoma- es el campeón de Estados Unidos en el Golfo y el líder de la alianza occidental contra el terrorismo. ¡Que Alá nos pille confesados!.

Violación de la libertad de tránsito en los estrechos de Gibraltar y de Ormuz

            La última fechoría cometida por Irán ha sido el apresamiento el pasado 19 de Julio dentro de sus aguas jurisdiccionales en el estrecho de Ormuz, del petrolero británico “Stena Impero”, que ha llevado a la Comunidad Internacional a rasgarse las vestiduras y a condenar sin paliativos la acción iraní. El diario “El Mundo” ha afirmado que la República Islámica parece decidida a estirar la cuerda en una desesperada estrategia de “cuanto peor, mejor”, porque desde hace semana trata de chantajear al mundo con el bloqueo del estratégico estrecho de Ormuz, por el que circula cada día un tercio del petróleo mundial, para forzar a las potencias occidentales a adoptar medidas que suavicen las sanciones que le aplica Estados Unidos tras denunciar el Acuerdo nuclear y que están estrangulando su economía. Irán ha apresado el buque como represalia por la retención realizada el 4 de ese mes por el Reino Unido en el estrecho de Gibraltar del petrolero iraní “Gracee-1” -en coordinación con  Estados Unidos-, por llevar presuntamente crudo a Siria en violación de las sanciones impuestas por la UE a este país. Concluía el periódico su editorial expresando su confianza en  que la Comunidad Internacional “sea capaz de hacer ver a Irán que no tiene nada que ganar y sí mucho que perder por el chantaje y la fuerza”.

            La acción de “apresar” un buque en el estrecho de Ormuz por las autoridades iraníes es ilegal, pero cuenta con el atenuante de que supone una represalia contra el acto asimismo ilegal de las autoridades británicas de “retener” otro buque en el estrecho de Gibraltar. De conformidad con el artículo 38 de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982 –precisamente derivado de una propuesta del Reino Unido-, los buques gozan del derecho de paso en tránsito por los estrechos utilizados para la navegación internacional entre una parte del alta mar o una zona económica exclusiva y otra parte del alta mar o de una ZEE, paso que no podrá ser obstaculizado ni interrumpido  por el Estado ribereño. Tal es el caso que se ha producido tanto en el estrecho de Ormuz como en el de Gibraltar. Aún cuando el hecho que provocó el apresamiento del “Stena Impero” fuera legal –el Gobierno iraní ha alegado que el petrolero violó las reglas de navegación en el estrecho, colisionó con un pesquero y no respondió a las advertencias de las autoridades marítimas-, la detención del buque y la retención del mismo y de sus tripulantes en el puerto de Bandar Abbas son ilegales. Pero lo mismo cabe decir del apresamiento y retención del “Grace-1” y su tripulación en Gibraltar, con el añadido de que el motivo alegado por el Gobierno británico es de dudosa legalidad, ya que las sanciones impuestas por la UE a Irán que justificaron la acción no fueron aprobadas por el Consejo de Seguridad.

            La Comunidad Internacional condonó el apresamiento del primero por considerarla “legal”, mientras condenó la del segundo por calificarla de “ilegal”, recurriendo una vez más al doble estándar en relación con Irán. Francia, Alemania y la UE se han solidarizado con Gran Bretaña y solicitado al Gobierno de Teherán que ponga fin a la “captura ilegal” del “Stena Impero”. Estados Unidos ha enviado un contingente de unos 500 soldados a Arabia Saudita como elemento disuasorio adicional para garantizar “la capacidad de defender a nuestras fuerzas en la región de amenazas crecientes y creíbles” –según un comunicado del Comando Central norteamericano-, y propuesto a sus aliados el envío de una flota conjunta para  velar por la libertad de navegación por el estrecho de Ormuz. Es cierto que últimamente se han producido algunos incidentes con la colocación de minas en algunos petroleros en tránsito por el estrecho de Ormuz, acciones de las que Estados Unidos ha acusado a Irán sin aportar las debidas pruebas, pero resulta exagerado hablar de bloqueo iraní del citado estrecho por el que pasan a diario cientos de buques –incluidos quince con pabellón británico- cuando sólo se ha detenido a uno.

            En una situación de interinidad en el Reino Unido con el tránsito del Gobierno de Teresa May al de Boris Johnson, el entonces Ministro de Asuntos Exteriores y último contendiente de Johnson por la jefatura del Gobierno, Jeremy Hunt, reaccionó con moderación, al afirmar que su Gobierno no contemplaba opciones militares, sino acciones diplomáticas para solucionar el conflicto, pero “es esencial que se mantenga la libertad de navegación y que todas las embarcaciones puedan moverse con seguridad”. Parece ser que el ya ex-Ministro –al que Johsnon ha apartado de su flamante Gobierno- estaba más preocupado por la libertad de tránsito por el estrecho de Ormuz que por el de Gibraltar. En su errática y provocativa política exterior, Trump ordenó despegar a sus aviones de combate para bombardear Irán a raíz del derribo de un avión no tripulado que violó el espacio aéreo iraní, pero poco después canceló la operación para evitar –con su conocida generosidad- que se produjeran víctimas inocentes. El Presidente norteamericano está determinado a liquidar el régimen iraní mediante sanciones económica, presiones políticas e incluso acciones militares, y a promover el liderazgo saudita en la región. Está por ver si Jonhnson, el “Trump británico” –Trump “dixit”- se alineará con la actitud belicosa de su alma gemela en el acoso a Irán.o seguirá la línea prudente de Hunt de respaldar la política de la UE der mantener en vigor el Acuerdo nuclear y dar oportunidad al Gobierno iraní para que vuelva a cumplir con sus compromisos internacionales.

            La actitud de Estados Unidos legitimaría las ambiciones del sector duro del Gobierno iraní de dotarse de armas nucleares, porque demostraría que sólo son vulnerables y pueden ser atacados los Estados que carecen de armamento nuclear, como se ha puesto de manifiesto con Corea del Norte. Gran Bretaña y los países de la UE deberían, por el contrario, apoyar a Hasan Rohani y al sector moderado del Gobierno y de la sociedad de Irán, para que éste adopte una actitud más cooperadora en Siria, Líbano, Yemen o Palestina, y normalice sus relaciones con el mundo democrático. Deberán asimismo ser más objetivos en sus apreciaciones y evitar aplicar un doble estándar a Irán en la evaluación de su política.

Madrid, 27 de Julio de 2019

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